‘Flesh and Bone’, arte en movimiento

‘Flesh and Bone’ es el nuevo drama de la cadena Starz que apuesta, en resumidas cuentas, por la danza y el ballet. Podríamos decir que ‘Cisne negro’ ha llegado a la pequeña pantalla y más allá de los clichés que siempre se abordan en estos universos de mallas y puntillas (¿Por qué siempre son tan oscuros?), ‘Flesh and Bone’ también ofrece algo nuevo e inteligente. Y lo hace, nada más y nada menos, que de la mano de Moira Walley-Beckett, una de las prestigiosas guionistas de ‘Breaking Bad’.

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‘Flesh and Bone’ se centra en el personaje de Claire (Sarah Hay), una chica que se encierra con un candado en su propio cuarto y que huye de su familia y su pasado. Su destino, Nueva York. Su objetivo, una prestigiosa compañía de ballet. A partir de ese momento entramos en el mundo de la danza con unos ingredientes poco originales pero en esencia muy efectivos. ¿La receta? Abre la nevera, coge un poco de sueños, familia,  traumas, éxito, envidia, desnudos, anorexia, amor y sexo. Luego añade una cucharada de misterio, una pizca de inocencia, dos gotas de locura y bate bien. Seguramente quedarán algunos grumos, –como le ocurre a la propia serie–, pero eso no impide que te atrape con su inteligencia y sensibilidad.

El capítulo piloto está muy bien ejecutado. No se dejan nada y nos enseñan todo lo que necesitamos ver. Nos provocan con preguntas que requieren respuestas. Sí, la joven Claire tiene secretos. Ella, en esencia, ya es uno. Y el querer desvelarlos es algo que nos atrapará a lo largo de esta temporada de ocho capítulos. ‘Flesh and Bone’ también cuenta con otras tramas secundarias que nos ayudan a respirar y llenan el espacio con fuerza. Eso sí, ninguna de ellas, así como sus interpretaciones, están a la altura del baile. Y no debe entenderse como un defecto sino más bien como una virtud. Hablamos de una serie de ballet. De arte en movimiento. Y eso lo consiguen en cada toma, en cada encuadre y en cada microsegundo de danza.

Sara Hay “huele a virgen”. Es espectacular ver la delicadeza y fragilidad que desprende Sarah Hay con su ballet sobre el escenario. Hasta su duro y exigente maestro (Ben Daniels) se emociona al verla. Tan delicada, tan sensible, que Ross, uno de los bailarines, no puede evitar susurrar: “Huelo a virgen”. Lo que Ross aún no sabe, es que esa delicada flor, esa tímida “virgen”, también es capaz de liberar todo su erotismo sobre el escenario de un club de streptease, deslizándose por la barra, impregnándola de sudor, y dejando a todos los “lobos” del local con un hambre voraz.  El contraste entre los dos mundos es magnífico y hermoso.

Y es que después de todo, de eso trata ‘Flesh and Bone’. De contrastes. ‘Flesh and Bone’ es carne y hueso. Dolor y belleza. Luz y oscuridad. Ballet y streptease. Sueños y pesadillas. Y además, nos regala una pequeña verdad. Que la belleza, también está en las sombras.

Albert Bertran Bas

Nace en Barcelona en 1982 y durante 25 años no hizo nada destacable hasta que se fue a Nueva York para realizar un curso de dirección de cine. Después de la carrera de periodismo y eficaz posgrado en cine y televisión, se atreve a llamarse a sí mismo, escritor y guionista. Amaba el cine hasta que nacieron las series. Ahora su corazón está dividido pero su sofá es solo suyo.

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