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‘Away’ (2020). Marte es lo de menos | Netflix

En ‘Away’, la astronauta norteamericana Emma Green (Hilary Swank) se prepara para liderar una tripulación internacional en la primera misión a Marte. Esta gran hazaña en su trayectoria profesional va unida a la difícil decisión de tener que separarse de su marido (Josh Charles) y su hija adolescente (Talitha Bateman) cuando más la necesitan, y al hecho de que quizá no vuelva a verles.

Definitivamente, Henry James se precipitó al juzgar a Shakespeare el mayor fraude de la historia. Debería haber esperado a ver ‘Away’. Porque de nada más benévolo puede tildársela cuando uno espera asistir a una entretenida aventura espacial y recibe, en cambio, un insufrible telefilm de sobremesa donde el melodrama, el salseo y los pikis tienen un peso infinitamente mayor que el florilegio de dificultades de prever en la gesta de poner el pie en Marte por vez primera.

La verdad, no contaba con el advenimiento del heredero artístico de Kubrick y Tarkovski, precisamente; pero sí, al menos, con que, comparadas, medianías de la ralea de la sobredimensionada ‘Gravity’ (ídem, 2013) y la masturbatoria ‘Marte’ (Mars, 2016-2018) no se antojasen de pronto obras maestras del subgénero.

Marte es lo de menos.

A mi juicio, cabe rastrear la génesis de buena parte de los —muchos y muy graves— problemas de ‘Away’ en lo que perfectamente pudiera llamarse fetichismo de la diversidad, recientemente consagrado por las nuevas normas de la Academia para optar al Óscar a la mejor película. Me explico: siendo imposible que la tripulación de un cohete espacial albergue a un portavoz de cada uno de los infinitos colectivos susceptibles de poner el grito en el cielo sin que aquélla parezca el Orfeón Donostiarra, alguno va a haber que se tenga que quedar en tierra.

¿Cómo evitar la inmediata e implacable crucifixión en RRSS? Nos sacamos de la manga las subtramas que sean necesarias —vengan a cuento o no—, con tal de que ninguna etnia, orientación sexual, clasificación DSM-IV-TR, equipo de fútbol o de mus o de bronceado olímpico carezcan de su oportuna representación. El ejemplo más claro del absurdo lo encontramos en el personaje encarnado por Monique Gabriela Curnen, merced al cual se cubre el cupo hispano. Dándole una hija con síndrome de Down matamos dos pájaros de un tiro y aquí paz y después gloria.

En base a dicha lógica…

En base a dicha lógica —éticamente inobjetable, al tiempo que narrativamente insostenible—, se da voz también a los discapacitados físicos, a las chinas lesbianas y a los practicantes (católicos) de motocross. ¿Qué pintan todos ellos en la historia? Eso es lo de menos, hombre.

Al final, qué casualidad, ‘Away’ funciona sólo en sus tramos más netamente aventureros, apenas media docena —si llega— en casi diez horas de metraje. Tampoco extraña la escasez de estos, habida cuenta del tiempo que se pasan los presuntos astronautas protagonistas colgados del teléfono charlando con sus deudos, no vayan a quedarse sin saber quién hizo o dijo qué, qué les dijo o hizo quién y si han comido pan.

Suerte que, hacia el sexto episodio, se queden sin cobertura. Entonces ya sí se tienen que poner a currar en serio, permitiéndosenos atisbar una mínima porción de las vicisitudes propias del viaje más largo y peligroso jamás afrontado por el ser humano, ríete tú de abandonar África, hace 65.000 años o anteayer. Demasiado tarde, no obstante, para hacer remontar el vuelo a una serie en cuya contemplación bochornosa cuesta sustraerse a la tentación de arrojar la TV por la ventana, cancelar la suscripción a Netflix o ambas. Ojalá sus numerosos responsables tomen nota de cara a una probable —aunque parezca increíble— segunda temporada.

Tráiler

¿Pasa el corte?
Overall
2.3
  • Originalidad
  • Fotografía
  • Edición y montaje
  • Banda Sonora
  • Guion
  • Interpretaciones
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Lo mejor

  • La media docena de vicisitudes espaciales de las que, sólo muy al final, se nos permite disfrutar. Apenas unas gotas de entretenimiento sano en mitad de un bochornoso océano de melodrama y cotilleos.
  • Que una probable segunda temporada no puede ser peor que la primera.

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