‘Helix’: virus negros y guiones infectados

El pasado 10 de enero la cadena estadounidense SyFy estrenaba una serie de ciencia-ficción que tenía todos los ingredientes para enganchar al público: una base secreta en el Ártico en donde un grupo de científicos investigan en secreto un peligroso virus que de pronto escapa a su control. Un equipo del Centro de Control de Enfermedades Infecciosas (CDC) que acude a contener el problema. Una serie de personajes con un ambiguo carácter y un oscuro pasado. Y, de telón de fondo, el frío y la soledad de un territorio inhóspito  y aislado cubierto de nieve. Pero lo que a priori prometía ser la serie que devolvería a la SyFy a su reinado en la ciencia-ficción tras el exitoso remake de Battlestar Galactica, se ha convertido en un ejemplo de cómo una historia de gran alcance se puede ir desinflando en cada uno de los capítulos que componen la temporada.

Helix

Helix nació bajo el auspicio de los productores de Lost y Contact y del guionista y productor Ronald D. Moore, uno de los cerebros que orquestó la nueva versión de Battlestar Galáctica que atrapó a los amantes del género de ciencia ficción entre 2004 y 2009. Hubo mucha expectación antes de su estreno, sobre todo gracias a la campaña de márketing de la cadena y los continuos avances que "calentaban motores" en los medios de comunicación especializados y en la blogosfera. Así, en el Comic-Con de San Diego, el evento más importante para el mundo de los cómics, series y videojuegos, se pudo ver un inquietante trailer con reminiscencias de la película de John Carpenter La cosa (The thing, 1982) y de la recordada serie de ciencia-ficción Experiente X (1993-2002).

Pese a ello, las audiencias del primer episodio en Estados Unidos fueron modestas (1,8 millones de espectadores), y viendo cómo se ha desarrollado la primera temporada es difícil imaginar que Helix pueda llegar a convertirse en algo más que un producto elaborado con unos guiones llenos de personajes algo manidos, tramas hiladas de manera endeble, efectos especiales correctos y diálogos un tanto flojos. Sin embargo, la serie, vista en su conjunto, debe ser tomada por lo que actualmente es, una serie de entretenimiento a la que no se puede pedir demasiado.

Helix es una amalgama de clichés y personajes ya vistos antes, pero esto no es algo que necesariamente juegue en su contra. En Helix, al igual que en La cosa, la acción se sitúa en una base científica en el Ártico, un espacio aislado y desolado donde cualquier horror puede acechar a sus habitantes. El uso de la base no es otra cosa que una versión actualizada de las historias de terror dentro de mansiones llenas de peligros y fantasmas. Y, yendo aún más lejos, podríamos comparar esa misteriosa base en la que un virus anda descontrolado infectando científicos con el Alien (1979) de Ridley Scott, en donde un peligroso alienígena se dedica a "colonizar" y a asesinar a los miembros de la tripulación del Nostromo.

Helix, descubriendo lo que hace el virus

Esa base-casa llena de peligros permite el desarrollo de una trama de terror psicológico que en Helix se va desvirtuando a lo largo de los capítulos gracias a sus guiones llenos de momentos efectistas, cliffhangers de impacto justito y personajes dibujados con brocha gorda. En este sentido, tan sólo los actores Billy Campbell (al que recientemente vimos en la pequeña pantalla interpretando al alcalde Richmond en The Killing) y el japonés Hiroyuki Sanada (que participó en El último samurái en 2003) defienden con oficio sus personajes. El resto de actores disponen, en general, de escasos recursos para darle algo de entidad a sus personajes.

La mezcla terror psicológico y ciencia-ficción es uno de los elementos más destacables de Helix, que a pesar de sus defectos acaba de ser renovada por una segunda temporada que se emitirá en 2015. Esperemos que el alocado final de temporada no marque la línea de los guiones de la segunda y nos traigan mayores satisfacciones, sobre todo en esa línea planteada como uno de los principales lemas de la serie: "Juega a ser Dios. Paga el precio".

Ana Matellanes García

Trabajo en marketing, aunque lo mío es el periodismo y la literatura. Consultora de proyectos digitales por accidente, redactora y crítica de vocación. Enganchada a las series y al cine. En mis estanterías siempre hay un hueco para la literatura japonesa.

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