Have Yourself a Merry Little Christmas con John Williams

Una de las grandes coletillas que más odio, que son muchas…la verdad, es aquella que esgrimen algunos y algunas para elevarse a un ficticio altar personal e intentar expresar el deseo de que su tiempo ha sido bien gastado y que sus gustos rozan el areté o virtud; no obstante, tú, simple mortal, eres cuanto menos mediocre. Ahora mismo me estoy imaginado a algunos lectores recreándose en su archienemigo mientras dice aquella frase horripilante a la que me refiero: «si no has hecho, visto, jugado, comido, etc., a tal, no has tenido infancia». Es ciertamente una actitud odiosa, pero, por ahora, decidme si recordáis este intemporal estribillo.

Candles in the window
Shadows painting the ceiling
Gazing at the fire glow
Feeling that gingerbread feeling

Precious moments
Special people
Happy faces
I can see

Somewhere in my mem’ry
Christmas joys all around me
Living in my mem’ry
All of the music, all of the magic
All of the fam’ly home here with me

 

Lo recuerdas, ¿verdad? ¿No? En efecto, o no tienes infancia o eres excesivamente joven para recordarlo, que también es un posibilidad bastante plausible. En el caso de sí recordarlo, una vorágine de imágenes habrán asediado tu conciencia y una sonrisa se habrá esbozado en tu cara.  La idea es que, aunque juro ante Dios Todopoderoso que he intentado resistirme y mantenerme fuerte, evitar la figura del grandísimo John Williams para un primer análisis sería lo más cercano a un crimen de sangre para cualquier analista de bandas sonoras que se precie. Este omnipresente compositor neoyorkino, al nivel de la omnipresencia de Hans Zimmer (quien me tiene tremendamente defraudado, aunque eso será material de otra entrada), se encuentra detrás de muchas de las bandas sonoras más famosas de la historia del cine contemporáneo, y que muchos, aun escuchando el nombre de John Williams por primera vez, seguro que han tarareado en más de una ocasión. Sagas tan importantes como Star Wars, Harry Potter o Jurassic Park, además de cintas tan míticas como La lista de Schindler, E.T., Salvar al soldado Ryan, Siete años en el Tibet, La terminal y un larguísimo etcétera de más de cien películas que han disfrutado de la inconfundible firma de uno de los imprescindibles de las bandas sonoras.

Best of John Williams

 

Para contextualizar el pequeño estribillo que encabeza este artículo, tenemos que viajar hasta el año 90, concretamente, navidades de 1990. En aquellas fechas tan mágicas, Chris Columbus, guionista de títulos igualmente mágicos como Los Goonies (1985)  o Gremlins (1984), estreno Solo en Casa (1990), protagonizada por un jovencísimo y «encantador» Macauly Culkin (Kevin McCallister), quien, abandonado negligentemente en su casa por su familia durante las vacaciones de navidad, convertirá en una pesadilla el planificado atraco a la casa de los McCallister, ideado por los simpáticos villanos Joe Pesci (Harry Lime) y Daniel Sterm (Marv Merchants).

La película, a pesar de degenerar en una serie de películas con el mismo título, paso sin pena ni mucha gloria por las afiladas manos de los críticos, y los premios que ostentó no dejarán de ser simplemente anecdóticos. Aun así, las dos nominaciones más importantes que tuvo, ya sea en los Oscar o en los Globos de Oro, fueron por la magistral banda sonora con la que dotó John Williams a esta comedia familiar, de la cual el buen oyente no será capaz de desechar nada en ella. Aunque veamos un poco más en profundidad algunos detalles de esta joya de las bandas sonoras contemporánea.

En primer lugar, John Williams tiene la sobrenatural habilidad de convertir todo lo que toca en un intemporal leitmotiv, y, en particular, Solo en Casa dispone de uno de los más míticos del compositor. Una simple melodía que abrirá el tema principal, Somewhere in My Memory, hito del cine navideño, con dulces toques de xilófono entremezclados con los fondos de viento, tan característicos de Williams (quién recibiría desde pequeño formación en varios de estos instrumentos) y algún que otro compás de cuerda secundario que realzará el conjunto de la armonía. Y llega el momento con el que siempre se me estremece el cuerpo, cuando casi a mitad de canción empiezan a converger todos los instrumentos intentando formar parte de la unidad del leitmotiv original: la unión de la cuerda y el viento, mientras la percusión desaparece, pero ni has sido consciente de los cambios. Elevando al oyente a otro nivel de comunión con la imagen, aparecen las voces de un coro de niños, cantando el dulce estribillo de antes y sumergiéndonos en una nueva definición de la navidad  que calará profundamente en muchos de nosotros, agudizando ese sentimiento con el constante sonido de las campanas que acompañan durante largo tiempo al canto.

 

Esta canción este es el referente, el hilo conductor, el patrón fundamental de casi todas las canciones que conforman la banda sonora, sin generar ninguna clase de hartazgo, sino consiguiendo el efecto totalmente contrario. Asimismo, también nos ofrecerá canciones como Star of Bethlehem, en la que otra de las grandes melodías de la película tomarán forma. Williams recurrirá a esta melodía para expresar los pequeños momentos de dramatismo dentro de la comedia, combinado de un modo genial con los sonidos graves de trombón o las melodías rápidas de cuerda con la finalidad de trasmitirnos el carácter maléfico y torpe de los villanos, pero ello ya avanzado el metraje.

 

Por último, no cabe duda de la indiscutible fuerza que ofrece a la imagen la inclusión de canciones como White Christmas de The Drifters, Please Come Home for Christmas de Southside Johnny Lyon y al magistral Mel Torme con su Have Yourself a Merry Little Christmas, donde el jazz de mediados de siglo se funden de una manera totalmente natural, como no podía ser menos.

 

En definitiva, Solo en Casa (Chris Columbus, 1990) es el ejemplo paradigmático de una cinta que no superando el guion de una tv-movie de sábado por la tarde en Antena 3, será gracias a la banda sonora por lo que alcance la magia de un cine que nos teletransporta a un espacio diferente e inolvidable.

Fco Javier Castro Toledo

Filósofo, criminólogo y académico 100%. Desde que el cineclub de la UGR me volvió adicto al cine, mi pasión por el celuloide se ha tornado patológica. El problema es que se trata de una enfermedad terminal.

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