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‘Skam’, El caos puede compartirse

Aparentemente, puede ser vista como la 'Skins' noruega, que también tiene un personaje central en cada temporada, pero el tono es bien distinto

‘Skam’ (2015-2017) es la aclamada serie noruega de la que todo el mundo está hablando. Un drama con tintes de comedia que narra las diferentes historias de un grupo de estudiantes de la escuela Hartvig Nissen en un barrio de clase acomodada de Oslo. Julie Andem, su creadora, ha sabido construir una serie talentosa que, desde un principio, utiliza acertadamente un lenguaje adolescente (el guion no parece escrito por alguien nacido en el 82), basado en el argot, en el silencio y en las dudas.

Un éxito no solo en su país (la emitió el canal público noruego NRK), sino también en sitios donde no se emite (son los propios fans los que proporcionan los subtítulos). De hecho, actualmente se están preparando cinco remakes (el norteamericano, el francés, el italiano, el alemán y el español, este último de la mano de Movistar+).

El primer acierto de esta brillante serie, novedoso por otra parte, es su estructura y emisión. En un principio, consistía en una webserie compuesta por fragmentos de vídeo fechados (día de la semana y la hora) que coincidían con el momento en el que los personajes “vivían” en la ficción. Cada uno de estos vídeos se colgaba en la red el mismo día y hora de la vida real, lo que en el espectador creaba la sensación de seguir la vida de los personajes en tiempo real. La manera de desarrollar la historia es idónea para insuflar vida a los personajes de ficción, cuyos actores en las primeras temporadas no participaron en ningún acto público. A esto se le añadió el hecho de que los espectadores pudieron seguir a los personajes en Facebook e Instagram, poniéndose en contacto con ellos borrando así la frontera entre lo real y lo ficticio.

Esto creaba, a la vez, la ansiedad del espectador, que sentía la necesidad de saber en todo momento cuándo saldría a la luz el siguiente vídeo, puesto que la ficción era dueña de los días y las horas. Gracias al éxito rotundo de la webserie, ‘Skam’ pasó a emitirse semanalmente por la televisión. Los capítulos eran una recopilación de los diferentes fragmentos de vídeo de una semana. Lógicamente, nos encontramos con un nuevo tipo de espectador que tiene un modo distinto de entender y experimentar los contenidos televisivos, para el cual las redes sociales y los smartphones son esenciales.

Aparentemente, puede ser vista como la ‘Skins’ noruega, que también tiene un personaje central en cada temporada, pero el tono es bien distinto. Aquí se busca la proximidad de los actores, que son noveles, y los temas se abordan de una forma realista, sin exageraciones. Sin embargo, hay que reconocer la importancia de ‘Skins’, estrenada en 2007 en el canal británico E4, por entonces un nuevo canal que surgió a partir de Channel 4, que buscaba un público mayoritariamente joven (se dirigen a los adolescentes hablando su propio lenguaje y reproduciendo fielmente la forma que tienen de ver el mundo).

Entrando ya en materia, en ‘Skam’ ya desde el inicio se plantea uno de los temas esenciales de la serie que estará de una forma u otra a lo largo de las cuatro temporadas, la sensación certera de que estamos ante un mundo lleno de oportunidades, en el que los sueños se cumplen (eso es lo que nos venden) donde en realidad abundan los prejuicios, la hipocresía y el sobreconsumo de la sociedad. Así comienza este relato íntimo y realista donde la palabra más repetida es “drama”, en el que podemos ver el interior de cada uno de estos personajes adolescentes, quienes tienen los sentimientos a flor de piel. Están comenzando su andadura en un mundo que les resulta complicado, ajeno y hostil, con lo cual veremos su primera vez en todo.

La serie, principalmente, sigue a un grupo de varios estudiantes: Eva (Lisa Teige) en la primera, Noora (Josefine Frida Pettersen) en la segunda, Isak (Tarjei Sandvik Moe) en la tercera y Sana (Iman Meskini) en la cuarta. En cada temporada cambia el protagonista, esto permite tratar una serie de temas introducidos de forma natural, como el sexo, la amistad, la homosexualidad, los prejuicios, la anorexia, el consentimiento sexual, las apariencias, la religión, el fingimiento, la fe, el amor, el desamor, los celos, el choque generacional y cultural, el poder, la manipulación que pueden tener las redes sociales y muchos más a través del cambio de punto de vista. Lo que me fascina es que los protagonistas absolutos, a medida que se suceden las temporadas, van pasando a un segundo plano, y las nuevas tramas no se resienten en absoluto.

Estos asuntos conforman lo que, desde mi punto de vista, es el aspecto esencial del ser humano, la identidad, y más para un adolescente, que le resulta confusa y laberíntica. Todos están perdidos y a la búsqueda de esa identidad que les hará encontrarse a sí mismos. La tienen que buscar a base de decepciones (después de la caída hay que levantarse) y deben enfrentarse a todo lo que les rodea y a las cosas que, aunque para un adulto resulten banales, para ellos son trascendentales. Se darán cuenta de que el amor puede ser maravilloso (‘mientras estemos los dos juntos basta, el mundo ya no importa’) pero también puede volverse un infierno, lugar donde habita la horrorosa incertidumbre, que te instala en la soledad más desoladora y en el aislamiento más absoluto.

Los personajes deberán encontrarse en su propio laberinto identitario aprendiendo a liberarse del peso del miedo y de la vergüenza (‘Skam’ significa ‘vergüenza’ en noruego), a no fingir ni reprimir los sentimientos, a no obligarse a ser distintos, y a aceptarse tal y como son, con sus virtudes y defectos. También tendrán que asimilar que el mundo es caótico y que en él es difícil entender las reglas. A pesar de sentirse muy lejos de todo y notar que el miedo se extiende por todo su cuerpo han de saber que no están solos y que a través del amor y la amistad, que también se extiende, el caos puede compartirse.


Filólogo hispánico. Máster de Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana. Me encantan las series, el cine y la literatura.

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