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‘Casa ajena’ (Remi Weekes, 2020) Afro-terror y denuncia.

Aunque no acaba de funcionar en el plano sobrenatural —a causa de una demasiado pronta revelación de la iniquidad; como en tantas otras disciplinas que no vienen a cuento, los preliminares se antojan esenciales y sugerir casi siempre es mejor que mostrar—, ‘Casa ajena’ presenta abundantes elementos de interés.

Lo que primero llama la atención es la sorprendente fusión que lleva a cabo entre subgéneros, a priori, tan alejados entre sí como el realismo social británico alla Ken Loach y el terror gótico de casas encantadas. A la improbable y, sin embargo, efectiva mezcla se le añade además la tragedia de los refugiados.

En efecto, los responsables de ‘Casa ajena’ manifiestan especial pericia en los tramos netamente dramáticos, concretamente en el doloroso retrato que hacen del estado de alienación en que malvive la pareja protagonista y de sus esfuerzos por plegarse a unos usos que les son extraños hasta a niveles sensoriales —muy ilustrativo resulta el rechazo que a ella le despierta el sabor a metal del tenedor—.

En rigor, dicha adaptación consistiría, más bien, en una aculturación, y a contrarreloj encima. Renunciar a las propias raíces como servil muestra de agradecimiento y buena voluntad para con el blanco espléndido y encantado de conocerse. Un peaje, a mi juicio, excesivo a fuer de cruel, y que se inscribe de lleno en la nefasta gestión que por aquí hemos hecho de las sucesivas crisis migratorias.

Ésta constituye el enésimo motivo de sonrojo para una Europa donde, incomprensiblemente, seguimos considerándonos el faro moral de Occidente. No me extraña que los americanos se partan de risa cada vez que nos oyen pontificar, sobre todo cuando inmediatamente a continuación suelen tener que venir a limpiarnos el culo. Sobran los ejemplos al respecto.

En cuanto a su breve reparto, Sope Dirisu entrega un trabajo notable. El apocamiento y fragilidad aparentes de ese antiguo empleado de banca no ocultan los claroscuros consustanciales a la naturaleza humana. Habida cuenta de la proliferación de estereotipos —y no sólo en el simplón universo de las modernas películas de miedo—, se agradecen personajes poliédricos y con un trasfondo, como poco, discutible.

Por su parte, la rotunda Wunmi Mosaku, que viene de repartir talento y flow a manos llenas en la prescindible ‘Territorio Lovecraft’ (Lovecraft Country, 2020) —de hecho, ella es de lo poco que se salva del naufragio—, vuelve a deslumbrarnos con esa dignidad suya hecha de un aplomo de siglos y la gestualidad mínima de numen primigenio.

Tráiler

¿Pasa el corte?
Overall
3.1
  • Originalidad
  • Edición y montaje
  • Banda Sonora
  • Interpretaciones
  • Guion
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Resumen

Lo mejor: la valentía de sus responsables para mezclar subgéneros, a priori, extrañísimos entre sí.
Lo peor: en sus aspectos puramente terroríficos no acaba de funcionar.

En unas semanas puedes seguir viendo a Sope Dirisu en StarzPlay.

‘Gangs of London’, los submundos criminales londinenses (2020)

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