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Los clichés del cine de terror

Aquellos tópicos en los que el cine de terror suele caer...

Antes de nada… ¡escuchad a Pennywise!

Halloween ha llegado, es el momento de desempolvar nuestros disfraces, ensayar los mejores sustos, hacer un maratón de los especiales de Halloween de los Simpson, buscar una ruta óptima para ir de casa en casa pidiendo caramelos y replantearse pedir una cita al dentista por si una caries quiere unirse a la fiesta. Es la noche en la que nuestras pesadillas cobran vida y vaguen por las calles sembrando el miedo. Hay que reconocerlo, a todos nos gusta pasarlo mal de vez en cuando; ver una película de terror y asustarnos por ese sobresalto que no vimos venir es uno de nuestros placeres culpables, aunque siempre es más disfrutable ver a los demás mientras se tapan los ojos y se ocultan debajo de una manta.

Sabemos que todos vosotros estáis preparados para sobrevivir a un apocalipsis zombi, sois capaces de coger el testigo de Ed y Lorraine Warren con el fin de enfrentaros a las fuerzas del mal y tenéis un montón de ajos en vuestras despensas por si Drácula quiere haceros una visita. ¡Sois auténticos cazadores de brujas! ¿Y sabéis por qué? Porque no cometeríais los mismos errores que los personajes del cine de terror y encararíais de forma diferente sus situaciones. Esa puerta que se mueve sola, esos ruidos extraños que provienen del sótano, ese amigo tan peludo que no deja de salivar en cada luna llena… Todos hemos compartido la misma sensación de impotencia al ver a MUCHOS personajes actuar de forma necia, por esa razón os traemos los clichés más habituales del género. Si Jack Skeleton siempre prepara un gran espectáculo por estas fechas, nosotros no íbamos a ser menos.

Soy tu conciencia

Parece que no estás solo en casa, tu valentía empieza a disminuir a una velocidad vertiginosa y un sudor frío empieza a recorrer tu cuerpo, es entonces cuando preguntas: “¿hay alguien en casa?” “¿Hola?” “¿Hay alguien amigable que se digne a contestar y cuyas intenciones no sean hacerme daño”? “¿Eres tú, Santa Claus?”. Poco les pasa para lo poco avispados que son.

Torpeza como forma de vida

Muchos dicen que las clases de educación física no sirven para nada, pero el deporte juega un rol fundamental en tu supervivencia cuando un asesino te ha localizado y te va a perseguir hasta el día del juicio final. Es en estos momentos cuando tienes que sacar al atleta que llevas dentro y correr sin mirar atrás, pero algunos no lo entienden y están obcecados en ser el primer plato del menú. No falla el personaje que intenta escapar por el bosque o por la casa mientras se va tropezando con todos los obstáculos que encuentra. “Cuidado con esa rama”, “hay una silla en medio del pasillo”, “la puerta está cerrada con llave no vayas por ahí” …Normal que todos los asesinos vayan caminando con tanta parsimonia.

Aquiles y el talón maldito

Si todo lo anterior falla, interviene otro factor clave para que la persecución acabe de forma fatídica: el talón. Los talones son muy traicioneros y una mala pisada puede acarrear una lesión, pero empieza a ser demasiada casualidad que tu talón cobre vida propia cuando la tuya está en juego. Lo que está claro es que el talón le hace el trabajo sucio al guionista.

La ayuda nunca llega

El peligro es inminente y el personaje confía en llamar a la policía para que se presenten lo antes posible en el lugar del conflicto. Es una lástima que sus vehículos sean incapaces de pasar de segunda marcha o sus oficinas se encuentren en la otra punta del país. Está garantizado que van a llegar cuando el personaje está muerto o el asesino ya ha escapado.

Los reclutas patosos

Tenemos muy claro que ser policía en una película de terror es sinónimo de morir de forma absurda. Son muy pocas las ocasiones en las que llegan justo a tiempo, pero cuando lo hacen su ayuda dura un suspiro porque el asesino les da caza conforme bajan del coche. En caso de ser una patrulla de dos policías, uno de ellos morirá dentro del coche mientras su compañero echa un vistazo por la zona y el otro tendrá los días contados en cuanto descubra el cuerpo del agente en el coche. Por no hablar de su infalible puntería para no acertar ningún tiro.

El escondite

Como en casa en ningún sitio, pero cuando tu apartamento empieza a estar poseído por un ente residual o un asesino ha entrado ignorado tus impenetrables defensas, quizá la mejor idea no es esconderse. En la carrera universitaria de asesino y leyenda del mal tienen una asignatura sobre los escondites habituales, y sí, el armario y debajo de la cama se incluyen en la materia.

La casa en el bosque

La típica escapada familiar o un viaje de amigos tiene como lugar de destino una casa abandonada rodeada de un espeso follaje. Nadie la ha comprado en más de quinientos años porque hay leyendas sobre ella y los pueblerinos dicen que está maldita, pero nuestros protagonistas decidieron que era buena idea hacerse con la propiedad al estar de oferta. ¿Qué podía salir mal?

Hora de buscar otra compañía móvil

En una película de terror es mejor no gastarse dinero en un móvil, nunca tienen batería y la cobertura falla cuando más hace falta. Alguien les debería pasar el teléfono de contacto para que contraten una tarifa con más recursos. Al menos Scream tiene la decencia de llamar primero a sus víctimas para que sepan que sus teléfonos funcionan.

No existen los finales felices

Los personajes han llegado vivos al final de la película y ya están festejando su victoria sobre las fuerzas de la oscuridad, pero todavía les aguarda un giro dramático de los acontecimientos: todo lo que han hecho no ha servido de nada. El asesino está vivo, el fantasma se ha apegado al cuerpo de otra víctima, han dejado el portal al otro mundo abierto, se ha colado otro fantasma para dar guerra en la secuela… Después de la calma viene la tempestad y tras la tempestad llega el susto que da cierre a la película.

Separados somos más fuertes

En un grupo de amigos siempre hay uno que demuestra su inteligencia proponiendo que se separen para buscar algo o encontrar respuestas. Ese es el verdadero culpable de la muerte de sus amigos. Puestos a morir es mejor hacerlo de uno en uno y siguiendo el orden de personajes molestos, prescindibles, policías y la cima de la jerarquía con los protagonistas.

Detrás de ti

Joseph Bishara y Patrick Wilson en ‘Insidious’

El antagonista es muy escurridizo, no hay forma de encontrarle y te suele sorprender con más frecuencia de la que te gustaría. La solución sería ir caminando con un espejo retrovisor para poder ver lo que tienes detrás porque siempre se encuentran en tus ángulos muertos.

Nada de sexo

En una película de terror es mejor tener controlado el deseo carnal y no dejarse llevar por las hormonas en plena efervescencia. Tener un encuentro íntimo con tu pareja conlleva a recibir un machetazo por parte de Jason Voorhees. Aquí no se viene a disfrutar, sino a sufrir el tren de la bruja en primera persona.

Mata, pero no remata

Te has armado con un jarrón y estás dispuesto a usarlo estampándolo en la cabeza de tu perseguidor. Tu plan ha tenido éxito y el asesino ha caído inconsciente en el suelo a tu lado, sin embargo, los personajes deciden que utilizar el cuchillo jamonero que llevaba el malo de turno para darle un final seguro es excesivo. Es mejor suspirar de forma descontrolada mientras esperas a que se reponga del golpe y pueda terminar el trabajo sin más molestias. Todos los villanos se van a levantar como Undertaker mientras no les remates, es su encanto natural.

Vivir en un chalé de Estados Unidos

Puede parecer muy atractivo vivir en la tierra de las oportunidades, pero la estadística no falla: el 90% de los sucesos paranormales ocurren ahí. Puede que mudarse a un chalé de dos plantas con un buen jardín suene bien, pero ese el comienzo de la historia y lo que viene después no suele ser una experiencia agradable.

Las mujeres tienen mayor esperanza de vida

Linda Hamilton, en ‘Terminator: destino oscuro’ | Kerry Brown – AP

La mujer, casi siempre virgen, ha sido representada como metáfora de la pureza que logra anteponerse a lo perverso. La única superviviente es la chica protagonista que ha sabido ser fiel a sus valores y mantenerse en la senda del civismo que propone la sociedad de su época; además de saber distanciarse de cualquier tentación e impureza.

La puerta tapiada

Al parecer alguien ha hecho un inconmensurable esfuerzo por cerrar una puerta para que nada entre o pueda salir, encima la ha decorado con una pintada que dice “no abrir” (se quedó sin pintura para añadir algo más de información), pero el personaje, que siempre ha querido una sala de juegos para poner su futbolín, decide que las advertencias son cosas de supersticiosos y con toda su vanagloria abre la puerta.

Ouija

Si algo hemos podido aprender del cine de terror es que la mayoría de las catástrofes se desatan por jugar a la ouija. Los personajes no suelen querer jugar de primeras, pero tienen poca voluntad para decir que no y se dejan convencer por gente que no parece de fiar o por amigos que buscan divertirse con los espíritus.

Los vehículos de segunda mano

Parece lógico pensar que la forma más rápida de escapar es coger un coche y poner rumbo a un lugar seguro (aunque siempre te acabará encontrando un terminator), pero el coche que le compraste a Juanillo, el vecino del chalé de al lado, está programado para no arrancar en caso de amenaza inminente. Un bloqueo puesto a mala leche para garantizar que el asesino pueda cogerte; aunque a lo mejor es que no lo llevaron a pasar la ITV.

Si la música se para…

Quizá no te hayas percatado de esa música inquietante que acompaña a la mayoría de las escenas y que contribuye a crear una atmosfera de suspense, pero eso suele significar que estamos a salvo del susto. De pronto, al más puro estilo de la banda sonora de “Tiburón”, la música empieza a acentuarse, tu corazón se acelera y el cabestro del protagonista se dirige a abrir una puerta, la abre y… no hay nada. Falsa alarma. La música se calma, se funde con el sonido ambiente y diez segundos después estás botando en tu butaca al borde del infarto porque te la han colado y el susto ha venido después.

Parece que están sonando ruidos inquietantes que provienen del sótano de nuestro chalé de Estados Unidos, así que lo dejamos por aquí para ir a investigar. Por cierto, dos cosas, la primera: si veis a un payaso en una alcantarilla, no os pongáis a hablar con él. La segunda: ¿vosotros os sabéis más clichés predecibles? ¿Sí? Oye, pues compártelo con nosotros y déjanos un comentario.

Feliz Halloween a todas y todos.

No tengo carné cinéfilo, pero no se lo digáis a nadie. Será nuestro pequeño secretito.

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