Los 4 Errores de los Oscars 2015

   Los Oscar 2015 nos han mostrado un Hollywood descorazonado, un Hollywood que ha perdido el alma entre filigranas técnicas y convencionalismos, un Hollywood que, en definitiva, escucha más a sus neuronas que a la sangre bombeada por los ventrículos de sus ilustres miembros. Todos sabemos que los premios de la Academia (ya sea hollywoodiense, española o de cualquier otra nacionalidad) no son ningún baremo definitivo sobre la cosecha cinematográfica del año (hace unos días repasábamos los últimos 10 años de los Óscar donde se encuentran no pocas sorpresas como aquel triunfo de Crash frente a cualquiera de sus más meritorias y brillantes competidoras) y, aunque es cierto que en esta última hornada no puede hablarse de ningún premio flagrante, sí que pueden reconocerse algunas injusticias que merecen ser reivindicadas, si bien no hace más que poner en evidencia la buena salud que ha demostrado el séptimo arte durante este año.

Error 4: Mejor película de animación

[Y el Óscar 2015 debería ser para…
‘El cuento de la princesa Kaguya’ (Isao Takahata, 2014)]
Big Hero 6 vs El cuento de la princesa Kaguya
Big Hero 6 vs El cuento de la princesa Kaguya – MagaZinema

   Vaya por delante que este premio ya nació maltrecho con la exclusión de las nominaciones de ‘La Lego Película‘ (Chris Miller y Phil Lord, 2014) , un film que mostraba una forma distinta de hacer animación, un sentido del humor desbordante, frenético y absurdo, una técnica brillante e ingeniosa… No obstante, nadie debería dudar tampoco de la gran calidad y músculo de las que hacen gala todas las que sí que entraron en el saco. ‘Cómo entrenar a tu dragón 2’ (Dean Deblois, 2014) fue un película hermosísima y entrañable, al igual que también lo ha sido ‘Big Hero 6′(Don Hall y Chris Williams, 2014); sin embargo, el galardón no hace más que perpetuar una concepción de la animación (y unas majors aparentemente imbatibles) que ha dado lugar a un nuevo clasicismo basado en historias de superhéroes improvisados y de secundarios entrañables y naifs (Olaf, Chimuelo, los Minions, Dug el perro de UP, etc.) ilustrados con la misma técnica (el 3D) y casi siempre orientados a soltarnos la misma moraleja (la posibilidad de superarse uno mismo y, lo que es más importante, de demostrárselo al mundo). Frente a estas películas hacía aparición una pequeña película japonesa, ‘El cuento de la princesa Kaguya’ (Isao Takahata, 2014) capaz de contar una historia intimista ilustrada magistralmente con acuarelas (como también lo estaba la deliciosa ‘Ernst & Célestine’, injustamente ignorada en los Óscar 2014) y que, paradójicamente, gira en la dirección contraria a la que acabamos de comentar: en vez de tratarse de la transformación de un personaje irrelevante y cotidiano en un salvador, en este caso nos encontramos con un ser mágico convertido a la fuerza en princesa que tan sólo desea recuperar una vida satisfactoria alejada de las apariencias y el lujo, lejos de esa hiperrelevancia a la que parecen aspirar el resto de films. Afortunadamente, el resultado de los premios no ha sido tan incomprensible como el año anterior, con ese ‘Frozen’ (Chris Buck y Jennifer Lee, 2013) insípido batiendo a joyas como la mencionada ‘Ernst & Célestine’ (Benjamin Renner, Stéphane Aubier y Vincent Patar, 2013) o incluso ‘El viento se levanta’ (Hayao Miyazaki, 2013), pues al menos ‘Big Hero 6’ contiene una preciosa reflexión sobre el duelo y un innegablemente carismático y entrañable “Baymax”, pero aún así queda el sabor agridulce de saber que no se ha valorado la capacidad creativa de los films sino principalmente su adecuación con unos (pre)juicios ya establecidos y con un inercial reconocimientos al estudio que le respalda.

Error 3: Mejor documental

[Y el Óscar 2015 debería ser para… 
‘La sal de la tierra’ (Wim Wenders, 2014)]
Citizenfour vs La sal de la tierra
Citizenfour vs La sal de la tierra – MagaZinema
   He de reconocer que en este punto los argumentos son más débiles y que, realmente, devaluar el inmenso valor social de ‘Citizenfour’ (Laura Potras, 2014) sería injusto e hipócrita, ya que sin la valentía de sus implicados probablemente no se habría podido destapar el excesivo conocimiento (y, por lo tanto, control) que las autoridades (no sólo) americanas tienen sobre nuestras vidas gracias a la tremenda digitalización de nuestra existencia. Sin embargo, tanto en el terreno ético como estético es justo reivindicar la superioridad de esa joya nacida de las manos de Wim Wenders y de Juliano Ribeiro Salgado, ‘La sal de la tierra’, capaz, por una parte, de retratar la ambigüedad de la naturaleza humana tanto en su desmedida crueldad como en su inhóspito e inquebrantable deseo por sobrevivir, y, por otra parte, capaz de poner sobre la mesa la pregunta sobre el valor social del arte – y, por ende, de cualquier documental, volviéndose un ejercicio casi metalingüístico –, así como el catastrófico impacto sobre la psicología y la vida (en resumen, sobre el alma) de aquellos que se encargan de retratar las miserias de una humanidad puesta siempre en entredicho. Y si a esa gema en el apartado especulativo le añadimos también el deleite visual y el enorme valor como documento de las fotografías de Sebastião Salgado su valor se vuelve aún más incalculable.

Error 2: Mejor guión original

[Y el Óscar 2015 debería ser para…
‘El gran Hotel Budapest’ (Wes Anderson, 2014)]
Birdman vs El Gran Hotel Budapest
   Que ‘Birdman’ se haya llevado un premio por el aspecto más irregular de todo el conjunto dice mucho de la inesperada idolatría de la Academia hacia la película. Su ingenio en muchos apartados y su juego metalingüístico son admirables y respetables, pero parece injusto no admitir que su historia ha sido mil veces (mejor) contada, sus personajes aparecen y desaparecen según el capricho del guionista y del director, la última media hora corre como un caballo completamente desbocada a quien nadie es capaz de tomarle las riendas, su falta de sutileza a la hora de retratar a los personajes, etc. Frente a ello, varias competidoras injustamente derrotadas: por una parte, una joya poliédrica como ‘El Gran Hotel Budapest’ (Wes Anderson, 2014), capaz de establecer una narración en base a ¡cuatro! niveles temporales con un desarrollo fluido y unas situaciones tan delirantes como coherentes con su universo; por otra, ‘Boyhood’, cuyo guión fue coescrito por todos sus responsables consiguiendo un realismo apabullante en cada una de sus situaciones que analizaremos un poco más abajo; o, por último, la injustamente ignorada en las nominaciones ‘Interstellar’ (Cristopher Nolan, 2014), que con sus juegos temporales, su insistencia por apoyarse en investigaciones científicas veraces y su intrigante trama “marca de la casa” nos tuvo a todos enganchados a la pantalla durante casi 3 memorables horas.

Error 1: Mejor película

[Y el Óscar debería ser para…
‘Boyhood’ (Richard Linklater, 2014)]
Birdman vs Boyhood - MagaZinema
Birdman vs Boyhood – MagaZinema

   Sin duda alguna el galardón a Mejor Película ha sido – como siempre – el centro de todas las miradas y el de las mayores discusiones, pues es el terreno en el que todo el mundo creemos ser capaces de emitir un juicio al respecto y de defenderlo de forma justificada. En esta ocasión el mundo parecía dividido en dos: o ‘Boyhood’ o ‘Birdman’; poco importaba la admirable calidad del resto de sus competidoras (no nos olvidemos sobre todo de las maravillosas ‘Selma’ (Ava Duvernay, 2014) o ‘Whiplash’ (Damien Chazelle, 2014)) porque todos teníamos claro que una de las dos se llevaría el gato al agua, pues, por una razón o por otra, exigían un reconocimiento por encima de cualquier otro film ya que, de una forma u otra, habían conseguido salirse de la norma establecida.

   Ambas son, sin duda, películas valientes y reivindicables, pero mientras que el film de Iñarritu se limitaba a (y se empeñaba en) demostrar su maestría técnica, el film de Linklater se permitía dejar de lado incluso su propia concepción de experimento, yendo infinitamente más allá de la anécdota de haber sido rodada en 12 años, una anécdota que – dicho sea de paso – si bien le ha servido para promocionarse a pesar de su origen ‘indie’, se ha convertido con el tiempo en su mayor talón de Aquiles, pues sus detractores centran todas sus críticas en ese detalle como si cualquier alabanza hacia el film se limitase únicamente a dicho atrevimiento. No hay duda de que ‘Birdman’ ha conseguido (¡con una comedia!) empujar la técnica cinematográfica estadounidense a un terreno de innovación que no parecía pertenecerle (si bien es justo rememorar la épica labor de Sokurov por rodar ‘El arca rusa’ en un único (y real) plano secuencia a pesar de lo pretencioso, minoritario e irregular de su resultado) y, por ende, le son totalmente merecidos tanto el galardón de mejor director – capaz de conceptualizar y coordinar todo el rodaje – como el de fotografía – fundamental para que no se le vean las costuras a este impresionante muñeco de trapo. Sin embargo, en cuanto a calidad cinematográfica – teniendo sobre todo en cuenta las capacidades expresivas del film – ‘Boyhood’ consigue llegar mucho más lejos que el film de Iñarritu: su desbordante honestidad y humildad permiten al espectador presenciar el paso del tiempo y de la vida en general, como si se hubiese conseguido captar un pedacito de eso que es “estar vivo” y plasmarlo sobre la pantalla; no hace falta que uno empatice con los personajes, no es necesario que hayamos vivido lo mismo que el protagonista ni tampoco es necesario que éstos nos caigan bien, pues sabemos que lo que se está contando es tan real que todos podríamos estar en esa pantalla aunque nuestra historia fuera distinta. En definitiva, resulta muchísimo más apabullante y profundo deleitarnos con el fulgor de las estrellas que nos rodean cada día que intentar sorprendernos con unos interminables fuegos artificiales; es, sin duda, mucho más meritorio poner al espectador frente a un espejo en el que pueda reflejarse durante unas fugaces 2 horas y media que plantarle eternamente en la cara el autorretrato de su director.

 

¿Tú qué opinas? ¿Cuál ha sido tu mayor decepción? ¿Cuál crees que es la mayor injusticia? ¿O crees que son unos premios merecidísimos y que, en contra de su fama, los Óscar han acertado de pleno?

Diego Rufo

Amante del cine desde que pisó por primera vez una sala de proyección con 3 años, lleva desde entonces dando vueltas en espiral alrededor de esta pasión a través de sus estudios en Filosofía, la organización de Cinefórums en la Universidad, y por supuesto, la constante formación a través de libros y, cómo no, de películas.

3 Comments
  1. Hola Diego,

    Tu artículo es muy interesante pero no sé qué te ha dado con Boyhood. .. Sin duda tus críticas siempre han tenido muy en cuenta la gestión del tiempo, o mejor dicho de los tiempos, más allá del ritmo, y en eso Boyhood es el epicentro de esa visión. Representa una punta de lanza sin precedentes.

    Tu propia crítica se anticipa a la posible contra crítica, como si no se pudiera recalcar : “se ha convertido con el tiempo en su mayor talón de Aquiles, pues sus detractores centran todas sus críticas en ese detalle como si cualquier alabanza hacia el film se limitase únicamente a dicho atrevimiento”, pero es que somos muchos los que pensamos que este factor, es su punto fuerte y diferencial. Ello no supone negar su honestidad ni su coherencia y brillantez narrativa, pero sí considerar que si esos 12 años fueran 12 meses sería una peli prácticamente del montón.

    Por tanto es una tema muy subjetivo, de opiniones que ponderen más unos factores u otros, pero a mi, como espectador, la película me pareció bonita, entretenido, bien interpretada, con un gran ritmo y que presebta una vision muy concreta de la sociedad anericana, pero por momentos también plana, previsible y en definutiva, corriente.

    Gran artículo, pero yo lo hubiera titulado: Los 3 errores de los Oscars. Lo siento, no consigo ver tanta brillantez en Boyhood, se ruede en 12 meses o 12 años.

    1. Querido John:

      Ya sabes que tu ojo (y sí, el singular es inevitable) siempre tiene una visión a la que valoro enormemente. Por ello, discutir contigo siempre será un placer (sobre todo si conseguimos demostrar que el otro no tiene razón).

      Lo que comentaba acerca de lo anecdótico de los 12 años es que no es un factor cinematográfico en sí: esta película podría haberse rodado en 12 años y haber sido mediocre y yo – quiero pensar – estaría dispuesto a admitirlo. Con ello quería decir que su valía no se debe a ese lapso de tiempo, si bien estoy convencido en que esto ha sido clave para desarrollar esa naturalidad, espontaneidad y certeza a la hora de retratar la vida (ya no la adolescencia, pues desde luego yo nunca siento que mi adolescencia en sí se encuentre reflejada). Es cierto que carece de una trama que enganche; su único reclamo y – si se quiere – su único valor (y ahí es donde se engrandece) es su capacidad para transmitir el paso del tiempo y ese algo tan extraño, imprevisible, falto de trama y lleno de virajes que es la vida en sí. Por eso no es un film corriente: no tiene un hilo conductor que lo sostenga ni un desenlace que lo limite, así como tampoco una tesis que defienda ni que represente… Y sin embargo consigue contar algo tan difícil de retratar (y desde luego con tanta honestidad) como ese paso del tiempo, cuya muestra más evidente es el hecho de que, tras dos horas y media en las que -insisto- no ha pasado nada el deseo del espectador (al menos del que acepte su propuesta) es que continúe, que no acabe, que siga enseñándonos aquello que (ups!) vemos y sentimos todos los días, aquello que, si hacemos memoria llamamos vida, vivencias o historia.

      Dudo mucho, en definitiva, que otro director pudiese, por mucho que se tirase doce años rodando, poder hacer un película sin trama ni pedanterías donde se acabe hablando y retratando algo tan difícil como el mero transcurrir de la vida. Y si eso no es más valioso que hacerun enorme plano secuencia, señor Ford, que baje Murnau y lo vea.

  2. Sí, podríamos estar contestándonos toda la vida, y no nos pondríamos de acuerdo. A mi me sigues sin convencer… No he visto Birdman, por lo que no puedo compararlas, ni tampoco es mi objetivo. No sé cuál de las dos merece más el Óscar, ni idea… Pero aún dandote la razón es muchos puntos de la peli: es cierto, no conozco a nadie que se le haya hecho larga la peli, y también el gran reto que debe suponer dirigir una peli durante 12 años y conseguir esa coherencia y naturalidad narrativa… Ese examen, el de “¿he conseguido enfrentarme al reto de de dirigir una película durante 12 años?”, para mí lo aprueba con nota. De hecho, yo le daría un 10 de 10. Ahi te lo dejo. Mi segunda pregunta sería, ¿esa nota le confiere la oportunidad de ganar a la mejor película y pasar a la historia por su valor cinematográfico, más allá del reto anteriormente mencionado? Para mí, no.

    Por tanto, mi opinión se basa en algo tan subjetivo, y posiblemente erróneo, como pensar que “la naturalidad, espontaneidad y certeza” que tú tanto ponderas, está sobrevalorada y no llega para cruzar el umbral que marca el podio de las obras maestras, donde tú la ubicas. Para ti no solo no llega, sino que permanecerá ahí para el resto de sus días…

    Lo que tú tanto valoras de “su capacidad para transmitir el paso del tiempo (yo lo considero un factor esperable dada la propia naturaleza de la película) y ese algo tan extraño, imprevisible (imprevisible ¿anda ya? si se podrían pintar ya los 12 años siguientes), falto de trama ( de acuerdo, yo a eso lo llamo plana) y lleno de virajes que es la vida en sí (sip, como habrá cambiado tu vida, la mía y de cualquiera, en los últimos o próximos 12 años).

    En fin, todo es opinable… pero a mi ni no me convences con esta peli!

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