The Conversation (Francis Ford Coppola, 1974)

La historia del cine está llena de obras que por uno u otro motivo adquieren el estatus de intocables. La mayoría son películas capaces de satisfacer el ansia elitista del más sibarita de los cinéfilos y de entretener al más simple de los espectadores. Todas ellas resisten el paso del tiempo con una frescura envidiable y con los años pasan a ser puntos de referencia para las nuevas generaciones de directores, guionistas e intérpretes.

Pero hay otras que se nos presentan bajo el disfraz de imprescindibles pero no lo son… o al menos no tanto. No me malinterpretéis, no son malos trabajos, no son bazofia ni basura sobrevalorada, pero están lejos de ser una pieza clave, independientemente de los premios que ostente. Desde mi punto de vista, The Conversation cabe en este grupo.

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Dirigida por Francis Coppola, The Conversation (estrenada en 1974) gira en torno a Harry Caul, un experto en vigilancia, espionaje y sistemas de seguridad -interpretado con brillantez por Gene Hackman-, quien recibe el encargo de grabar la conversación que una tarde mantienen en una plaza pública una joven mujer y un hombre. Esta es la escena con la que la historia se presenta al espectador y con la que se le entregan las primeras pistas: la pareja guarda un secreto que puede traerles consecuencias.

Alguien siempre escucha

A partir de este punto, los acontecimientos se suceden de tal manera que la curiosidad del protagonista, unida a viejos sentimientos de culpa no resueltos, lo llevarán a comprometerse más allá de lo recomendable. De a poco comienza a dejarse llevar por un proceso de cuestionamiento personal en el que el peso por las eventuales consecuencias trágicas del trabajo que acaba de realizar y su paranoia habitual, lo llevarán a oponerse a las fuerzas que lo han puesto en esa situación. Las consecuencias, entonces, pueden ser impredecibles.

Es innegable que los primeros minutos de The Conversation son suspense puro: la pareja vigilada que se siente acechada, el cliente misterioso dueño del poder necesario como para hacer lo que quiera y un protagonista silencioso centrado en su trabajo, incapaz de disfrutar de la vida a causa de su obsesión por la seguridad, son elementos que hilvanan una narración en la que constantemente se tiene la sensación de que las cosas no son como se cuentan. Y esto es un mérito.

Sin embargo, el relato va perdiendo fuelle a medida que transcurre; se diluye entre los devaneos existencialistas de Harry Caul, un personaje castrado emocionalmente, víctima irredenta de sus propios errores, incapaz de superarlos y que por lo mismo no sabe cómo relacionarse con los demás.

El problema es que no existe un balance entre la historia personal de protagonista y el relato central. Con o sin intención, Coppola dedica gran parte del metraje a explicarnos detalladamente los conflictos internos del protagonista y  en ese proceso la atención del espectador inevitablemente se desvía. El climax, por su parte, llega intempestivamente, casi sin aviso, dejándonos una reflexión que nos devuelve al punto central del argumento: en esta vida no hay escapatoria posible. Es, a fin de cuentas, el retrato de un hombre roto.

Una mención aparte merece la interpretación de John Cazale en el papel de Stan, uno de los expertos que ayuda a Harry Caul en sus investigaciones. Para los que no relacionan a la persona con el nombre, basta con decir que fue quien encarnó a Fredo Corleone, el hermano debil y timorato de Michael Corleone en El Padrino. Su legado como artista ha sido opacado por su temprana muerte debido a un cáncer, pero su calidad como intérprete ha quedado estampada para siempre en películas como Tarde de perros y la magnífica The Deer Hunter.

Es cierto que The Conversation  estuvo nominada al Oscar a la Mejor Película y a un buen número de Globos de Oro y de Baftas, pero esto no significa que estemos frente a una película perfecta.  No obstante lo dicho, se trata de un trabajo interesante que nos presenta a un Coppola en excelente forma, justo en el periodo de transición creativa entre las dos partes de El Padrino y que finalmente alcanzaría su punto de máxima expresión en Apocalipsis Now. 

Pablo Rodríguez Pinto

Periodista, Copywriter, redactor, fanático de la música y el cine. Rockdríguez

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