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‘Call me by your name’ (2017), Luca Guadagnino

Aunque ‘Call me by your name’ se ha convertido en una de las películas del año más aclamadas por el público debido a la naturalidad con la que trata de una historia de amor homosexual sin ceñirse a los estándares cinematográficos del género LGTBI, difícilmente se llevará muchas estatuillas.

Su ambientación en el verano mediterráneo y tomar como referencia un par de meses en los que todo y nada pasa han llevado a muchos a compararla con Verano de 1993. En ambos casos, con protagonistas menores de edad que se enfrentan a situaciones que les marcarán de por vida. Pero, a pesar de ser dos poderosas películas con identidad propia, el tema es radicalmente distinto. Y es que de lo que no cabe duda es de que Call me by your name habla sobre el deseo.

La atracción por lo prohibido

El mayor acierto de este filme es sin duda su capacidad para retratar todas las fases del primer amor con más imágenes que palabras. La sublime interpretación de Elio, el joven protagonista a quién también podemos ver en Ladybird, hace palpable la aparición de esos sentimientos incipientes sumados al fervor adolescente. Una mezcla de sensaciones en la que el deseo y la atracción le abofetean mientras se niega a reconocer lo que le está sucediendo.

Esta atracción va in crescendo hasta llenar el ambiente de una tensión sexual no resuelta en la que el espectador pasa a ponerse en el lugar de Oliver, un americano de 25 años que pasa el verano en casa de un amigo con un hijo de 17. Encantador, atractivo e inteligente, Oliver tiene todas las cualidades para conseguir a quien se proponga. ¿Pero qué hacer si se siente atraído por un menor de edad que es, además, el hijo de su amigo?

La transición entre el miedo a lo prohibido y el dejarse llevar (por la que la película pasa casi de puntillas haciendo que el comportamiento de Oliver parezca más una proyección mental de Elio que el de un personaje secundario que no sabe que no es el protagonista) ha dejado sin embargo una larga lista de artículos sobre qué pasaría si la menor fuera una mujer.

Pongámonos entonces por caso que las protagonistas fuesen dos mujeres, de 17 y 25 años. Tampoco el público juzgaría tan duramente el estupro como si se tratase de una menor con un hombre mayor de edad. El rechazo ante la diferencia de edad no depende por tanto de si el menor es hombre o mujer, si no de si se suma a una diferencia de género percibida como desigual.

El primer amor

El poder de la pasión y de esos primeros besos tan deseados se integran en el ambiente cálido de una noche de verano. Su erotismo, más sugerente que explícito, recrea una relación que resulta del todo natural y verosímil a pesar del chocante punto de partida. A la hora de dar el primer paso, será una vez más Elio quien encarne las mejores líneas del diálogo de una forma espontánea e inesperada para desvelar una atracción irreprimible.

– ¿Hay algo que no sepas?
– Yo no sé nada, Oliver.
– Bueno, pareces saber más que nadie por aquí.
– Si tú supieras lo poco que sé realmente sobre las cosas que importan.
– ¿Qué cosas que importan?
– Tú sabes qué cosas.
– ¿Por qué me estás diciendo esto?
– Porque pensé que deberías saberlo.
– ¿Porque crees que debería saberlo?
– Porque quería que lo supieras. Porque quería que lo supieras. Porque quería que lo supieras… Porque no hay nadie más a quien le pueda decir esto excepto a ti.

Unos diálogos llenos de subtexto y bien trabajados que se suman a una larga lista en la que la conversación entre el padre y el coprotagonista sobre el deseo homosexual mientras mantienen eruditas conversaciones sobre esculturas griegas, entre otros, pasean al espectador entre los límites de la casualidad y la intencionalidad.

El cambio es lo único constante

Otro de los aspectos que ayudan a Call me by your name a convertirse en una obra cumbre apta para todo tipo de públicos es el mensaje filosófico de fondo. Entre las frases de Heraclito en los libros de Elio, el adolescente decide destacar una sin saber todavía hasta qué punto esta se hará patente en su propia vida: “El significado de que el río fluye no es que todo cambia y por eso no podemos encontrar las mismas cosas dos veces, sino que algunas cosas sólo son lo mismo porque cambian”.

“The meaning of the river flowing is not that all things are changing so that we cannot encounter them twice, but that some things stay the same only by changing”

Y como dicen que el amor solo puede vivir en el anhelo, ese eclipse de una noche de verano llega a su punto más álgido con la separación. Un cierre magistral con las letras de visions of Gideon sobre el rostro de Elio se convierte en el punto del metraje más intenso emocionalmente.

Al más puro estilo del gatopardo, ‘Call me by your name’ lleva de la política al amor ese famoso dicho de que “a veces es necesario que todo cambie para que todo siga igual”.

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Licenciada en Comunicación Audiovisual y Publicidad, Consultora de Contenidos y amante del guión. Convencida de que el buen cine no entiende de épocas ni de géneros y fan de las buenas series con sabor a palomitas. Entusiasta del cine europeo, político, social, independiente, de los thrillers y del cine negro, y de las manchas de tinta de Olivetti.

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