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Crítica de ‘El secreto de Marrowbone»: fantasmas conocidos

Si buscas en la noche de Halloween algo más que sangre, vísceras y muertos que campan a sus anchas, El secreto de Marrowbone es tu película. [Contiene spoliers pero no revelan el gran secreto].

Los hermanos Marrowbone en su nueva casa.

Sinopsis

El secreto de Marrowbone [2017] es la ópera prima de Sergio G. Sánchez, guionista de El Orfanato y Lo Imposible. Producida por Bayona y Guillermo del Toro, la primera película del premiado guionista narra la historia de los Marrowbone, una mujer que, junto a sus cuatro hijos, huye del psicópata de su marido para refugiarse en la casa americana en la que ella se crió.

Jack, Billy, Jane y Sam se quedan solos tras la muerte de su madre poco después de llegar a su nuevo hogar. Dispuestos a ocultarse del mundo hasta que Jack cumpla la mayoría de edad, sobrevivir se les hace un poco cuesta arriba cuando su padre aparece en casa por sorpresa con una escopeta.

Un miedo tangible

La película, que ya con el título promete secretos y misterio, cumple con su premisa desde el principio y nos ata a la pantalla con el primer disparo del padre. Lejos de elementos sobrenaturales desmesurados, sustos fáciles, monstruos que no engañan a nadie y entes que perturban el sueño de sus huéspedes, el director de El secreto de Marrowbone juega con el miedo del menor de los hermanos para ponernos en tensión sobre lo que se esconde en la casa. Así, nosotros también miramos con recelo los espejos y nos tememos lo peor sobre el fantasma que, según teme Sam, habita en la casa y llega hasta él a través de los cristales.

A lo largo de la película vamos coleccionando pistas que después ayudarán a formar el puzle de la historia. Y, aunque quizá más pronto que tarde, descubrimos que el giro final ya lo hemos vivido antes, en esta ocasión el origen del terror es más humano, más sólido y tangible. Más real.

Sam se oculta del fantasma tras una sábana.

La interpretación es especialmente brillante en el caso de George Mackay (Jack Marrowbone), al que vemos en su máximo esplendor luchando contra su propia mente en una de las escenas finales. Las diferencias de personalidad entre sus hermanos; la sensación de ahogo y frustración de Billy; la inocencia de Sam, ignorante de lo que les rodea; la dulzura de Jane y su fuerte convicción entre el bien y el mal; y el compromiso de Jack por mantener unida a su familia generan en la cabeza del mayor de los hermanos un cortocircuito bastante heavy que, a nivel de acting, supera con creces.

La película se desarrolla, casi en su totalidad, dentro de las viejas paredes de la mansión Marrowbone. Cuenta para ello con una gran escenografía, una producción muy elaborada y una fotografía que aporta magnitud a la narración. Los movimientos de cámara llaman significativamente la atención en situaciones de  lucha, más chocantes cuando Jack pelea con su padre y más fluidos y opresivos cuando el psicópata ataca a Allie.

Un detalle que suele ser esencial e indiscutible en las películas de terror, y que El Secreto de Marrowbone no cumple, es la oscuridad. De toda la vida en las casas encantadas no se puede dormir: puertas que se abren solas, sábanas que se caen con las ventanas cerradas (mira, algo sí cumple), y sombras que desaparecen al encender la luz. Sin embargo, los secretos de esta familia se esconden a plena luz del día con una iluminación fantástica. Siempre rodeados de contraste en las escenas más tensas, la ambientación más cálida alberga los momentos más peligrosos, en contra de lo que estamos acostumbrados a ver.   

Conclusión

El miedo en El secreto de Marrowbone se nutre de una realidad más aterradora que la peor casa encantada. A pesar de estar construida, en su base, por narraciones que ya conocemos, mantiene nuestra atención hasta el final incluso si predecimos el desenlace. La calidad de la producción y de sus intérpretes convierte a este drama familiar en un plan idóneo para una noche de terror lejos del gore y los zombis; menos sangre que limpiar.

Periodista y comunicadora audiovisual. Escribo, grabo, edito y cuando trabajo, también. Si te gusta el verano me caes regular. Llevo botas y una mecha encendida.

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