¿Por qué ‘Regresión’ no es tan buena como esperabas?

    La expectación ante ‘Regresión’, la nueva película de Alejandro Amenábar, era altísima tras 6 años de silencio desde el estreno de la (paradójicamente) subestimada y dilapidada  ‘Ágora’. El director hispanochileno, que se ganó un puesto de honor en el podio de la cultura popular cinematográfica con obras de género tan brillantes como ‘Tesis’ (1996), ‘Abre los ojos’ (1997) o ‘Los otros’ (2001) y que amplió su registro con un drama tan bien llevado como ‘Mar adentro’ (2004), decidió que el motivo de su vuelta iba a suponer un retorno a aquel cine de misterio que tan buen resultado le había dado en sus inicios, y que para ello iba a contar con un reparto internacional, consciente seguramente de que eso ampliaría las posibilidades de distribución y el poder de atracción para gran parte del público. Así, decidió contar con dos actores cada vez más apreciados por el público como son Ethan Hawke y Emma Watson, haciendo que cada imagen promocional fuera motivo de entusiasmo para todos los que estábamos esperando este regreso.

    Con esas expectativas llegó al Festival de San Sebastián, donde se convirtió en uno de los estrenos estrella… y, sin embargo, su proyección decepcionó. Algunos aún siguieron manteniendo las esperanzas y pensaron (no sin razón) que los críticos son muy suyos y muy pejilgueros y que el problema había sido la gestión de expectativas, pero que realmente el público descubriríamos al sentarnos frente a ella en la oscuridad de la sala que todo había sido un malentendido y que la larga espera había merecido realmente la pena. No fue así. Tras su estreno, el público empezó a hablar de telefilm, de película de sobremesa, de enorme decepción o, si eran muy condescendientes soltaban un neutral “psé, no está mal” o un somero e impersonal “ni fu ni fa”. Por desgracia, nosotros no les vamos a quitar la razón y, sin embargo, nos negamos a dilapidarla por completo.

[Advertencia: A partir de este punto, este post contiene spoilers]

Regresion-Ventana_Cicatriz

    Es innegable que ‘Regresión’ es una película bien construída, bien narrada, con unas interpretaciones magníficas y con una idea brillante detrás (la sugestión del miedo como generadora de realidades y lo erróneo de las regresiones como método de investigación psicoanalítico), lo cual hace entender que Amenábar haya visto en ella potencial para volver a la platea cinematográfica por la puerta grande. Por ello resulta tan interesante (y creemos que incluso pedagógico para todo amante del cine) intentar identificar cuáles son los grandes errores que convierten a esta potente idea en una cinta tan descafeinada (aunque aún bastante interesante) y que básicamente encuentra su talón de Aquiles en la errática presentación de sus personajes y en su empeño por tener el giro final de rigor.

1. Nadie confía en la inocencia de la niña

    Casi desde el primer momento uno ya empieza a dudar del personaje clave de la trama a pesar de estar interpretado por una estupenda Emma Watson. No importa la carita de inocente que tenga durante todo el metraje ni esa sensación de fragilidad que la muy competente actriz consigue transmitir, pues el problema está ya en el propio guión.

Regresion-Escena cementerio

    Los espectadores estamos ya muy acostumbrados a ver que el malo es el que menos lo parecía y mucho más cuando desde el principio ya se le acusa sin conseguir desmentirlo en ningún momento. Es cierto que el mismo que enuncia esa teoría es aquel al que se acusará de haberla violado, por lo que cabe entender que la intención de Amenábar es que el espectador lo entienda como un intento de encubrirse a sí mismo ante la posibilidad de que le descubran; sin embargo, dicho intento por desviar la atención no tiene la suficiente fuerza como para tranquilizar las sospechas del espectador pues, entre otras cosas, ambos acontecimientos resultan perfectamente compatibles. A partir de ahí los intentos por reforzar esa idea de la inocencia de Angela Gray consiguen no desentonar con el resto de la historia, pero en ningún momento logran el objetivo de descartarla como sospechosa, entre otras razones porque en ningún momento sus intervenciones se salen de los tópicos habituales: el único momento en el que hay una prueba física de lo ocurrido (la marca en el abdómen) ocurre en un encuentro a solas con el detective interpretado por Ethan Hawke tras la negativa, además, de que vea la cicatriz cualquiera de los otros personajes; por otra parte, el amago de romance entre los dos personajes protagonistas nos muestra claramente a una Angela menos comedida de lo que se nos quiere hacer ver en el resto del metraje, pues lejos de interpretar su acercamiento al detective como una recuperación de la confianza en el contacto físico lo que presentimos es que, por alguna razón, ella está intentando forzar esa situación. Además, el gran problema que tiene el espectador para creerla es la falta de refuerzo de lo narrado por ella a través del testimonio de otros personajes, pues los únicos momentos en los que se le da la razón es bajo el dudoso testimonio de las regresiones de su padre, en las cuales el espectador (apoyado por muchos de los personajes) nunca llega a creer del todo.

2. La amenaza nunca llega a concretarse realmente

    Uno de los mayores problemas de la película es precisamente que esa amenaza sobre la que se basa nunca llega a ser del todo creíble. No importa que nos den pistas plausibles, que nos muestren supuestas imágenes de rituales satánicos o incluso que veamos cómo una pantera maléfica ataca sin alcanzar a la madre, pues en todo momento el espectador tiene la sensación de que esos pasajes son oníricos, irreales, tan ficticios como finalmente son.

Regression_escena_escalera

    En este sentido hay varias escenas que refuerzan esta idea: en primer lugar, el ataque nocturno al detective Bruce Kenner, que, en vez de cortar y cambiar a otra escena completamente distinta (y distante en el tiempo o en el punto de vista) monta directamente con el manido y repentino despertar de éste; otra buena prueba de esta duda germinal sobre la realidad (aunque tal vez más sutil) es que toda la descripción del ritual – que (por exagerado) ya nos hace dudar de su veracidad – se realiza en paralelo a la lectura de la carta por parte de Ethan Hawke, despertando así una vez más la idea de que esos rituales no son más que imágenes mentales generadas por los personajes. Es cierto que es una práctica habitual, pero Sin embargo, el mejor ejemplo de todo ello es justamente el momento en el que deberían quitársenos todas las dudas: el ataque a la madre de Angela Gray. Durante esta escena vemos dos elementos que nos convencen de lo ficticio de la amenaza pues, por una parte, vemos que el salto de Rose Gray por la ventana es el único daño físico sufrido por la amenaza y, por otra parte, porque en esa ese momento en que la vemos recular por las escaleras huyendo de la amenaza las voces que se oyen no encuentran en ningún momento una correspondencia física más allá del manido movimiento de pomo de la puerta de entrada. Probablemente si esas voces hubiesen venido desde fuera de la casa, que es donde se supone que se encuentran, o si hubiesen tenido alguna presencia física que lo reforzase el resultado habría sido distinto.

3. La empatía con el protagonista y la comprensión de su compromiso es nula

    A pesar de que casi toda la cinta se narra desde el punto de vista del detective Bruce Kenner interpretado espupendamente por Ethan Hawke el espectador nunca consigue meterse en su piel. Ve que la trama avanza, que el protagonista se obsesiona con el caso y que, de algún modo, la amenazase cierne sobre él, pero en ningún momento llega a sentir esa imperiosa necesidad del personaje por seguir adelante, por descubrir la verdad del caso.

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     El origen de este problema se encuentra, principalmente, en la decisión de Amenábar de arrancar el film con la llegada de John Gray a la comisaría e introduciendo al protagonista prácticamente como si fuese un secundario. El valor de esta secuencia de arrance es innegable tanto por motivos estéticos, pues genera una tensión y un interés magníficos, como narrativos, en la medida en que su posterior repetición bajo la perspectiva de Kenner nos hará enlazar con ese estado de enajenación al que nos aboca la sugestión de la que trata el film; sin embargo, esto impide que conozcamos al personaje de Kenner con anterioridad (o al menos con independencia) a la historia narrada, por lo que, a pesar de las múltiples pistas que nos dan sobre su personalidad obsesiva y rígida, somos incapaces de involucrarnos con él en la investigación del caso, el cual acabamos viendo casi totalmente desde fuera sin que realmente nos lleguemos a involucrar con lo que está ocurriendo. Es cierto que esta falta de presentación de Kenner (¡y también de Ángela!) podrían haber pasado desapercibidos si no hubiesen existido los otros dos fallos mencionados anteriormente, pero una vez puesto a su lado lo único que consigue es terminar de debilitar el interés del espectador por film.

Conclusiones (y reivindicaciones)

    Si tenemos que resumir en una frase cuál es el gran problema de la problema de Regresión esa sería “Es una película que no engancha“, algo imperdonable en un thriller de misterio como éste, y que, además, paga un enorme peaje por el empeño de este tipo de cine de conseguir un giro final sorprendente que ya todo el mundo espera y que, por desgracia, no consigue sorprender a nadie. Y, sin embargo, la película consigue mantener cierto interés y tensión gracias a una fotografía magnífica y a una realización en términos generales de lo más solvente que nos demuestran la valía del Amenábar director pero que subrayan las carencias del Amenábar guionista.  Tal vez si no hubiese querido sorprender tanto y, sin renunciar a su tema, hubiese mostrado sus cartas desde el principio para alejarse del misterio y entrar directamente en el drama la película habría ganado muchos enteros, pues al fin y al cabo el gran problema de la película es que Amenábar ha querido ser demasiado fiel a la explicación y muy poco fiel a las trampas, lo cual acaba resultando perfectamente plausible en el plano ético pero demoledoramente patoso en lo narrativo.

Diego Rufo

Amante del cine desde que pisó por primera vez una sala de proyección con 3 años, lleva desde entonces dando vueltas en espiral alrededor de esta pasión a través de sus estudios en Filosofía, la organización de Cinefórums en la Universidad, y por supuesto, la constante formación a través de libros y, cómo no, de películas.

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