Crítica de ‘Synchronicity’ (2015, Jacob Gentry)

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Título original:
Synchronicity

Año: 2015 (Estados Unidos)

Duración: 101 min.

Director: Jacob Gentry

Reparto: Chad McKnight, Brianne Davis, AJ Bowen, Scott Poythress, Michael Ironside, Claire Bronson, Ashley Drayton, Derek Ryan Duke, Sergine Dumais, Elle Sunkara, Erik Thirsk

Guión: Jacob Gentry, Alex Orr

Fotografía: Eric Maddison

Música: Ben Lovett

Género: Ciencia Ficción

Sinopsis: Cuando el físico Jim Beale inventa una máquina que puede doblar el espacio-tiempo, una rara dalia aparece desde el futuro. Ahora debe encontrar la coincidencia idéntica de la flor en el presente para demostrar que su máquina funciona. Jim pronto descubre que la dalia se encuentra en manos de una misteriosa mujer, que lo seduce para que revele sus secretos. Convencido de que ha caído presa de una mujer fatal que trata de robar su invento, Jim viaja en el tiempo para detener su traición antes de que suceda. Pero una vez en el pasado, Jim descubre una sorprendente verdad acerca de la máquina, la joven, y su propia realidad.

Crítica de ‘Synchronicity’

por Lourdes Lulú Lou

“Regresiones personales, sin excesivo convencimiento”

Se lía mucho con su propia teoría, mal que padecen muchas películas de este género pues, a base de enfrascarse una y otra vez, complicando la cosa para que ésta resulte interesante, logran lo contrario, una respuesta pobre y exigua, llena de lagunas y cuyos hechos están llenos de incoherencia escrita.
Pero parece que de igual, que no haya que pensar tanto en su noria temporal pues, es marear la cabeza con una pérdida de sentido ante tanto viaje espacial; que si el presente, el futuro o el pasado desde éste, que si el original o el suplantado, que si se arregla el asunto o sigue quebrado y pendiente de la nueva venida, de la que ya no sabes dónde empieza ni cuándo termina.
Físico de grandes aspiraciones altruistas, por mejorar el mundo, pone en práctica su experimento para acabar siendo su propio conejito de indias e intentar, que la cita de la chica de sus sueños, se convierta en algo sólido y eterno; un desvío, de científico próspero a enamorado desesperado, cuya locura le hará arrastrarse a escondidas de su doble, para arreglar la ignorancia del virginal usuario.
Un argumento que no aporta nada nuevo ni exclusivo pues, a estas alturas, hasta el más negado en ciencia ficción sabe que dos cuerpos iguales no pueden compartir espacio/tiempo, pues supondría su aniquilación, y tampoco es que el planteamiento de los universos paralelos, así como la posibilidad de saltos temporales entre ellos, vaya a asombrar a nadie dado el elenco de cintas que hace tiempo, valga la redundancia repetitiva, juegan a ello.
Por tanto queda un argumento medio, que cumple razonablemente con los puntos clásicos de su migración a espacios adyacentes, con un protagonista falto de carisma y atractivo para suplir los embrollos narrativos en los que cae el guión, en su intento inútil de propulsión arrogante, nada fructífera -y que, aún así, cumple con la tarea encomendada-, y un escenario poco lúcido/menos lucido, que no levanta gran interrogante, aunque si mantiene ese mínimo para que te preguntes qué pasa, qué trata de contarte y por dónde saldrá para desenredar su malla circular, de regresión incesante.
“El tiempo es nuestra verdadera moneda” y Jacob Gentry abusa del juego manipulador que aporta el susodicho, para terciar por un romance épico como sentido de todo el propósito que roza, conforme avanza en minutos, el despropósito; espacios cerrados, atmósfera lúgubre, decoración de antaño, para una incursión en pasado vivido desde el presente, que aparca la lumbrera visual de los llamativos efectos especiales por los diálogos situacionales de sus personajes, intercambio apalabrado que no siempre llena lo suficiente, ni logra el impacto deseado.
Primera parte de exposición, una vuelta aclaratoria a los hechos, con mayor información, y una deriva hacia el amor como objetivo de quien se halla desahuciado e inconexo; puzzle metafísico, de piezas paralelas, que se entorpecen unas con otras al montar el rompecabezas perdiendo parte de su gran porvenir de inicio; se colapsa el mural, se atraganta el servidor, la red de ideas se estrella contra su osadía de volar alto y tocar el astro rey, derritiendo parte de sus alas, para terminar aceptando contradicciones estructurales que no ceden ni siquiera a su ilógica rebobinada.
De compleja e interesante su aventura va cediendo en fuerza y sugerencia por ahondar en temas de los que no controla, por manejar hipótesis como salidas fáciles del túnel oclusivo en el que el mismo se encierra.
Vale como distracción, pasas el rato entretenido pero, toda la diversión se acaba cuando a tu mente le da por pensar y reflexionar sobre lo que aporta y compruebas, como la distensión de su visión se vuelve incoherencia de configuración.
“¿Quién es Abby?” el motor de obsesión de un Tesla que nunca quiso ser Edison, pero tampoco quedarse varado y maltrecho; ¿conseguirá a la chica?, ¿logrará salir de su encierro?, ¿realmente logra viajar en el tiempo?, ¿la dalia convive con su imagen contigua o es una hipótesis sin solución lógica?…, preguntas amenas que permiten su óptimo consumo, aunque la respuesta suprema sea un enjuague que ni siquiera su propia autor es capaz de descifrar.
Synchronicity, sincronicidad, simultanear varias realidades en único plano, para acabar escogiendo una y resolver como se pueda; mandar cada uno a su casa parece resolución no pensada, en exceso sencilla para aspiración tan ardua aunque…, fuera la elección genial del mítico regreso de Michael J. Fox de su ya lejano futuro, en coche y sin tanto agujero negro ¡para más inri!, todo un hito irrepetible aunque, seamos benévolos, siempre gana puntos volver a ver, al recordado por época ilustre, Ironside.

Tráiler de ‘Synchronicity

Lourdes Lulu Lou

Lo importante sois vos y la película, yo mejor en segundo plano.

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