Nurse 3D (Douglas Aarniokoski)

Nurse 3D

Si hay un género predilecto capaz de contabilizar la publicidad viral y la promoción racionada en un insaciable crecimiento de interés hacia el producto en cuestión, ese es el terror –abarcando en dicha categoría desde el psicológico hasta el slasher, pasando por casas encantadas o posesiones/exorcismos. Tiradas de pósters de alta y variada gama, teasers, varios cortes de tráiler o foto fijas de rodaje son los elementos de los que se vale el cinéfilo devorador de pecados culpables para dar rienda suelta a su atracción por el cine de palomitas, el de usar y tirar, tan olvidable como los cinco minutos posteriores a presenciar, y quedarte sordo, con un espectáculo de fuegos artificiales. Amplia curiosidad había generado la difusión por Internet de material visual de Nurse 3D y, tras su visionado, se puede afirmar que el terror no se encuentra, en este caso que nos ocupa, en el género sino en la propia película.

Si bien el lema reza películas baratas salen caras, en el caso de este subproducto de psychokiller femenino, la percepción de carencia de presupuesto y el aroma a rancio de sus primeros compases se encuentran lejos de hacerle un favor activo a la propuesta. Si bien es cierto que su punto de partida resulta del todo estimulante para el espectador de mente más calenturienta, aunando jeringuillas, gore casposo y la siempre provocativa Paz de la Huerta, el universal fetichismo masculino de la enfermera parece quedarse tan solo en eso: en un trámite, en una coartada para dar rienda suelta a la vulgaridad y autoparodia de sus personajes, cuyo semblante y profundidad psicológica rebosan de la opacidad del cartón piedra. Mención especial para su protagonista, con alarmante alergia hacia la ropa y composición interpretativa de maniquí de escaparate.

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Como viene siendo habitual en estas propuestas, pulula en el ambiente la merma preconcebida de aquellos que se sirven como fuente de inspiración de las películas de horror de la década de los setenta y ochenta –sobre todo esta segunda- donde primaba el talento y la artesanía por encima del presupuesto en la construcción de la ilusión terrorífica, ya fuera a través de sus registros narrativos –el misterio, el crescendo del suspense, la persecución del asesino a la víctima- o de sus registros artísticos –animatronics, asombrosos maquillajes y FX de cochera con toneladas de originalidad-. La glorificación de dicha serie B da paso en nuestra era a la banalización de la misma, dando paso a la Z con títulos como Nurse 3D, que rara vez ostenta una pretensión mayor que la de ridiculizar y destruir todo atisbo de cordura en el arte cinematográfico y en el género del que pretende beber.

Una película, en resumidas cuentas, cuya ausencia de ambición y vulgaridad de contenido sepulta su dudosa pretensión de renovar o actualizar sus códigos procedimentales. Carente de imágenes imponentes o poderosas que se impriman en la memoria, y haciendo gala de un entretenimiento movido por malas artes, ni siquiera su erotismo de novela barata ni su limitadísima protagonista son capaces de camuflar un ejercicio audiovisual onanista del todo desinteresado y perezoso. En su vertiente más optimista, esta sádica enfermera con tendencias lésbicas te incita indirectamente a repasar, o a descubrir para los más despistados, la hemeroteca de todos aquellos títulos clásicos que, varias décadas atrás, llegaron mucho más lejos y ofrecieron mayores dosis de gamberrismo, mala uva y escatología desenfadada. Puestos a hacer culto sobre algo, hagámoslo sobre lo mejor.

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F.J. Guerrero

Aprendiz de todo y maestro de nada. Experto en cine, no obstante. Por mis venas bombea sangre de celuloide. Los átomos que conforman el aire que respiro son como el material del que están hechas las películas.

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