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Corazón, vísceras y honestidad en ‘Brassic’

Una serie de comedia de seis partes ambientada en Lancashire sobre las vidas de Vinnie (Joseph Gilgan) y Dylan (Damien Molony), que han crecido juntos y son inseparables. Cuando la novia de Dylan quiere moverse en busca de una vida mejor para ella y su hijo, Dylan debe enfrentar la decisión más difícil de su vida.

Hoy martes Filmin estrena ‘Brassic’, la nueva serie escrita por el veterano guionista Danny Brocklehurst (‘Shameless’, ‘The Five’, etc.), ganador de un BAFTA y un Emmy Internacional. También es la primera serie creada por el actor Joe Gilgun (‘This is England’, ‘Misfits’), que junto a Brocklehurst ha creado esta fabulosa comedia a partir de ideas y anécdotas personales sobre su propia juventud. Además Gilgun protagoniza la serie interpretando magistralmente a Vinnie, un ladrón de poca monta que como él sufre un trastorno bipolar.

Se trata de una comedia absolutamente bien escrita cimentada en lo políticamente incorrecto. Para que os hagáis una idea, es una mezcla entre ‘Shameless’ y ‘Trainspotting’. La locura y el humor negro son los principales ingredientes de esta serie protagonizada por un grupo de amigos que tienen una forma distinta (por no decir ilegal) de ganarse la vida. Residen en los suburbios de Lancashire y sobreviven a base de delitos menores y estafas de baja estofa.

Son, como los protagonistas de ‘Misfits’, unos inadaptados y antisistema (pero sin poderes). Viven a su manera, según sus propias normas. Es como si estuvieran dentro de una burbuja, apartados del mundo real. El punto de inflexión llega cuando Erin (una magnífica Michelle Keegan), la novia de uno de los amigos, toma la decisión de mudarse a otro lugar porque quiere una vida mejor para su hijo (entre tanta locura, ella representa el sentido común). Ve que el novio no va a cambiar debido a su inmadurez y está harta de la vida que lleva, llena de chanchullos. Y es que él y sus amigos malviven trampeando todo lo que pueden, intentando ganar dinero de cualquier modo. La trama de Erin (que trata de estudiar en la universidad y cuidar a su hijo) es muy significativa, representa las diferencias de clases y el deseo de aspirar a algo más. Las ganas de vivir otra vida, y la sensación que tiene uno del estatismo vital, de que no hay posibilidad de cambio de vida porque el destino o la herencia están escritas en mármol. Este es el gran asunto de la serie, que se cuestiona las limitaciones que nos imponemos tanto a nosotros mismos como a los demás. ¿Tenemos capacidad de elegir nuestra vida o por el contrario ya viene determinada y es inamovible? Son preguntas vitales que se plantea ‘Brassic’ a través de las relaciones entre los personajes.

Los británicos son unos expertos en pintar retratos de la difícil vida de la clase obrera, que diariamente vive a duras penas sumida en la miseria. ‘Brassic’ aborda esto, pero de una manera algo distinta. Está claro que la clase baja no tiene los mismos privilegios que la clase media y alta. El actor Joe Gilgun respecto a esto afirma que esta verdad no tiene por qué tomarse mal porque, según él, las personas más felices a las que ha conocido son hombres y mujeres de clase trabajadora, que están contentos con lo poco que tienen y no quieren vivir en otro sitio, negándose a prescindir de sus raíces. Con su personaje, Gilgun quería alejarse del arquetipo de la persona bipolar que ha mostrado a menudo la televisión. En esta serie demuestra que alguien bipolar, aunque esté atravesando una depresión, puede hacer las mismas cosas que el resto. Su personaje es alguien que ha fracasado en la vida pero que sigue luchando, intentando ver la vida de forma optimista. Siempre asomándose a su propio abismo, dejando de lado el vértigo al cual está sujeto. Forma parte de una generación llamada, como se dice en la serie, “los jóvenes olvidados de Blair: niños que crecieron en una ciudad que no ofrecía nada. Sin oportunidades, sin perspectivas, sin esperanza, pero lo que nunca entenderán es que es una forma diferente de vivir”.

‘Brassic’ combina comedia y drama virtuosamente. El espectador disfrutará mucho de los cambios de tono, nada artificiales. De escenas absolutamente hilarantes, ridículas, surrealistas y locas (el penúltimo capítulo es sublime) se pasan a otras, por su contenido, decididamente emotivas y dramáticas. Esto, junto a unos personajes sólidos y bien construidos, incluso los secundarios como el doctor Chris Cox encarnado perfectamente por Dominic West (‘The Wire’, ‘The Affair’), conforman una serie entrañable con corazón, vísceras y honestidad.

Filólogo hispánico. Máster de Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana. Me encantan las series, el cine y la literatura.

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