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El fenómeno de ‘Juego de Tronos’ ha resultado ser su propio talón de Aquiles

Imagen de HBO

¡ESTE POST CONTIENE MUCHO SPOILER DE ‘JUEGO DE TRONOS’!

‘Juego de Tronos’ no ha sido valiente en su final, no ha logrado mantener la esencia de sus primeras temporadas. El final de la primera, con la decapitación del supuesto protagonista, Ned Stark, fue toda una declaración de intenciones, que fijaría y marcaría el tono de la serie. A través de escenas brutales se dejaba al espectador sorprendido y desamparado ante un juego sin reglas, en el que podía suceder de todo, explotando así sus expectativas y subvirtiendo el relato clásico caracterizado, entre otras cosas, por el maniqueísmo. Esto con el paso del tiempo, a medida que creció la popularidad de la serie, cambió, y esto ha sido reflejo de las últimas temporadas, donde lo previsible, la inverosimilitud y la incoherencia narrativa han reinado.

La serie ha dejado escapar una oportunidad única. Me explico. Venía de un quinto episodio desolador en el que nuestro horizonte de expectativa había sido dinamitado, escenario idóneo para transgredir aún más si cabe, eliminando a alguno de (o a todos) los protagonistas que quedaban vivos (Jon, Arya, Tyrion, Sansa), los tres primeros los más queridos por la audiencia (habría sido una sacudida tremenda a la audiencia, muy coherente con el alma de la serie). Y a manos de Daenerys, que a lo largo de unos 20 minutos muy buenos, se nos mostraba, a través de la simbología (como el bello plano de las alas), inmersa totalmente en la tiranía y locura más absoluta (esta serie siempre ha defendido la tesis de que el poder y la ambición corrompe, por tanto no fue un giro inesperado).

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La cobardía de los guionistas viene ahora. En vez de la perversidad (ingrediente fundamental del ADN de la serie), se ha optado por una decisión en el que los buenos se han salvado a pesar de lo difícil que lo tenían (lo cual echa por tierra todo el espíritu infractor de la serie). Y es que resulta inverosímil que Jon, tras haber matado a Daenerys (en una escena ridícula a mi parecer), logre salir indemne, teniendo en cuenta lo cabreados que estaban los Inmaculados, buscando sed de venganza. Es poco creíble que se limiten a capturarlo y que se conformen con que sea enviado al Muro. Además, de la asignación al sucesor del Trono (otra escena risible, lo cómico no tenía sentido en el contexto épico de ese momento, poco coherente con la filosofía de la serie), que termina siendo Bran Stark, cuya evolución dramática de personaje deja mucho que desear. ¿Tiene la mejor historia? Lo dudo. Lo único que me ha gustado ha sido el discurso metanarrativo de Tyrion, una reivindicación del arte de contar historias (el mundo depende de sus relatores). Aunque este gran parlamento ha sido una excusa y herramienta para justificar la decisión de coronar a Bran.

Los creadores lo tuvieron muy bien después de la arriesgada decisión del excelente quinto episodio, ya que con este sembraron la semilla del mal, jugada maestra que había que rematar para acabar hundiendo del todo al espectador, dejándole con mal cuerpo (esto no ha pasado). Es una pena lo que se ha malogrado, aunque debemos aceptar lo que no fue. Hace poco escribí un artículo alabando el aspecto visual de ‘Juego de Tronos’ que con esta última temporada ha tocado el cielo (nadie le quita que en este sentido haya hecho historia de la televisión), lo cual contrasta sobremanera con un guion flojo con bastantes sinsentidos. Las primeras temporadas estaban escritas pensando en un público mucho más pequeño que el de ahora. En las dos últimas temporadas se percibe que los guionistas sabían que la audiencia era mucho más grande, y que había que darle la historia más triturada, suprimiendo los matices y el ingenio de antes. El fenómeno ha resultado ser su propio talón de Aquiles.

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No me gustaría acabar esta crítica sin dejar una pequeña reflexión acerca de lo que ha sucedido con una buena parte de la audiencia. Es la siguiente: Que no me haya gustado el final de ‘Juego de Tronos’ no significa que deba boicotear a los responsables de la serie ni faltar al respeto al equipo creativo, simplemente por el mero hecho de que el colofón que imaginaba fuera distinto al que ha sido. Mucha gente ha tachado de incompetentes a los guionistas por esta temporada, llegando a pedir, mediante recogida de firmas en Change.org, que la rehicieran entera, o se han borrado en masa de HBO tras el final, ambos hechos muy sintomáticos de los tiempos tan superficiales, absurdos, patéticos y ridículos en los que vivimos. Y es que la sociedad (no toda por supuesto, es una forma de hablar), cada vez está más infantilizada (el uso que se hace de las redes sociales han contribuido a ello), adoptando el comportamiento propio de un niño pequeño que al no salirse con la suya patalea. Creo que hay bastantes cosas más importantes en el mundo en el que vivimos (un gran manicomio) para indignarse y luchar, que no enfurecerse con la decisión de unos guionistas que al fin y al cabo, acertada o equívocamente (todo depende de la subjetividad de cada uno) se dedican a escribir ficción, ¿acaso los ofendidos y ultrajados lo harían mejor? Es lamentable y vergonzoso que se ponga el grito en el cielo por algo no existente, y que sin embargo no se haga nada para mejorar la realidad.

Filólogo hispánico. Máster de Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana. Me encantan las series, el cine y la literatura.

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