Woody Allen: Blanco sobre negro.

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¿Conocen este chiste? Dos señoras de edad están en un hotel de alta montaña y le dice una: ¡Vaya, aquí la comida es realmente terrible! Y contesta la otra: Sí, y además ¡las raciones son tan pequeñas! Pues, básicamente, así es como me parece la vida: llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa.

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Woody Allen da entrada así a una de sus películas más emblemáticas: Annie Hall. No es casual que comencemos este monográfico con este chiste, al igual que el director neoyorquino hace lo propio con su película, ya que creo que podemos extrapolarlo a su forma de hacer cine: historias repletas psicoanalistas, sexo, judíos neuróticos y obsesión por la muerte, entre otras muchas cosas, que, sin embargo, se acaba(n) demasiado deprisa.

Allan Stewart Königsberg nació en Brooklyn el día 1 de diciembre de 1935. En 1952, decide adoptar el seudónimo de Woody Allen para que sus padres no reconocieran su firma en el periódico en el que comenzó a publicar algunos chistes, ya que ellos pretendían que fuese farmacéutico. Observamos, pues, que los inicios de nuestro realizador están estrechamente ligados al humor y al ingenio, aspectos que no abandonará nunca y que constituirán una parte fundamental de su obra. Sin embargo, el genio de Brooklyn ha demostrado con creces que es capaz de contar historias desde el punto de vista trágico (Match Point o El Sueño de Cassandra son buenos ejemplos de ello). En definitiva, creo que uno de los aspectos fundamentales para entender y valorar la obra del director estadounidense es que conjuga a la perfección ambos géneros, banalizando temas tan transcendentales como la muerte, el amor trágico o el holocausto judío. En Melinda y Melinda (2004) dos directores de teatro, uno dedicado a la comedia y otro a la tragedia, se encuentran en un bar y escuchan una historia que ha ocurrido en la ciudad. Woody Allen realiza así lo que, a mi parecer, es un acertado experimento cinematográfico contándonos, simultáneamente, dos películas diferentes, pero basadas en la misma historia inicial: una narrada desde el punto de vista trágico de uno de los dos directores y la otra, desde el cómico, demostrando de esa manera su gran capacidad como guionista en ambos géneros.

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Se trata de uno de los directores más laureados de la historia del cine habiendo conseguido, hasta el momento, un Oscar como mejor director por Annie Hall y tres al mejor guión original por Annie Hall, Hanna y sus hermanas y  Medianoche en París. Cuenta, además, con dieciséis nominaciones al mejor guión original (la última de ellas por Blue Jasmine, su película más reciente) y siete a mejor director.

Conocida es su facete de buen director en el manejo de actores, quienes le admiran profundamente, considerando una especie de privilegio para sus carreras el hecho de trabajar con él, llegando incluso a bajarse el sueldo. Con un presupuesto medio que no llega nunca a superar los 20 millones de dólares, Woody Allen ha conseguido contarnos algunas de las mejores narraciones de la historia del cine. Para intentar rescatar algunas de ellas, desde MagaZinema nos hemos propuesto confeccionar un monográfico que recorra las cintas más emblemáticas de Woody Allen, el genio de Brooklyn:

 

Match Point (Woody Allen, 2005)

Desmontando a Harry (Woody Allen, 1997)

Manhattan (Woody Allen, 1979)

Annie Hall (Woody Allen, 1977)

Toma el dinero y corre (Woody Allen, 1969)

Salvador Díaz Gómez

Accitano de nacimiento, filólogo en paro de profesión. Amante de la literatura y del cine, escribiendo en MagaZinema con alegría.

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