‘La pasión de Cristo’ (Mel Gibson, 2004)

La Pasión de Cristo recrea las últimas doce horas en la vida de Jesús de Nazaret desde el momento en el que acude al Huerto de los Olivos (Getsemaní) a orar tras la Última Cena, enfrentándose a las tentaciones de Satanás. Allí sufre la traición de Judas Iscariote, siendo arrestado y conducido a Jerusalén para ser juzgado por blasfemia, según denuncian los fariseos.

A pesar de relatar unos hechos de sobra conocidos por casi todo el mundo; esta minuciosa recreación de las últimas horas de Jesús de Nazaret antes de morir, aderezada con “Flashbacks” sobre los momentos más significativos de sus enseñanzas y también otros más íntimos o cotidianos junto a su madre en su humilde hogar, supone una colección de imágenes y sonidos de increíble fuerza. Se mezclan de manera muy satisfactoria la crueldad, la belleza y la poética. Se nota el esmero con que ha sido filmada e interpretada.

La intención es clara, convertir esta historia antigua ya mitificada, en una suerte de documental histórico. Sin demasiados artificios o despliegues al estilo de Hollywood; más bien es una película árida y sangrienta. Desagradable por cuanto tiene de ensañamiento en el dolor de un ser humano, por más que finalmente se revele su sobrenatural poder.

Mel Gibson (Apocalypto, Braveheart, El hombre sin rostro), nos ha demostrado la madera de la que está hecho, sin duda. Nunca ha sido un secreto que él es un ultracatólico y ultraconservador de los que ya quedan pocos, pero por si a alguien le quedaba alguna duda, nos trae de su mano la versión más purista que se ha rodado sobre la vida de Jesús, o más bien de sus últimas horas. El hecho de rodar la pelí­cula en las localizaciones reales donde sucedió todo, el rodarla en latí­n, hebreo y arameo y el tener como objetivo “cristianizar” o devolver la fe a todo el mundo posible a la vez que dar muestra de su devoción son hechos que el mismo confirma.

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Para hacer esta película se ha valido de James Caviezel (Dejà Vu, La venganza del conde de Monte Cristo, La delgada línea roja) para interpretar de manera magistral a Jesús de Nazaret, consiguiendo que sintamos y comprendamos todo el sufrimiento por el que pasó. Además, como curiosidad, durante el rodaje tenía 33 años, esto sumado al parecido físico con Jesús, y su gran interpretación, le señalaban como el adecuado.

Maïa Morgenstern (La fin du silence, Orient Express, La mirada de Ulises), una actriz rumana totalmente desconocida para el gran público y que da vida a María. Ella es capaz, a diferencia de la mayorí­a de los actores de la pelí­cula, de ponerte un nudo en la garganta sin decir una palabra ni montar dramas gritando como una loca. Lo hace excelentemente bien.

Luca Lionello (Napoli, Napoli, Napoli, Ti stramo, Cover Boy: La última revolución), que da vida a Judas Iscariote, y Rosalinda Celentano (Tutte le donne dela mia vitta, Domenica, Probablemente amor), que interpreta a Satanás, también destacan sobre el resto del reparto, que se limita a poner cara de compungido o de sádico según el bando al que pertenezcan. A destacar también, Monica Bellucci (Matrix Reloaded, Irreversible, Drácula de Bram Stoker) por su tímido paso interpretando a María Magdalena.

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Los planos a cámara lenta, tan de moda en los tiempos actuales y un trabajo de fotografía sobrio pero concienzudamente trabajado en cuanto a la incidencia de la luz en la imagen, el uso de los colores, en especial los azules o naranjas, todo esto pone en evidencia la acertada labor de sus responsables. Los detalles se ven claramente en su trabajado montaje, que alterna y compara la secuencia en que los discípulos de Jesús se lavan las manos antes de cenar con aquella otra en la que Poncio Pilatos hace lo mismo durante el juicio al Nazareno.

La banda sonora compuesta por John Debney, refuerza aun más la parte sentimental. Aunque se trate de la historia más universal de todas. Con sonidos orquestales más modernos e instrumentos antiguos. Consigue crear una unión entre imagen y sonido de gran belleza audiovisual.

La película ofrece una representación muy realista del sufrimiento moral y del tormento físico. No olvida el aspecto humano del personaje, que en Getsemaní suda de miedo y angustia y en el Calvario se siente desamparado y abandonado.

Todo esto acompañado de una visual violencia que te sobrecoge desde el principio hasta el final, con escenas escalofriantes, hacen de La pasión de Cristo un título digno de ver.

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En definitiva, al margen de polémicas y creencias, se ha conseguido que La Pasión de Cristo, sea un trabajo muy correcto en lo técnico, emotivo, muy violento y algo lento durante el trayecto previo a la crucifixión.

Aquí les dejo un fragmento de la banda sonora:

Nacho Vega

Diplomado en Educación Física del Deporte. Preparador deportivo. Analista de cine en @cinedosmil y @MagaZinema_.

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