‘Yo, Frankenstein’ (Stuart Beattie, 2014)

YO, FRANKENSTEIN 4El monstruo de Frankenstein, al que erróneamente se ha atribuido por lo general un nombre que en realidad le pertenece a su creador, nació de la pluma de Mary Shelley en 1818 y fue protagonista del primer texto de ciencia ficción de la historia. Lejos de estancarse en su novela original la criatura devuelta al mundo de los vivos se ha convertido a lo largo de estos dos últimos siglos en un recurso recurrente tanto dentro como fuera del género del terror, protagonizando y participando activamente en historias de todo tipo, muchas de las cuales han sido adaptadas a la gran pantalla. Resucitó de nuevo, se echó novia, tuvo un hijo, luchó contra el conde Drácula, ayudó a Van Helsing en su cruzada… Las aventuras del monstruo se suceden sin cesar y lo arrastran de una temática a otra, tocando géneros tan opuestos entre sí como la acción y la comedia sin hacerle ascos a ninguna clase de guión. Lo cierto es que el desgaste comercial del famoso experimento viviente le ha acabado pasando factura a largo plazo, y no todas sus apariciones cinematográficas han gozado de un nivel de calidad adecuado a su renombre. El cajón de los fracasos hace hueco este año para Yo, Frankenstein, film de Stuart Beattie que se posiciona como firme candidato a la más deficiente readaptación del personaje de la década.

La película arranca con una introducción que perfectamente podría estar entre las cinco peores del año, pero que al menos ayuda al espectador a meterse en materia. El monstruo de Frankenstein, resignado a no ser más que una criatura sin alma, tendrá que descubrir en sí mismo la clave para ayudar a las gárgolas en su eterna lucha contra los demonios y así salvar a la humanidad de su completa aniquilación. La base argumental es simplista por sí sola, aunque sorprendentemente su insípida y precipitada narración consigue empeorar el resultado final conforme avanza el metraje gracias a una casi obsesiva reiteración de situaciones ya vistas y a unos diálogos malos hasta la saciedad, desaprovechando por completo las escasas buenas ideas que se atreve a incluir en un guión demasiado manido en todas sus facetas como para sorprender mínimamente.

YO, FRANKENSTEIN 5En honor a Aaron Eckhart hay que decir que a pesar de las enormes limitaciones de su personaje consigue llevar a cabo una actuación bastante aceptable, mientras que por su parte Yvonne Strahovski dota de cierto encanto a su aburrida aportación a la trama. El resto del reparto hace lo que puede con sus respectivos papeles, aunque no sobrepasan la mediocre regularidad que caracteriza a la película en su conjunto. Hay algunas escenas aceptables (muy pocas), pero generalmente el atropellado ritmo de la narración logra echar a perder las ya de por sí limitadas virtudes técnicas del film. El nivel artístico de los escenarios destaca por encima de los irregulares efectos especiales, tan pronto sorprendentes como decepcionantes, con mención especial a unos demonios que rozan el ridículo más espantoso. La banda sonora cumple su cometido sin mayores alardes que el solvente resultado de un par de partituras concretas, las cuales acompañan correctamente la acción.

El lado oscuro del cine comercial ha quedado plasmado en Yo, Frankenstein con impoluto descaro. Stuart Beattie firma un trabajo sumamente pobre y desaprovechado, carente del menor grado de esfuerzo y creado con evidente afán recaudatorio. Demuestra cierta capacidad de entretenimiento en sus compases más prominentes gracias al alto nivel de espectáculo exhibido, pero el lastre de su fútil historia y personajes, mal planteados y fatalmente desarrollados, hunde la película en una absoluta vulgaridad. Todo aquel con curiosidad por explorar las muchas versiones alternativas de la novela de Mary Shelley debería ignorar automáticamente este desastre audiovisual y depositar su interés en opciones mejores, las cuales podrá encontrar en casi cualquier formato.

YO, FRANKENSTEIN 3

Juan Pedro Rubio

Inofensivo estudiante de derecho durante el día, intrépido redactor online por la noche. Adicto al café, a las corbatas y al buen cine, siempre disponible para afrontar nuevos proyectos y esperar que me paguen por ello.

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