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‘SMILF’ Y ‘The Marvelous Mrs. Maisel’: La tragedia dentro de la comedia

En estas fechas tan señaladas permitidme recomendar encarecidamente dos series estrenadas este mismo año y que desde mi punto de vista son fabulosas, ‘SMILF’ y ‘The Marvelous Mrs. Maisel’, nominadas a los Globos de Oro: mejor serie de comedia y  mejor actriz (ambas protagonistas están estupendas).

Por un lado, ‘SMILF’ (Showtime) es una serie de otra joven y talentosa narradora, igual que Lena Dunham (‘Girls’). En este caso, se trata de Frankie Shaw, que dirige, produce, guioniza y protagoniza esta comedia indie, con un episodio piloto de 30 minutos conmovedor, desvergonzado, irreverente, incómodo y sorpresivo a partes iguales (recuerda bastante a la maravillosa ‘Shameless’), una magnífica carta de presentación que marcará el tono de la primera temporada, aún no finalizada. Destaco la capacidad pasmosa de deslizarse elegantemente de una comicidad absurda y perturbadora a un drama conmovedor, dulce y crudo. Esta comedia con tintes dramáticos-trágicos cuenta la vida de Bridgette, una madre soltera que lucha por salir adelante y equilibrar su vida y trabajo. Siempre la realidad derrumba sus sueños, sólo quiere tener un objetivo en la vida que le permita sentirse realizada (no quiero contar nada más, merece mucho la pena que la veáis).

Por otro lado, ‘The Marvelous Mrs. Maisel’ (Amazon Prime Video), creada por Amy Sherman-Palladino (la artífice de ‘Gilmore Girls’, hija del comediante Don Sherman), es una comedia ambientada a finales de los años 50 sobre una mujer que, por varias razones que no voy a desvelar, pretenderá hacer carrera en el mundo del stand-up comedy junto a leyendas como el irreverente humorista y comediante estadounidense Lenny Bruce. Interpretada soberbiamente por Rachel Brosahan esta serie cuenta la vida de Miriam ‘Midge’ Maisel, una joven judía que a causa del azar o destino (como queráis llamarlo) aspira a convertirse en una comediante y hacerse un nombre en el stand-up comedy, un mundo en el que la mímesis está a la orden del día, y en el que hay que trabajar muy duro para triunfar ante un público siempre exigente (el talento no sirve si no lo riegas).

Ella, en medio de tanta copia, busca originalidad y un estilo propio a base de escuchar discos de humoristas que se mueven por el terreno de la comedia alternativa, la políticamente incorrecta. De hecho, en el primer episodio esta obsesa (en el buen sentido de la palabra) y teórica de la comedia nos ofrece un primer monólogo improvisado, brillante, irrespetuoso y grosero, que es la primera toma de contacto con la comedia, un mundo que puede ser asombroso pero también decepcionante en el que cabe la posibilidad de fracasar (es desolador cuando el público no se ríe e incluso te increpa). La serie está llena de planos secuencia preciosos y de un histrionismo voluntario que resulta divertido de ver. Una comedia dramática caracterizada por la vertiginosidad en sus diálogos ingeniosos, por interesantes secundarios y por una protagonista que desprende vitalidad.

Ambas series, con sus peculiares estilos, son paradigmas de buenas comedias que parodian y subvierten clichés. Muestran el choque entre la realidad y los sueños, en muchas ocasiones la vida derrumba tus ilusiones que acaban siendo meros espejismos. Resulta fascinante como adornando la tragedia con la commedia (así la llama el cómico transgresor Ignatius Farray) podemos llegar a hacer reír con nuestras miserias.

Filólogo hispánico. Máster de Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana. Me encantan las series, el cine y la literatura.

1 Comment

  1. Gracias por tu aportación,me has convencido para ver las dos series,son muy útiles vuestras críticas,acertadas y nobles.

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