Crítica de ‘Tristesse Club’ (2014, Vincent Mariette)

 

Título original: Tristesse Club

Año: 2014 (Francia)

Duración: 90 min.

Director: Vincent Mariette

Reparto: Ludivine Sagnier, Laurent Lafitte, Vincent Macaigne, Noémie Lvovsky, Dominique Reymond, Anne Azoulay

Guión: Vincent Mariette

Fotografía: Julien Roux

Música: Robin Coudert

Género: Comedia. Drama.

Sinopsis: Se centra en dos hermanos: Léon y Bruno. Con motivo de la muerte de su detestable padre, Arthur, ambos se reúnen en su regreso a Valloires, donde crecieron y donde van a incinerar al padre. Sin embargo, en el lugar no hay rastro de ninguna ceremonia. Solo una chica, Chloé, que se presenta como su hermanastra. Esta termina confesando que Arthur no ha muerto, sino que ha desaparecido y ella ha maquinado todo para hacer que fueran a ayudarla en su búsqueda para encontrar a Arthur.

Crítica de ‘Tristesse Club

por Lourdes Lulú Lou

“y nunca conoceremos al mencionado Arthur

Gusta, es sencilla pero competente, su historia no pretende gran cosa pero acabas involucrado en ella, sus personajes son al uso pero lo suficiente para amenizar la velada, su progreso es comedido, no llega lejos pero lo necesario para descubrir las caras y sincerarse entre todos; el juego de verdad o truco, que se deja de travesuras y empieza a confesar aquello que yo nunca…, mientras que el resto, sin que ninguno se libre, está bebiendo de esa botella certificadora de sus pecados confesados; pues es lo que propone, tres antónimos caracteres que inician un camino para terminar en ruta desavenida, que no dista de la programada, de hecho se parece bastante al objetivo motivo de toda la discordia pero es desigual, diferente, más plena, satisfactoria y querida, con esa confianza y amistad de saberse con quien se está y con quien se trata.
La llamada al entierro de un padre motivo de traspiés y novedad curiosa, posterior descubrimiento razón de malestar, disputa y afianzamiento de un tuerto propósito que adquiere nueve rumbo; etiqueta de comedia para una excusa trágica que obvia el lamento y se decanta mayormente por la ridiculez escénica, por el honesto ataque verbal y por un salero ingenio llevado con modestia pero que ejerce adecuadamente su función de curiosear, distraer y prestar una atención voluntaria, que sin esfuerzo a estado receptiva y con facilidad se ha visto complacida.
“Lo que queda y cuenta es la memoria”, y esta cinta de Vincent Mariette apenas ocupará espacio en ella una vez visionado el cartel de “the end” pero, será grato su recuerdo y alegre el vistazo realizado; cierto es que sus pasos primerizos denotan un humor, ironía y acidez que luego no explota ya que, atraviesa por un bache intermedio donde se atasca al no saber qué hacer con sus intérpretes, dónde llevarlos y en qué lío meterlos, cómo desarrollarlos para llegar a destino previsto, pero pronto recupera la forma y combina esa situación destartalada con sus dosis mínima de desavenencias que se perfilan y sanean; no es muy diestro ni ocurrente el guión para inventar las situaciones o el desarrollo ambiental donde producir éstas pero, tiene su gracia, simpatía, afecto y tierna mezcolanza de un trío dispar que acabará fundando el club de la tristeza.
No llora, ni ríe, ni emociona, ni inquieta en alto, es todo mesurado, a nivel reducido, superficial y ligero pero su tono amable y cordial es atractivo, es asequible su sabor e interesa lo justo para cumplir con entereza de distracción y salir contento y agradecido por un encuentro acogedor, distendido, con sus escarceos y aciertos, vaivenes y logros para un conjunto de motivante bienvenida que pincha y se desinfla una vez en marcha pero, que conduce con seguridad y convicción de querer hacer pasar un buen rato, mientras se destapan las caretas de sus invitados y forman esa unión de colegas que comparten un muerto en común y los muchos sentimientos variados que del mismo se desprenden.
“No seas nunca un campeón”, tampoco lo busca pues, esta producción francesa tenue, sabrosa y tímida osa provocar risa mesurada envuelta en drama familiar prudente y ambas cosas las logra, no con pleno al quince pero, sin duda toca lo conveniente para una cordial armonía de sonrisa segura y rédito lo bastante extrovertido para ser el acicate que permita mirar, escuchar y estar distraída, que era el objetivo previsto.
León y Bruno, una acorde fotografía, un guión eficaz, unos válidos actores, una ingenua trama, unas pequeñas rencillas, unos tropiezos inesperados y una tercera en discordia que ¡vete a saber si se llamará Cloe!
Para pasatiempo discreto y factible en ese ofrecimiento de un desahogo divertido.
¿Tienes 90 minutos para relax sin carga? Dáselos a ella, no corona pero tampoco se lamenta.

Tráiler de ‘Tristesse Club’

Lourdes Lulu Lou

Lo importante sois vos y la película, yo mejor en segundo plano.

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