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‘The One’. Ponte el cinturón (J. Lovering, C. Morshead y B.Hood, 2021)

Un simple hisopo bucal es todo lo que se necesita. Una prueba de ADN rápida para encontrar tu pareja perfecta, para la que estás creado genéticamente. Una década después de que los científicos descubrieran que todos tienen un gen que comparten con una sola persona, millones se han sometido a la prueba, desesperados por encontrar el amor verdadero en la empresa The One, fundada por la ambiciosa Rebecca (Hannah Ware). Ahora, cinco personas más conocen su Match. Pero incluso las almas gemelas tienen secretos. Y algunos son más impactantes y mortíferos que otros.

Si hay algo de verdad imperdonable en una serie —o película, o libro, o cualquier constructo humano que les venga a la mente— es que no dé lo que promete. La publicidad engañosa de toda la vida, que si no constituye un delito convenientemente penado, sin duda debería.

He ahí el pecado capital de esta ‘The One’, vendida como la nueva ‘Black Mirror’ (ídem, 2011-Actualidad), cuando lo único que comparte con la icónica creación de Charlie Brooker es la desconfianza respecto a las nuevas tecnologías. Porque al siempre sugerente punto de partida neoludita sigue un tedioso melodrama donde la distopía supone una mera excusa argumental cuya intrascendencia sus responsables apenas si se esfuerzan en disimular.

Incluso en sus entregas más mediocres, ‘Black Mirror’ hace gala de una eficiente concisión narrativa. Todo lo contrario le sucede a ‘The One’: en su afán por llenar de “contenido” —qué malhadado concepto, por cierto; qué rebaja para el otrora noble acto creador— una temporada de ocho episodios de cuarenta y cinco minutos cada uno, nos somete a la aburridísima tortura de asistir a un eterno retorno de real fooding, cafés para llevar y cervecitas afterwork. Supongo que la DGT británica habrá cofinanciado este suplicio, porque de lo contrario no se entiende el medio millón de planos con Hannah Ware poniéndose el cinturón de seguridad. 

Más que a ‘Black Mirror’, la serie que nos ocupa remite a ‘Osmosis’ (idem, 2019), otro bodrio amanerado, pero al que, por lo menos, adornaban ciertas pretensiones visuales. Porque ‘The One’ adolece, encima, de una absoluta insipidez estética. Sumémosle unas interpretaciones planas como el encefalograma de la mayoría de los personajes, un florido manojo de acelgas agraciado con un CI tal que extraña no ya que se hayan hecho asquerosamente ricos merced a sus avances en la ingeniería genética —esa es toda la ciencia ficción que van a ver en ‘The One’—, sino que les haya dado para aprobar la oposición a policía nacional, o sacarse la ESO siquiera, o coger el metro de Londres hacerse un lío. 

El resultado, en efecto, es un telefilm de sobremesa, tendencia que empieza a afianzarse de manera alarmante y que cabe achacar a un cambio de estrategia por parte de las plataformas audiovisuales. De un tiempo a esta parte, la inicial apuesta por poco, pero bueno ha virado hacia mucho y a otra cosa. Alguien debería señalar a las luminarias mercadotécnicas tras tan cuestionable decisión que el arte y las economías de escala no acostumbran a hacer buenas migas. Ahí radica, de hecho, la condición de posibilidad para que el primero siga hoy existiendo.

Tráiler VO – ‘The One’

¿Pasa el corte?
Overall
2.2
  • Originalidad
  • Interpretaciones
  • Fotografía
  • Edición y montaje
  • Guion
  • Banda Sonora
Sending
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Resumen

  • Ninguna. La posibilidad de que no haya más temporadas.

Otras cosas que ver en Netflix, mejor que esta son:

‘Black’, sombras de muerte (2017) | Ponte un k-drama

‘Into the night’ (Inti Calfat y Dirk Verheye, 2021)

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