Crítica de ‘El vientre del mar’ (Agustí Villaronga, 2021), no tan a la deriva. | Filmin

Junio de 1816. La fragata Alliance, de la Marina francesa, embarranca ante las costas de Senegal. Como los botes disponibles para la evacuación no son suficientes para acoger a todos los tripulantes, se construye una precaria embarcación en la que obligan a subir a 147 hombres: soldados, marineros, algún pasajero y unos pocos oficiales. El plan previsto es que los botes remolquen la balsa hasta la orilla pero el pánico y la confusión se apoderan del convoy y cortan la soga de remolque, abandonando la balsa a su suerte. El hambre, la inclemencia del mar, la locura y una lucha encarnizada se desatan en aquella balsa a la deriva.

‘El vientre del mar’ no está a la deriva.

El mar es, artísticamente, un perfecto lienzo sobre el cual el mundo ha obtenido infinita inspiración para la realización de obras en todas las corrientes imaginables. No en vano es reflejo y sombra, tranquilidad y salvajismo. Si observamos sus posibilidades desde un prisma cinematográfico el mar ha servido como irrefutable fuente de un cine impresionante, atractivo y duro, puesto que ha servido como punto de partida, nudo o desenlace de obras que van desde la ciencia ficción hasta los más crudos documentales existentes.

En ‘El vientre del mar’ posee diversas funciones. Desde una metáfora continuada de la situación actual que pueda servir como un muestra de todas aquellas personas que, buscando un futuro mejor, se jueguen la vida en las aguas del Mediterráneo a diario hasta como una herramienta conductora de la locura personal y la traducción de la desesperación en la mente humana.

Fotograma de 'El vientre del mar'
Fotograma de ‘El vientre del mar’

Una vela blanca en el horizonte.

Tenemos ‘El vientre del mar’ como creación poética, donde el guion posee ese amalgama de palabras decoradas que bailan a un son donde esa poesía aparece en lentos y, en ocasiones, perdidos diálogos entre los personajes. Es en la fiereza y potencia de unos monólogos cuidados y creativos en los que las palabras brotan de los labios de unos protagonistas que enloquecen conforme avanza la película. Esa lenta narración y ritmo pausado de los acontecimientos de ‘El vientre del mar’ arremeten contra la paciencia del espectador y su ansia por saber, pero lejos de exasperarlo hacen que se maraville del aura poética que envuelve cada instante de la cinta y ese cromatismo, entre el color suave y sin brillo y el blanco y negro más puro.

Estos protagonistas, principalmente Roger Casamajor y Òscar Kapoya, son el reflejo de un trabajo impresionante y más que notable y el bastión principal para que la obra tenga la fuerza que precisa, la cual también se encuentra perfectamente orquestada entre las amplias localizaciones que, a pesar de ser así resulten pequeñas en el hecho de aglutinar tantísimos detalles para el espectador que el enfoque sea en plano principal y entre las imágenes en las que el mar es protagonista, tanto en su sonido como en su forma de hacer sentir agobio y falta de libertad.

Fotograma de 'El vientre del mar'
Fotograma de ‘El vientre del mar’

En definitiva.

En definitiva, ‘El vientre del mar’ te deja exhausto y agotado. La dificultad de la cinta obliga a que tus sentidos estén alerta ante los acontecimientos que, pausadamente y sin ningún atisbo de prisa, se nos van mostrando mientras que tu cabeza intenta obtener todas las ideas y alinearlas como unos náufragos esperando su ración diaria. Un ejercicio intenso y alegórico que no deja cabos sueltos y que, de seguro, merece significativos elogios.

Tráiler de ‘El vientre del mar’.

¿Nos encanta?
Overall
3.5
  • Originalidad
  • Fotografía
  • Montaje y edición
  • Música
  • Guion
  • Interpretaciones
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A destacar

  • La fotografía inmensamente áspera y sobria.
  • El guion.

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