‘Welcome to Dongmakgol’ (Park Kwang-hyun, 2005) | A Buenas Horas

Tres soldados norcoreanos, dos surcoreanos y uno americano, van a parar de manera diferente a un pequeño e inocente pueblo coreano llamado Dongmakgol, en mitad de la Guerra de Corea. Un pueblo donde se desconoce la existencia de tal guerra. Tras un accidentado encuentro entre los soldados del norte y sur, estos enemigos tendrán que colaborar juntos para enmendar el daño provocado en la aldea.

Si nada más llegar al post has leído la sinopsis seguro has pensado que la historia que se desarrolla en ‘Welcome to Dongmakgol’ bien podría ser el comienzo de un chiste típico de España, y no estarías muy equivocado. Las situaciones que se desarrollan a causa de esa diferencia de nacionalidades rápidamente llevan a situaciones hilarantes que hacen que sueltes la carcajada hasta cuando eres de esos que piensan que una cinta bélica no puede hacerles reír porque sería cruel hacerlo. Y es justo en este apartado que sobresale esta cinta, en ser capaz de combinar la infinita crueldad que viene de la mano de la guerra y la inocencia que solo una vida simple permite mantener intacta.

El encuentro fortuito de estos soldados bajo un mismo techo, siendo acogidos en una remota aldea lleva, en el primer tercio de cinta, a situaciones inverosímiles que marcan un profundo contrapunto con la situación en la que se enmarca la historia, la Guerra de Corea (1950-1953). Cuando llegamos a Dongmakgol, como si fuéramos uno de esos soldados, que por un motivo u otro han terminado fuera de su ruta, nos damos cuenta de que a pesar de encontrarnos en un país dividido por una guerra civil, tan brutal como cualquier otra que queramos recordar, en esta aldea aún no saben lo que se avecina. En un lugar en el que lo verdaderamente importante es tener qué comer durante el frío invierno, unos soldados que dicen ser enemigos mortales, encontrarán un oasis de paz en el que la importancia de las cosas más básicas regirá su vida y transformará sus creencias y comportamientos.

Los reyes del absurdo, eso pensarás de la joven (Kang Hye-jung) que corretea creyendo que es casi tan veloz como una bala y de los aldeanos que hacen caso omiso de unos soldados que se pelean por cosas ‘no importantes’ como la patria, entendida como lugar de poder, o tener más razón que el de enfrente, cuando lo verdaderamente vital es que el jabalí de turno no se coma y destroce toda la cosecha. El hambre es un potente motivador, da mucho más miedo que las armas y las situaciones que se generan cuando se enfrentan las prioridades de los soldados y la de los aldeanos son simplemente incisivas, acertadas y muy divertidas.

El toque justo de surrealismo para asombrarte y despejarte de la enorme carga emocional que cada minuto de metraje se echa a los hombros en una historia que esconde todo el dolor que supone vivir una guerra. Ese dolor que viene dado, no solo por arrebatar vidas, sino porque priva del poder de decisión, hace desaparecer el libre albedrío. El deber nos anula y se lleva todo ápice de humanidad que pueda haber en uno cuando nos obliga a ir en contra de todo lo que creemos por un bien mayor que no comprendemos.

Cada uno de los soldados que se presentan, ya sean los norcoreanos como Rhee Soo-hwa (Jung Jae-young), Jang Young-hee (Im Ha-ryong), o Seo Taek-gi (Ryu Deok-hwan) así como los surcoreanos Pyo Hyun-chul (Shin Ha-kyun) y Moon Sang-sang (Seo Jae-kyung) ponen sobre la mesa muy distintas cargas emocionales y de valores. A través de sus personajes se habla de traición, estrés postraumático y los desastres de la guerra, al más puro estilo goyesco. Todos ellos llevan las heridas y secuelas de la batalla, y el mero hecho de huir de ella no supondrá escapar de sus garras.

La calidad interpretativa de un reparto bastante coral es enorme, cada uno aporta justo las sensaciones que deben para crear un conjunto sólido. Si hablamos de aspectos más técnicos nos damos pronto cuenta de que a pesar de desarrollarse en un espacio muy reducido, es suficiente y nunca asfixia, y eso se consigue gracias a una cambiante tonalidad en la fotografía y una tremenda edición de sonido, que te hace pasar de la tranquilidad de un campo de siembra al clamor de la batalla en cuestión de segundos.

Si has visto ‘Feliz Navidad’, te la recordará y volverás a darte cuenta de que el ser humano se transforma, o mejor dicho, recuerda su esencia en torno a una hoguera y el olor a comida recién hecha. Es entonces cuando las banderas y los uniformes pasan a ser simplemente tela que no nos define como personas. El mensaje que deja su director Park Kwang-hyun es claro, ¿Sabemos por lo que luchamos? ¿Merece la pena el sacrificio? Te toca ver ‘Welcome to Dongmakgol’ para obtener una respuesta.

Tráiler

¿Pasa el corte?
Overall
3.8
  • Fotografía
  • Originalidad
  • Guion
  • Interpretaciones
  • Banda Sonora
  • Edición y montaje
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Puntos fuertes

  • Una historia simple, contada de forma ejemplar
  • Personajes inolvidables, situaciones irrepletibles

Otras cintas bélicas coreanas que no puedes dejar de ver son:

’71: Into the Fire’, las 11 horas de P’ohang-dong (John H. Lee, 2010)

‘May 18’, solo es el comienzo (Kim Ji-hoon, 2007) | A Buenas Horas

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