‘A Taxi Driver: Los héroes de Gwangju’, periódicos en blanco (2017)

¿Sabes esas películas que te quedas a ver siempre que tienes la oportunidad? Esa es ‘A taxi driver’, para nada una película tontorrona de sobremesa o domingo noche. Nada más lejos de la realidad. Esta es una de esos films que ves una y otra vez porque tiene algo importante que contar y sabe hacerlo con la misma delicadeza que crudeza, sin omitir el dolor de todo un pueblo, dándole el toque justo de humor para hacerla amable y con un reparto imposible de olvidar.

Kim Man-Seob (Song Kang Ho) es un taxista viudo que malvive en Seúl con su hija de once años. Pasa por un bache económico, pero una gran oportunidad aparece ante sus ojos cuando un reportero alemán, Peter (Thomas Kretschmann), le ofrece un dineral a cambio de un trabajo: llevarle de Seúl a Gwangju para cubrir el levantamiento de 1980, un alzamiento popular ocurrido en la ciudad surcoreana, cuando los ciudadanos se levantaron contra la dictadura de Chun Doo-hwan y tomaron el control de la ciudad.​

‘A taxi driver’ es el despertar de la conciencia de clase, la fraternidad y la empatía que solo surge en momentos de tragedia y atropello social, y vemos como lo hace, a un mismo tiempo, sobre los espectadores y el protagonista, que se convierten en uno nada más empezar la cinta. Es, a su vez, un canto a ser capaz de ver más allá de nuestro propio ombligo, así, como a no creer todo lo que los medios de comunicación y los gobiernos nos cuentan sin antes haberlo contrastado y pensado concienzudamente.

Conforme pasan los minutos cae la venda de los ojos de nuestro protagonista y se revela lo que verdaderamente estaba ocurriendo en Gwanju. Una masacre nacional que el mundo pudo conocer gracias al coraje, valentía y sacrificio de todos aquellos que plantaron cara a un gobierno totalitario que intentó silenciarlos. Se muestra sin tapujos la guerra abierta en las calles, los cuerpos que se amontonan en los pasillos de un hospital desbordado, la desesperación de madres y padres que temen por las vidas de sus hijos y que no comprenden como les puede estar ocurriendo esto a ellos, en su propia casa.

Habla, también, del honor y valentía de aquellos que son conocedores de la importancia de mostrar al mundo lo que ocurre en las calles de forma objetiva. Lo hace a través de prensa que se pone en primera línea de conflicto, que lucha por imprimir un periódico con historias libres de censura en vez de páginas en blanco que si quisieran ser leídas, también contarían mucho, pero que son perseguidos y amenazados por los que se encuentran en el poder.

La recreación de las protestas es tan real que pone el vello de punta. Hay cientos de rostros en los que la cámara centra la atención y con ello se crea un prisma de realidades tremendo. Ciudadanos de todo tipo, clase y género se hermanan e intentan protegerse de la violencia brutal que su propio cuerpo militar ejerce sobre ellos. La fraternidad se demuestra a través de grandes gestos, como vemos en los esfuerzos de los taxistas de la ciudad que pasan de la mañana a la noche a hacer la labor de las ambulancias, a otros, tan pequeños pero vinculantes, como es el compartir comida con una sonrisa en la cara en medio de una protesta.

El trabajo de cámara y montaje es, en las escenas a pie de calle, magistral. Los contrapicados, los primerísimos planos y las imágenes áreas nos permiten conocer, como si estuviéramos dentro, como eran las calles de una Gwanju bajo el estado de sitio dejándonos sentir el aire cargado de gas que dificulta la respiración y entorpece la vista. La agilidad de cambio de plano y la rapidez en la que se suceden y concatenan eventos imprimen al conjunto un aire de paso del tiempo que aunque no frenético si es intenso, irreversible y de una importancia crucial.

Un trabajo inolvidable

La mezcla de personajes es tal que sabes lo vas a pasar genial viendo como intentan conocerse o ponerse de acuerdo, aunque no necesariamente en ese orden. La compleja situación que unirá a todos los involucrados en la trama hará que cada momento sea vital y trascendental, aunque no es hasta bien avanzada la película que son verdaderamente conscientes de ello, y eso nos permite disfrutar de más de una carcajada, guiño e ironía mientras los vemos pasar las horas juntos. Las peripecias se suceden una tras otra en una película que es capaz de implementar una road movie dentro de la cinta de enorme carga dramática que no olvida los tintes históricos ni la historia basadas en hechos reales en la que se apoya mientras da forma a ‘A taxi driver’.

Todo puede salir mal si juntas a un taxista de corazón amable pero muy pícaro y decidido con un reportero alemán muy consciente de la importancia de su trabajo, pero a un mismo tiempo demasiado orgulloso para pararse a explicarlo a nadie. La gran diferencia entre ellos es, como siempre, económica. En la historia están aquellos que luchan por sobrevivir en un sistema que los asfixia de forma continuada, aquellos que desde una óptica cómoda, económicamente hablando, pueden permitirse el lujo de enfrentarse al sistema y todos aquellos que se ven abocados, para salvar sus vidas, la poca dignidad que les queda y el futuro de sus hijos e hijas, a luchar contra un gigante sin escrúpulos, ni empatía, como era el estado opresor del dictador Chun Doo-hwan.

Durante todo el metraje se juega con la situación personal del protagonista, que se ve entre la espada y la pared mientras pone sobre una desequilibrada balanza el poder estar con su hija, el mantenerla y/o hacer lo que su conciencia le pide a gritos que haga, sea cual sea el precio a pagar. Song Kang Ho es uno de esos actores que sabes nunca te van a decepcionar. Dando vida a Kim vuelve a demostrar que no importa el registro en el que tenga que trabajar, siempre va a calar en el espectador pasando a convertirse en un amigo por que el lo darías todo. Pero no es el único al que le cambia la vida por completo. Ryu Jun-yeol, una vez más sublime, da vida a un joven llamado Jae Sik que pronto comprende lo mucho que hay en juego y que no duda en exponerse, sea cuales sean las consecuencias. El reparto lo completan un sinfín de grandes estrellas como son Yoo Hae Jin, Cha Sun Bae, Park Hyuk Kwon y Choi Gwi Hwa entre otros.

Ciertamente, ‘A taxi driver’ tiene mucho que decir, y el mensaje llega, aunque lo hace usando fórmulas poco innovadoras y un guion muy predecible y sencillo, no siendo esto último necesariamente negativo, porque permite llegar a todo aquel que se acerca a ella conocer una historia de sacrificio que permitió empujar el cambió de rumbo político y social de Corea del Sur cuando más lo necesitaba.

Tráiler de ‘A Taxi Driver’

¿Nos encanta?
Overall
3.8
  • Fotografía
  • Guion
  • Originalidad
  • Banda Sonora
  • Interpretaciones
  • Edición y montaje
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Puntos fuertes

  • Una historia con mucho que decir que no se esconde de nada.
  • Un trabajo emotivo y emocionante de la mano de Song Kang Ho.
  • Escenas impactantes que te obligan a seguir investigando sobre la historia surcoreana.

Otras películas para descubrir la historia de Corea del Sur son:

71: Into the Fire’, las 11 horas de P’ohang-dong (John H. Lee, 2010)

Sado’, quien no debe ser mencionado (Lee Joon-ik, 2015) | ‘The Throne’ | A Buenas Horas

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