‘The Cincinnati Kid’: novela vs película

La historia de ‘The Cincinnati Kid’, adaptada al español como ‘El rey del juego’, se podría denominar como una de las grandes películas con el juego como protagonista que han existido en la historia de la gran pantalla. Películas basadas en la incorporación de un jóven jugador a la élite del mundillo del poker de Nueva Orleans, en plena Gran Depresión Americana. Una élite que no se lo tomará demasiado bien, como también ocurre en la novela de Richard Jessup en la que está basada. Con tintes dramáticos, film y libro hacen un tándem muy curioso de analizar.

Al igual que hemos hecho con otros thrillers teñidos de drama y con el juego como estrella, como los remakes de ‘El jugador’, es el turno de que Kid pase por los mismos filtros. Todo ello para comprender de dónde vienen las buenas palabras del mundo del cine hacia esa lucha por el juego existencial y esa especie de celda de actividades lúdicas en la que se encuentra encerrado el protagonista principal. También con el objetivo de quedarnos con el más inspirador de los dos y analizar su trascendencia, sobre todo para los amantes del poker.

Pero ya podemos adelantar que el éxito de Cincinnati Kid tiene que ver sin duda con la temática de la película y su hilo conductor, que como decíamos es el poker. Una disciplina que a día de hoy tiene una mayor aceptación en la sociedad, pero que quizá en la época en la que se publicó la grabación suponía correr un riesgo de que no llegara a triunfar. Con el paso de los años el recorrido del poker por televisión y formato online ha ayudado a entender los naipes como una actividad atractiva para ser protagonista de un film exitoso o de un libro o novela.

En la gran pantalla hay mejores ejemplos de producciones asociadas al poker y las cartas que se han hecho un hueco destacado. Otras no tanto. La cara y la cruz. Curtis Hanson sería la cruz con ‘Lucky You’. La historia de Huck Cheever como jugador profesional en Las Vegas no convenció a todos los críticos, que coinciden en un 5,4 de media en Filmaffinity. La cara se la quedaría John Dahl que alcanza el notable gracias a ‘Rounders’, donde entre Matt Damon y Edward Norton consiguen crear una buena historia en torno a este mundillo de azar y habilidad.

Una oportuna salida de guión

Como todo buen director, Norman Jewison consiguió ser fiel a los valores transmitidos por Jessup en la versión original, pero con matices que le dan un toque especial que la hacen digna de ser vista. La parte final es en la que más específica se vuelve la cinta, ya que se describe con todo lujo de detalles el cara a cara en la mesa de poker entre Kid y el rey Robinson. La narración se vuelve emocionante y traslada toda la tensión al telespectador, esa que consigue transmitir la novela a partir de un relato más sentimental y basado en los juicios morales del protagonista.

The Cincinnati Kid - Fotograma de la película
The Cincinnati Kid – Fotograma de la película

En ese sentido, el film sería más enriquecedor para aquel que desee aprender más acerca del poker y de sus artes. Sobre todo, porque la actuación de Steve McQueen y Edward G. Robinson es sublime, mostrando ese lado ambicioso de todo jugador que no solo quiere llegar, sino que pretende mantenerse como el mejor en lo suyo. Pero siempre con nobleza, pues un amigo de Kid trata de ayudarle y favorecerle como repartidor de cartas, algo que rechaza por completo el destinado a ser el nuevo rey de las mesas.

Es obvio que Ann-Margret y Tuesday Weld son grandes acompañantes en la historia, a pesar de estar ancladas aún en ese papel secundario servicial hacia el género masculino y que poco tiene que ver con el del siglo XXI donde las mujeres también saben lo que se hacen en el poker (hay que recordar que la película es de 1965). A los personajes de Jessup si algo les falta no es precisamente construcción. Mucho background de todos ellos, quizá porque en papel escrito es más sencillo y habitual poder explicar los motivos que llevan a un personaje comportarse como lo hace.

Y otra de las similitudes es el sentido de la ambientación entre ambas producciones. Ese concepto de la Nueva Orleans de los años 30 previos a la Segunda Guerra Mundial se palpa en el contexto de la grabación, siempre más complicado de conseguir que en un texto donde se activan en mayor medida las capacidades de imaginación del lector. Un lector que divaga a través del sentimiento de temor al destino y en el que reside la sensación de que no es solo un juego en lo que Kid está tratando de ganar. Una batalla contra él mismo y su destino.

Y aunque película y novela merezcan la pena, siempre es recomendable pasar primero por lo audiovisual pues en caso contrario suelen aparecer las decepciones. No obstante, ambas son el resultado de dos genios tratando de dar un giro a las obras relacionadas con el juego de su tiempo.

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