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‘The Divine Fury’, la mano de Dios (Kim Joo-hwan, 2019)

Cuando era niño, el padre de Yong Hoo murió en un accidente con un cariz un tanto extraño. Yong Hoo desde entonces ha desconfiado y perdido toda su fe. Ahora, Yong Hoo es campeón en artes marciales y los designios de la vida le hacen conocer al sacerdote Ahn, un exorcista mandado en misión a Seúl desde el Vaticano. Junto al sacerdote Ahn descubrirá una realidad que solo podrá creer con sus propios ojos.

Bizarro sea quizá la palabra que mejor resuma ‘The Divine Fury’. Si te gustan las cintas que mezclan géneros, conceptos y que presentan ideas un poco locas, has encontrado justo lo que querías ver. Si por el contrario eres algo más clásico en tus gustos o formas cinematográficas, probablemente más de una cosa de las que se presenta en esta película te chirríe, un poco bastante. Por desgracia ‘The Divine Fury’ queda en un «pudo haber sido» y no entrega al espectador una cinta coherente y con peso narrativo, aunque si ofrece una historia entretenida y un elenco atrayente como la que más.

La película cuenta la historia de Yong-hoo, Park Seo Joon, y con esto ya tenemos asegurado el éxito en taquilla. Si le añadimos que le damos un fondo como campeón de artes marciales que cuenta con un pasado trágico que le hace perder la poca fe que pudiera quedar en una persona a la que extrañas circunstancias le han arrebatados sus padres bien pequeño, pues tenemos un personaje protagonista con el que puedes crear cualquier trama y petarlo. Park Seo Joon, como ya nos tiene acostumbrados, realiza un trabajo excepcional, sólido, y borda un papel complejo, tanto a nivel físico como emocional.

Su personaje, Yong-hoo, repentinamente gana la habilidad de luchar contra fuerzas malignas, cuando aparece en la palma de su mano una herida que sospechosamente se asemeja a los estigmas que quedaron en el cuerpo de Cristo tras ser crucificado. Es en este momento en el que se introducen en la trama conceptos de una enorme complejidad espiritual y social. El escepticismo lo inunda por completo, siendo acompañado de un enorme dolor y lucha continua contra una fe perdida hace mucho tiempo.

Una de terror, más o menos

Buscando respuestas plausibles, y no tanto, a esa herida que aparece en la palma de su mano, Yong-hoo, conoce al padre Ahn, Ahn Sung-ki, un exorcista de El Vaticano, y esa lucha interna contra sus propios demonios toma una dimensionalidad mucho más real cuando se ve implicado en las tareas, poco ortodoxas del padre Ahn. El contraste entre bien y mal, luces y sombras se hace patente en el momento en que los dos personajes se reúnen. Hay una necesidad inapelable del protagonista de comprender lo incomprensible y esto genera situaciones cómicas que nos arrancan la sonrisa debido a la incredulidad que se pinta en el rostro de Yong-hoo.

Por otro lado Ji Shin, Woo Do Hwan, a quien hemos disfrutado en ‘Save Me‘, es un joven misterioso con la capacidad de ver las debilidades de los demás, usarlas y explotarlas para su beneficio y causar el mal, vamos lo que viene siendo un demonio sobre la faz de la tierra. Es a través de su figura que se canalizarán esos poderes extraterrenales que invadirán los cuerpos de personas que por el motivo que sea se encuentran en predisposición a ser tentados por el demonio.

Por supuesto, exorcismos, qué mejor base para una buena película, que se supone de terror, que una trama plagada de ellos y curas bien entrenados en el corazón del Vaticano para luchar contra los espíritus malvados que se alimentan de las almas de los mortales. Esta cinta, a pesar de ser muy pintoresca no es muy original en muchos apartados. No tenemos que irnos más lejos que del nombre del pub donde se esconde a plena vista nuestro querido villano para ver que la inspiración no corría a raudales en la sala de guionistas. ‘Babylon’ es el nombre que escogen. ¿Puede estar más trillado? Creo que en 1 de cada 4 pueblos de España hay un pub con ese nombre, aunque claro, quizá en Corea del Sur sea toda una primicia…

Sigamos poniendo ejemplos: Seres endemoniados que saltan de camas, que se cuelgan a cuatro ‘patas’ del techo y que vomitan cosas indescriptibles mientras dicen cosas en un tono de voz de todo menos humano. Todo ello aderezado con unos atuendos de capa negra brillante a lo secta de fraternidad Kappa en cualquier película americana que se precie que aquí nada tiene que enviarle.

​Pues si, será un guion que te ves venir desde el principio, con un desenlace que no queda ni cerrado, ni abierto, ni a medio camino entre estas dos cosas, pero que realmente entrega dos horas increíbles de entretenimiento puro. ‘The Divine Fury’ es una de esas películas que volverías a ver porque tiene un poco de todo y no mucho que pensar. Hay profundidad en sus líneas y su historia, pero a la vez no se adentra en ellas tanto como para hacerla infinitamente dramática y densa emocionalmente. Cuenta, en cambio, con los puntos justos de comedia y con una acción creíble y justa en su medida, por lo qué seguro, si has llegado a ella y te has quedado a verla, la disfrutes y recuerdes, una vez pasen los días con más cariño del que quieras desvelar.

En definitiva, el bromance y la puesta en escena da para estar haciendo secuelas a lo ‘Bad Boys’ con esencia coreana. Es lo que tiene juntar a un sacerdote entrenado en El Vaticano y a un luchador de la MMA profesional, que a la hora de mandar al otro barrio a espíritus malvados viene muy a mano.

Tráiler

¿Pasa el corte?
Overall
3
  • Originalidad
  • Guion
  • Banda Sonora
  • Interpretaciones
  • Fotografía
  • Edición y montaje

Otras producciones que cuentan con este estelar reparto son:

‘Itaewon Class’, Restauración y venganza | Netflix

‘El rey, monarca eterno’ (2020), duelo dinástico intratemporal

Historiadora del Arte. Cinéfila y seriéfila 24/7. Mis perdiciones, las películas de Clint Eastwood y las series policíacas.

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