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‘Hakan, el protector’, increíble pero cierto. 4ª Temporada

Qué no podía ir la cosa a peor era una esperanza vana de esas que a veces te acompañan en la vida. Con la serie turca ‘Hakan el protector’ la decepción ha sido mayúscula y el guantazo de realidad tras un largo recorrido de cuatro temporadas cuesta abajo y sin frenos, ha sido, como imaginareis bastante grande.

Seguro que muchos pensaréis, sí lo veías venir, para que sigues, pues por lo mismo de siempre, porque piensas que ya a peor no iba a ir la cosa.

Cuando la serie se estrenó allá por el diciembre de 2018, su premisa y factura me parecieron interesantísimas. Netflix, nos seguía ayudando a expandir nuestras fronteras. Lejos iba a quedar ya eso de solo poder ver americanadas, algo francés o alemán de cuando en cuando, y por supuesto nuestras siempre tan preciadas producciones nacionales.

Hakan es un joven comerciante turco cuyo mundo se pone patas arriba cuando se entera de que está conectado a una orden antigua y secreta encargada de proteger Estambul. Hakan está muy lejos de ser un héroe, solo es un chico común en una ciudad donde Oriente se encuentra con Occidente y el pasado se encuentra con el presente. Pero Hakan pronto aprenderá que su ciudad natal está bajo la amenaza de los misteriosos y místicos Inmortales, y que su trabajo es detenerlos. Una tarea para la que quizá no está preparado ¿Cumplirá su destino como el último protector?

La primera serie original de Netflix de factura turca nos iba a permitir recorrer las calles de la exótica Estambul, un sueño hecho realidad. Cuando la vimos anunciada y se presentó ante nosotros una serie de trama fantástica con un hilo conductor potente, no entrabamos en nosotros de gozo.

Poco me duró, la verdad, pero aún así la primera y segundas temporadas se podían ver, disfrutar e incluso devorar si eras capaz de pasar por alto los deslices interpretativos de algunos de sus personajes y el muy a veces cogido por pinzas guion.

Lo que nunca he soportado de la serie es ese machismo inherente que lleva consigo en cada minuto de metraje, y eso que sus personajes femeninos tienen presencia y fuerza en pantalla, pero siempre, siempre, se ven movidas a la acción para complacer, salvar o seguir las órdenes de un personaje masculino.

La cuarta temporada es ya el culmen del desastre. Lo que captaba nuestra atención, que no era ni más ni menos que una batalla por salvaguardar una ciudad milenaria de caer en las garras de la oscuridad, pasa a ser una amalgama de visitas a la Edad Media gracias a un objeto mágico, que permite al héroe arreglar el desaguisado que había dejado en la tercera temporada.

Eso sí, aquí los guionistas no parecen conocer a la puta mariposa esa de la que tanto habla nuestro siempre sabio Salvador Martí en ‘El ministerio del tiempo’. Hakan, el protagonista de la serie, se planta en 1500 en el cuerpo de su ancestro, habla con quien tiene a bien, por supuesto con lenguaje del siglo XXI y cambia las relaciones personales del personaje al que está suplantando, y aquí no pasa nada.

Vamos a ver, señores guionistas, si quieren abrir la caja de Pandora (lo que viene siendo en el mundo de las series lo de jugar con universos paralelos y demás) vamos a hacerlo con una miaja de ojo. Tampoco pedimos mucho, solo algo de coherencia, por eso de no insultar la inteligencia del espectador, más que nada.

Aún así tengo que decir que volvería a ver ese primer episodio si me borrasen la memoria, igual que volvería a imaginar la infinidad de posibilidades que había en Zeynep, un personaje que bien podría haber llevado la serie a otro nivel.

Pero deberemos seguir esperando, aunque espero que no mucho tiempo, a que personajes tan vulnerables como fuertes, tridimensionales e incluso, soñaremos que humanos, puedan encontrar un hueco en las producciones turcas.

Tráiler

¿Pasa el corte?
Overall
2.1
  • Originalidad
  • Guion
  • Interpretaciones
  • Banda Sonora
  • Edición y montaje
  • Fotografía
Sending
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Puntos fuertes

  • Los paseos por Estambul
  • Lo que podría haber sido
Historiadora del Arte. Cinéfila y seriéfila 24/7. Mis perdiciones, las películas de Clint Eastwood y las series policíacas.

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