Crítica de ‘Fue la mano de Dios’ (Paolo Sorrentino, 2021). Revival felliniano | Netflix

El oscarizado guionista y director Paolo Sorrentino presenta la historia de un chico, Fabietto Schisa (Filippo Scotti), en el turbulento Nápoles de los años ochenta. En “Fue la mano de Dios”, hay lugar para alegres sorpresas, como la llegada del legendario futbolista Diego Maradona, y para una tragedia igual de imprevista. El destino interpreta su papel, la alegría y la desdicha se entrelazan y el futuro de Fabietto echa a rodar. Sorrentino vuelve a la ciudad que lo vio nacer para contar su historia más personal: un relato sobre el destino y la familia, los deportes y el cine, el amor y la pérdida.

Conjugar al Fellini de ‘Amarcord’ (ídem, 1973) y al Rohmer de ‘Cuento de verano’ (‘Conte d´été’, 1996) sin acallar la propia voz —una de las más genuinas, de hecho, del audiovisual de la última década— resulta ciertamente meritorio. Añadamos a la ecuación que ‘Fue la mano de Dios’ se cuenta, sin duda, entre las mejores películas del 2021, y ello pese a apuntarse, también ella, a la agotadora moda del revival.

En efecto, Paolo Sorrentino entrega una maravillosa tragicomedia iniciática, protagonizada por un (casi) debutante, Filippo Scotti, que compone un alter ego del cineasta como no se recordaba desde el Antoine Doinel encarnado por Jean Pierre-Léaud para François Truffaut, con el que comparte bastantes rasgos, y no sólo fisiognómicos. Sin menoscabo del naturalismo que demandaba la propuesta, abundan los planos donde Sorrentino no renuncia al esteticismo barroquizante marca de la casa. ¿De qué modo, si no, homenajear a una ciudad, Nápoles, un equipo de fútbol, la Società Sportiva Calcio Napoli, y a un personaje —y no meramente un deportista— como Diego Armando Maradona, paradigmas todos ellos del exceso, para lo bueno y para lo malo?

Fotograma de 'Fue la mano de Dios'
Fotograma de ‘Fue la mano de Dios’

El realizador italiano incorpora a su inconfundible estilo una ternura de la que carecían sus obras anteriores, técnicamente irreprochables, pero un tanto deshumanizadas. Situaciones surrealistas, cuando no directamente desopilantes, se alternan con pasajes dotados de una emocionante carga lírica; a veces incluso en la misma escena, sin solución de continuidad. Asimismo, las sórdidas colaciones multitudinarias típicas del cine transalpino encuentran un contrapunto entrañable en el día a día de la familia nuclear protagonista, con ese padre que se dice comunista y trabaja en un banco —superlativo Toni Servillo, lo cual hace tiempo que dejó de ser noticia— y la mamma interpretada por una igualmente estupenda Teresa Saponangelo, que sublima las frustraciones conyugales con juegos malabares y bromas crueles.

Pero, por encima de todo lo anterior —y no es poco, ya se ve—, destaca la (omni) presencia de ese adolescente de apariencia frágil y ánimo resuelto que compone Scotti. En su rostro lampiño orlado de impracticables rizos se dibuja el gesto soñador de aquel a quien aguarda un futuro quién sabe si más o menos dorado; pero futuro, al fin y al cabo. Un ademán ensombrecido, que no derrotado, por el advenimiento de la tragedia. Su encorvado Fabietto Schisa arrancando la Vespa, al cuello los auriculares del Walkman, es el joven que todos alguna vez fuimos, o más nos hubiera valido ser.

Tráiler de ‘Fue la mano de Dios’.

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  • Originalidad
  • Fotografía
  • Montaje y edición
  • Música
  • Guion
  • Interpretaciones
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A destacar

  • Lo mejor: la (encantadora) humanización que Sorrentino incorpora en su estilizada caligrafía visual. El (casi) debutante Filippo Scotti. El (embriagador) aroma felliniano de numerosos pasajes.

  • Lo peor: nada. Que santísimas trinidades como la integrada por Sorrentino, Servillo y Scotti no se den más a menudo.

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