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’13 Reasons why’, la segunda temporada sigue siendo muy necesaria

El pasado viernes, 18 de mayo, se estrenó en Netflix la segunda temporada de ’13 Reasons Why’, ahora mismo una de las series más importantes para los adolescentes. La primera temporada maravilló a la audiencia, a la par que levantó cierta controversia en el modo en que la serie representa asuntos como el suicidio o la violación. Se ha convertido en un gran fenómeno y ha generado una avalancha de opiniones. Para unos, tendría que convertirse en obligatoria en los colegios, y para otros todo lo contrario, pues la ven como una apología del suicidio (una afirmación ridícula). En la primera temporada, el suicidio de Hannah se materializa en una escena muy bien filmada, realista, dolorosa y desagradable que, para nada, tiene intención alguna de incitar.

Para combatir esto, Netflix ha estado acertado en añadir a la temporada un programa-debate al finalizar cada episodio, una mesura para evitar esta polémica, dejando bien claro que todo los problemas hay que hablarlos. La temporada arranca con un mensaje de los actores, que advierten del contenido gráfico de la serie, y animan a los jóvenes que estén pasando por situaciones difíciles a pedir ayuda. Esto supone desterrar las absurdas ideas que postulaban con firmeza que esta serie trataba el suicidio con glamur.

Reconozco que no tenía muchas expectativas con esta nueva temporada porque creo que la primera quedó lo suficientemente cerrada para no tener que continuarla. Pero me equivocaba, luego explicaré el motivo.

Es una serie en la que el target tiene una importancia fundamental. Aunque, principalmente, esté dirigida al público juvenil, está claro que la cadena también contempló y quiso llegar a un público adulto, ya que los adultos son los encargados de hablar de la serie a los medios. Estos no saben realmente cómo son los jóvenes de la edad, pues pertenecen a otra generación. Netflix sabía muy bien que los temas controvertidos y tabú generarían debate en los dos lados, tanto en mayores como en adolescentes (‘hablad bien o mal de mí, pero hablad’).

En realidad, no es una serie que quiera hablar sólo de suicidio, este es un motor para abordar otros temas. En la primera temporada el punto de vista era esencial, servía para que el espectador conectase con el personaje. Cuando tratas un tema peliagudo, la audiencia tiende a separarse del personaje, por eso la voz en off fue fundamental (es como si fuera la cabeza del espectador). La ventaja de usarla es que permite dar mucha información en poco tiempo (en ‘Narcos’ produce mucha riqueza narrativa). Necesitaron que Clay llevase el relato de un punto a otro, para que narrativamente tuviera sentido. La lógica de la primera temporada se articuló en convertir al protagonista en un narrador no fiable (miente a sus padres), para contrastarlo con ella, una narradora fiable.

En lugar de las cintas, que seguirán presentes, esta segunda temporada toma la estructura del juicio, se centra en la declaración de cada uno de los personajes. Precisamente lo que más me ha interesado de esta nueva tanda de episodios es que el relato se vehiculase, en cada capítulo, a partir de la declaración de cada personaje, en el caso de Olivia y Andy Baker contra el distrito escolar de Liberty High (gran ironía en el nombre) que ahora es mucho más duro. En términos narrativos, esta manera de contar la historia es mucho más verosímil que la escucha fraccionada (repetitiva y cansina) de las cintas en la primera temporada.

La segunda temporada comienza retratando las consecuencias de la muerte de Hannah, cinco meses después de la tragedia. Que el juicio finalmente se haya celebrado supone volver a pensar en ello, importante a todas luces. Es difícil decir verdades dolorosas, pero es el momento de contarlas. Hay gente que no quiere hablar sobre el asunto, pero si no lo hace nada cambiará.

Los padres consideran que la administración podía haber evitado el desastre (han perdido absolutamente todo, sólo les queda la justicia). Se supone que en el juicio cada parte pretende ayudar con su versión de la historia, sin embargo también se contarán muchas mentiras por parte de los implicados. Cada cual tiene su propia verdad.

Mucha gente ha tachado de innecesaria esta segunda parte. Por un lado, tienen razón, sobre todo, si hacemos referencia a la parte del thriller que sirve para estirar el chicle. El misterio es redundante, no aporta nada nuevo, en vez de cintas, ahora son fotografías, que nunca cuentan una historia entera. Al parecer, hubo detalles que no estaban en la cinta. Descubrimos (el espectador y los personajes) cosas de Hannah que no sabíamos (uno nunca termina de conocer a alguien).

No entiendo porque los guionistas han hecho esta trampa (que puede disuadir a muchos espectadores de ver esta nueva temporada), pues el juicio tiene el suficiente peso narrativo para llevar a cabo una temporada mucho más sólida y compacta. El juicio permite profundizar en temas que sólo mencionaron de pasada en la primera temporada. Asuntos, como el consentimiento y el abuso sexual, la cultura machista del instituto, la manera de tratar a la víctima y la violación, que pusieron sobre la mesa, en esta temporada se habla profundamente de ellos. Sólo por esto, creo que esta segunda temporada, quitando lo innecesario, es muy superior a la primera, que, en mi opinión, no despega del todo hasta su recta final.

Clay sigue viendo a Hannah en todo momento (estad atentos al cierre que causará mucho debate, el episodio final es como una montaña rusa). Justin y Alex continúan luchando con sus fantasmas personales. Pero la trama más interesante y brutal es la de Jessica (Alisha Boe), principal razón para afirmar con rotundidad lo necesaria que es esta temporada. Tiene momentos muy incómodos y desagradables. Recordemos que fue violada por Bryce (un personaje por el que inevitablemente sientes un asco y odio profundos). Podemos sacar varios paralelismos entre Jess y Hannah, que acabó suicidándose porque no logró ver una salida reversible. Se perdió a sí misma, intentó tender su mano con buenas intenciones, y los demás se la retorcieron. Uno nunca espera la gran desgracia, siempre piensas que tendrás tiempo de sobra (‘aún queda, aún queda’). Por desgracia, no siempre tenemos segundas oportunidades para ayudar a los otros. Los hijos no cuentan todo lo que sienten, una gran equivocación, pues es imposible arreglar algo que no sabes que está roto. A veces tener las mejores intenciones no es sinónimo de conseguir nada, la falta de confianza se traduce en silencio. El gran mensaje de la serie es instar a hablar y a no callarse, nunca se llega a estar solo del todo, siempre hay más razones para no hacerlo. Entre todo este laberinto y caos identitario, el juicio sirve para que la verdad salga a la luz. Hay que luchar contra el abuso en todos los niveles y castigar sin piedad a los abusadores (por desgracia a veces no se consigue).

No podemos evitar que los recuerdos sigan ahí. En ocasiones tranquilizan y en otras torturan. Sentimos la necesidad de recordar, nos da miedo olvidar. Está claro que el dolor nunca desaparecerá del todo, pero Clay, y los demás, tras intentar hacer justicia, tienen que dejar marchar a Hannah (esto no implica dejar de quererla) porque la vida sigue y hay que aprovecharla antes de que el tiempo nos borre y expulse del universo para siempre.

Filólogo hispánico. Máster de Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana. Me encantan las series, el cine y la literatura.

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