Terminator Génesis:
5 razones para no verla (y 4 para perdonarla)

Desde hace unos años parece que a Hollywood ya no le sale urticaria cada vez que hace una secuela. De algún modo – dándose cuenta probablemente de la alta rentabilidad que podría llegar a suponer un buen producto – han ido dignificando con el paso del tiempo esta corriente. Antes, cualquier espectador nos acercábamos con mucho recelo y casi culpabilidad hacia las segundas y terceras partes (¡y más aún si eran quintas, como es el caso de ‘Terminator’, o séptimas, como en el de ‘A todo gas’!). Sin embargo, hoy en día parece que los estudios están cada vez más convencidos de que las historias pueden tener continuidad y superarse a sí mismas y que, con ingenio y respeto hacia el producto, se puede lograrigualar a sus predecesora (ahí tenemos ese calco tanto en historia como en espíritu de “Jurassic World”) o incluso superarla notablemente (como en el caso de esa joya desquiciada llamada ‘Mad Max: Furia en la carretera‘ (George Miller, 2015)), una tendencia cuyo mayor exponente es ese universo superheróico que ha montado Marvel. Por ello, cuando en medio de tanta recuperación de mitos a uno le dicen que van a hacer una nueva película de Terminator (cuyo metraje más emblemático está paradójicamente ligado su secuela) y que, además, viene apadrinada por James Cameron, padre de la criatura, algunos conseguimos superar el escepticismo y recuperar parte de la ilusión por una saga a la que veíamos ya enterrada. Sin embargo, el resultado final de ‘Terminator Génesis’ (Alan Taylor, 2015) no ha conseguido estar a la altura de su saga inicial ni de su personaje, dando lugar con ello a una película entretenida, sí, pero cuyo cuerpo apenas puede ser sostenido por sus maltrechas extremidades. ¿Quiere esto decir que debemos rechazarla sin pensarlo? No, más bien que lejos de nuestras expectativas debemos quererla como es.
 Terminator Genesis Poster

5 Razones para no ver
‘Terminator Genesis’

  1. Sus protagonistas no tienen ningún carisma. Sorprendentemente, el casting de esta película es probablemente uno de los más insípidos del verano. Es cierto que el listón estaba alto, pero ni la Sarah Connor de Emilia Clarke transmite la fuerza de Linda Hamilton ni Jim Clarke nos muestra un John Connor creíble a pesar de los esfuerzos del actor (menos aún si recordamos la presencia que tenía Edward Furlong) ni mucho menos encontramos un mínimo de alma en Kylee Reese, encarnado por un Jai Courtney de lo más funcional.

  2. Los diálogos están ahí porque el cine mudo ya no se lleva. A pesar de un guión relativamente bien construído los diálogos resultan de lo más insípidos haciendo que uno sienta que está perdiendo el tiempo hasta la próxima pelea.

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  3. Tiene un ritmo torpe. Al igual que ocurre con los diálogos, en varias ocasiones la sensación de agotamiento acaba invadiendo al espectador, debido especialmente a que en muchas ocasiones en vez de crear sólidas escenas de acción lo que hacen es encadenar breves piezas que nos son más que una continuación de la misma pelea pero con interrupciones. Todos recordamos la escena del edificio de T2, pero no creo que nadie recuerde ninguna set-piece de este nuevo metraje por muy espectaculares que puedan resuktar algunas.

  4. Sus toques de humor hacen aguas. Si hay algo que se le debe reconocer a ‘Terminator 3: La rebelión de las máquinas’ (Jonathan Mostow, 2003) es su sentido del humor autoparódico, algo que, en cierta medida se intenta recuperar en esta nueva secuela con algunos guiños como la pregunta frecuente sobre el apareamiento entre Sarah y Kyle, la sonrisa forzada o el “Encantado” de Terminator. Uno no llega a entender por qué a veces funcionan y otras no, pero seguramente el problema resida en que todos ellos se basan en la repetición descontextualizada, no en la inspiración o en la ocurrencia puntual.

  5. Está lastrada por una excesiva autoconciencia. La saga de Terminator siempre ha tenido casi todo el cuerpo metido en las profundidades del drama, pero en esta ocasión, tal vez por la eterna herencia de Nolan en el cine de acción reciente o por el poso amargo de ‘Terminator Salvation’ (McG, 2009), acaba resultando plomizo y, de nuevo, bastante insulso.

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4 razones para perdonarla

  1. Un giro de guión “inesperado”. Seguramente el mayor acierto de la película consiste en darle por completo la vuelta al personaje más elemental narrativamente de la saga… pero, por desgracia, la errática campaña por parte de Universal se ha empeñado en estropearnos la sorpresa tanto a través del tráiler como del propio cartel, haciendo que algo que realmente habría sorprendido a propios y extraños fuese un elemento más de una trama, por lo demás, bastante previsible.

  2. Su interesante punto de partida. La idea de volver a recorrer la historia ya conocida pero reinventándola sin traicionarla es lo decisión más sensata de cara a hacer esta secuela-reboot en la que los viajes en el tiempo permiten que la saga pueda plantearse. Otra cosa es pensar si realmente tenía sentido hacer un reboot, pero dispuestos a hacerlo el camino parece el adecuado.

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  3. El carisma de sus (desaprovechados) secundarios carismáticos. El primero y más evidente es la fugaz intervención del gran J.K. Simmons con un policía obsesionado con los robots a raíz de los viajes temporales que acontecen en la película y que supone un cierto alivio cómico a la trama principal; una pena que no funcione tan bien como cabría esperar y que desaparezca cuando uno está empezando a encariñarse de él.  Ahora bien, sin duda el más importante e inesperado es, sin quererlo… ¡el propio Schwarzenegger! Él, que es el principal (incluso único) reclamo para que el espectador vaya a ver la película transmite la sensación de estar un poco de relleno, de no tener el empuje ni la iniciativa que tenía en las tres primeras partes – donde su rol natural de secundario pasaba completamente desapercibido -, en definitiva, de ir allí donde le dicen para hacer prácticamente lo que le piden… pero a pesar de todo ello su presencia sigue prácticamente intacta: cada vez que aparece en pantalla se lleva toda la atención del respetable, el cual, sin embargo, siempre parezca querer pedirle un poco más.

  4. Su dardo envenenado…¿contra Google y Apple? Como no podía ser de otra manera la revolución tecnológica ha tenido que reinventarse y ya no podemos hablar de las máquinas y de los robots como seres ajenos a nuestro día a día, sino que el control del que gozan las mismas viene propiciado por nuestra absoluta dependencia de ellas. Por ello, es digna de alabanza la integración de los móviles, las tablets y demás dispositivos portátiles cotidianos dentro de la mitología de la saga gracias a la reinvención de Skynet como Genisys, un sistema operativo como Android/Google o iOS que pretende conectar toda nuestra vida a través de un único sistema informático al cual concedemos toda potestad. Una distopía, por lo tanto, que cumple su función: prevenir los posibles peligros de nuestro futuro más inmediato.

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Epílogo

Nos encontramos, en resumen, ante una película que, como decíamos más arriba, es altamente irregular, que cumple su cometido de entretener al espectador pero que no se preocupa en ningún momento por resultar brillante, lo cual es tan decepcionante como imaginarse que el propio Terminator decidiera salvar a Sarah Connor llevándosela a un bunker infranqueable para jugar a las cartas durante horas y sin pegar ni un solo tiro. Ahora bien, si tenemos que buscar culpables, debemos reconocer que lo que parece desprender ese hedor de imperfección parece ser la falta de interés y de confianza por parte de la productora en su propio producto (algo palpable en los tráilers y el cartel, capaces de destrozar la trama principal), volviendo con ello a aquella época en que los estudios creían que las secuelas tan sólo eran máquinas escupebilletes que a duras penas mercían estrenarse en salas o en salones, en vez de ver en ellas una oportunidad real para completar, reinventar y honrar a una saga. La oportunidad se ha desaprovechado y, sin embargo, no nos hace tirar la toalla definitvamente sino más bien tener un mínimo de ilusión de que en un futuro remoto, con una manos más hábiles y un mejor ojo artístico, podríamos llegar a disfrutar de esa tercera parte que los fans de la saga llevamos 24 años esperando.

Diego Rufo

Amante del cine desde que pisó por primera vez una sala de proyección con 3 años, lleva desde entonces dando vueltas en espiral alrededor de esta pasión a través de sus estudios en Filosofía, la organización de Cinefórums en la Universidad, y por supuesto, la constante formación a través de libros y, cómo no, de películas.

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