‘El sueño de Jimmy Grimble’ (John Hay, 2000)

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Viví en directo el aguanís de Raúl González Blanco; el gol de Zidane en la final de La Novena; el Iniestazo frente a Holanda en la final del Mundial que ganó España y la supremacía global del Barcelona de Pep Guardiola. El fútbol, como deporte, pasión y despliegue de sentimientos ha estado presente de una u otra manera en diversos aspectos de mi vida, y me he sentido embelesado por el mismo en otras tantas que ha formado, junto al cine, una fuente de conocimientos y diversas enseñanzas que no poseen lugar tangible para exponer.

De ello surgió la posibilidad de mezclar las mismas, gracias a la cantidad de películas que tienen el deporte rey entre sus principales tramas; ‘¡Goool! La película’, con sus correspondientes segunda y tercera entrega; ‘Un gran equipo’, ‘The Damned United’, ‘Quiero ser como Beckham’ o, incluso ‘Futbolín (Metegol)’ me han reportado horas y horas de disfrute en el cual dos de mis grandes pasiones se unían. Pero siempre se echa en falta algo que los amantes del fútbol reconocerán al instante, y es el mero hecho de recordar momentos futbolísticos de los denominados románticos. Los momentos en los cuales las pasiones más puras y primarias dependen de si el esférico termina cruzando la línea de cal, o no…

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Y así llega a mis manos ‘El sueño de Jimmy Grimble’, con una historia acerca de la superación y la creencia, impregnando todo del amor por el balompié. En la misma, un niño es acérrimo fan del equipo débil de la ciudad, el Manchester City FC –como cambia el fútbol…- y su deseo de jugar en un equipo plagado de amantes –por no llamar “hooligans”- del Manchester United FC. Es decir, amante de lo difícil; del equipo de los “citizens” y no del que tuvo en sus filas a Robert “Bobby” Charlton, Éric Cantona o George Best.

La cinta no es nada del otro mundo. Posee su grado de “magia” para con el público, una manera digna y bastante acertada de contar la historia, y un vaivén en la trama que resulta agradable y entretenida, evitando así el momento tedioso que toda cinta deportiva y que no confluya en una historia basada en hechos reales debe, casi por obligación, poseer. Dicha trama, se autoalimenta a si misma de una ambientación ruinosa y fría, pero que deja los momentos de calidez para los instantes en los cuales las situaciones se vuelven importantes de verdad.

Esta ambientación y sintonía que acompaña a cada escena, rompe con la dificultad de la misma para ser seguida mediante un uso de cámara que resulta ser medianamente aceptable. La edición se torna rápida y sin el cuidado necesario, pero no destaca ni está desacompasado hasta el punto de resultar nefasto; más bien se muestra como una falta de experiencia.

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De todos modos, la fiereza y potencia de la película está puesta en los protagonistas principales; Lewis McKenzie parece estar congelado frente a la cámara en determinados momentos, pero salva todo esto gracias a una entrañable manera de hacernos sentir y padecer con él. Robert Carlyle es el nexo en común de todos los protagonistas; haciendo una interpretación que pone nombre y apellidos a la película. Supera lo aceptable, incluso la buena interpretación, para llegar a un notable más que alto. Gina McKee, Ben Miller y Wayne Galtrey están por que hay que rellenar, y por que el tiempo en el casting intuyo que se estaba terminando, pero la sorpresa verdadera del film es Ray Winstrone, y la manera de hacer un personaje secundario como uno de los primarios, sobresaliendo frente a todos en cuanto la pantalla se ponía al frente. Una escena, de hecho, en la cual están Ray Winstrone, Jimmy GrimbleRobert Carlyle juntos, resulta ser de lo mejorcito que puedes ver.

Las escenas futbolísticas, así como el sonido de la misma y todo lo demás que una cinta necesita están de sobra conseguidos, y aseguran una transición suave entre escena y escena que terminan confluyendo en una película deliciosa al paladar, agradable en el trago y de digestión ligera.

En definitiva, ‘El sueño de Jimmy Grimble’ es agradable y un dulce en medio de una salina. Los instantes en los cuales la cinta saca una sonrisa, nos hace arañar el asiento, o casi nos hace saltar de euforia con un gol entra en lo que se denomina como romántico; y eso es algo que, los amantes del cine, y los amantes del fútbol, agradecemos, y que llevamos sin ver en una mezcla semejante tanto tiempo, como el que llevamos sin celebrar un gol de Zidane.

Jaime Garzía Iglesias

Diseño Gráfico, Editorial & Web. Redactor: Escribo peor de lo que leo, pero mejor de lo que creo, desde que descubrí que la poesía me poseía; y ya no hubo vuelta atrás. Descubrí el cine con la razón, y meriendo películas desde entonces. Vivo entre el café, la lluvia en la ventana; las guitarras del rock y las rimas del rap.

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