Crítica de ‘Smetto quando voglio’ (2014, Sydney Sibilia)

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Título original: Smetto quando voglio

Año: 2014 (Italia)

Duración: 95 min.

Director: Sydney Sibilia

Reparto: Edoardo Leo, Valeria Solarino, Valerio Aprea, Paolo Calabresi, Neri Marcorè,Libero De Rienzo, Stefano Fresi

Guión: Valerio Attanasio, Andrea Garello, Sydney Sibilia

Fotografía: Vladan Radovic

Música: Andrea Farri

Género: Comedia.

Sinopsis: Siete cerebros brillantes, licenciados de las carreras más complejas, pero sin trabajo, tienen una idea genial y, sobre todo, eficaz para combatir la crisis: producir y distribuir drogas sintéticas “legales”

Crítica de ‘Smetto quando voglio

por Lourdes Lulú Lou

“Prieto’s seven, forzados a parar”

Los siete de Prieto que se conocieron, esparcieron y juntaron para sacar provecho a unos estudios de universidad de los que llevan años renegando, para poder acceder a trabajos de demanda física con poco cerebro pues, este y sus galimatías sabiondo interceden molestamente con su sobrada inteligencia y demandas a la zaga.
“Para tener una vida decente, subimos un poco el nivel y …, ¡paro cuando quiero!”, por ti, por nuestro amor, por lo que merecemos pero, he que como en toda buena parábola, no hay límite para la avaricia y el exceso, y por lógica esperada, el desmadre y caos se apoderan de esta banda de colegas que prueban a ser narcotraficantes, con la invención y producción de una droga legal que sólo puede ser reclamada por sanidad, al no haber pasado los reclamados requisitos documentados de unos conejitos de india que sirvieran de test previo.
Saltados los cánones rutinarios se pasa, de esta travesura de camaradas de clase, a mafiosos que se pelean por el territorio, con ese padrino rival que no pondrá fáciles las cosas, y con ese toque cómico estándar que sigue las pautas establecidas para narrar la aparición de la idea, su genial efectividad, su glorioso triunfo, su alumbrado descontrol y ese devenido desastre donde las piezas, una a pares y a conglomerado acelerados se complican, estropean, rompen y llegan a extremos dañinos, donde peligra la presencia física de queridos compañeros y amada esposa.
Un clásico cuyo tono humorístico sobrevive con buen ritmo y decentes momentos de hilaridad, entremezclados con otros de calidad media, un compendio de grata mezcolanza donde destaca el punto de partida de los personajes y su fina y perspicaz labia, para llenar las conversaciones de ironía y verdad agraviada en tono alegre, juerguista y simpático.
Escenas atropelladas, de bufonería implícita, y un intercambio rápido y audaz de sentencias, tonterías y ocurrencias para salir del atolladero y solucionar el desquicio provocado; de textura fresca y jovial representación, sus líos y contratiempos son divertidos, agraciados y chistosos.
Sin exceder su tradicional rodaje no deja de ser un carnaval folklórico, festival circense donde los listos se dejan atrapar por errores precipitados y avaricia desmedida, para caer en los barrios más fondos y entender, dentro de su ilustrada razón mal usada, que se desviaron del camino correcto y ello se paga; una oportunidad para escabullirse de sus estropeadas vidas y elaborar una viciada red tramposa donde quedan atrapados, hasta que el ingenio espabilado y las pocas salidas dictaminan qué hacer y a dónde dirigirse.
Liviana, rítmica y válida, graciosa y gustosa, su velocidad cubre los débiles flancos de su composición, su encanto y cordialidad hacen el resto y, como excusa, se parte del peligro de una sabiduría utilizada para fines catastróficos, donde queda expuesta esa falacia idealista de que uno puede hacerse rico de la mañana a la noche, de forma hábil y rápida, y no padecer las consecuencias de su precipitada vorágine.
Con gancho y sencilla sintonía te lleva por sus consabidos pasos, sin arrepentimiento de cruzar por ellos, a pesar de la familiaridad y de no aportar nada original en su encuentro; para relajamiento distendido de fugaz pase, poco esfuerzo, desahogo complaciente y distracción media que no suspende, pues tienen un apañado toque, una decente coña, caen bien y se esfuerzan en su trabajo, aunque tampoco superan ese modesto bien o aprobado porque, sinceramente, los de Oceans eran once, en principio, y hay enorme diferencia entre, robar a gran escala o ¡pasar anfetas en el cuarto de baño de la discoteca!, amén de que el traje le quedaba que ni pintado a George Clooney, tú, Edoardo Leo, llevas ¡pantalones de cuero ajustados!
Diversión amena avalada por la nominación a los premios David di Donatello de 2014.

Tráiler de ‘Smetto quando voglio’

Lourdes Lulu Lou

Lo importante sois vos y la película, yo mejor en segundo plano.

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