Crítica de ‘Rosewater’ (2014, Jon Stewart)

Rosewater - MagaZinema

Título original: Rosewater

Año: 2014 (Estados Unidos)

Duración: 103 min.

Director: Jon Stewart

Reparto: Gael García Bernal, Shohreh Aghdashloo, Kim Bodnia, Dimitri Leonidas, Golshifteh Farahani, Haluk Bilginer, Numan Acar, Amir Rahimzadeh, Arian Moayed

Guión: Jon Stewart

Fotografía: Bobby Bukowski

Música: Howard Shore

Género: Drama

Sinopsis: Un periodista es detenido en Irán por más de cien días y sufre un brutal interrogatorio en prisión durante 118 días. Maziar Bahari permaneció con los ojos vendados reconociendo únicamente el olor de agua de rosas de su captor.

Crítica de ‘Rosewater’

por Lourdes Lulú Lou

“Un descafeinado martirio”

Es extraña la sensación que deja, opaca la sentencia estimada pues, es un caso verídico de secuestro y tortura de un periodista, pero narrado de un modo tan peculiar y ligero, agradable y reposado que aparcas, ese esperado desagrado y malestar, por una visión atenta, dócil, acomodada y confusa ante el dictamen de lo observado.
Sin duda alguna la película se sostiene gracias a la sobria y penetrante interpretación de Gael García Bernal quien, en todo momento, capta el interés de la audiencia y retiene su curiosidad por ella, por lo que tiene que contar; acicate por esa correlación de unos hechos cuya primera parte, previo al encarcelamiento, sirve de introducción para saber quién es el protagonista y qué hace, hasta la llegada de esa oscuridad indomable de quien, vendado y estupefacto dentro de su ignorancia, no puede más que quebrarse de asombro al saber de su acusación para residir indefinidamente en lugar tan tenebroso.
Jon Stewart rechaza la dureza e impacto, conmoción y lágrima de las imágenes ya vistas y conocidas por la mayoría gracias a documentales y telediarios y opta, sin embargo, por una vejación, aniquilación y acorralamiento mental más sereno, pulcro y estiloso pero que, sin duda alguna, deja clara la opresión, desquicio, locura y suplicio que supone estar en manos de radicales cegados, que sólo ven lo que les conviene e interpretan, a su gusto, los inocentes gestos y cómicas palabras de un encuentro distendido como excusa combativa para retener, etiquetar y vender al pueblo la falaz idea pretendida.
Inquietud y desazón con un toque de suavidad que reduce el impacto, recuerdos y añoranzas reflejados con encanto y mimo, congoja y temor que no alcanzan grandes decibelios, pero tienen el don de atrapar tu mirada y fisgoneo por ese evidente tormento que no altera ni sobresalta a un alma tranquila, que reposa su firmeza de convicción por la historia en esa mente que absorbe, consume y reflexiona con la sensación de aplauso, por la alternativa escogida para contar la crudeza y martirio de un aprisionamiento a ciegas y por la fuerza del sinsentido, pero con ese resquemor de flexibilidad y amoldamiento que evita surjan las emociones debidas y requeridas para tal caso.
Falta brío, escozor y pasión/hay entereza y solidez, voluntad de filmar lo ya presenciado de manera alternativa y original; no falla en su intento, se sale de la corriente dramatización de estos casos pero, tanta cortesía, quietud y consideración en las formas levantan un muro separador donde la aflicción, el escalofrío, la pesadumbre y su dolor envolvente se simplifican, perdiendo gran parte de su necesario efecto, en pos de una lectura amable, simpatizante y benévola que puede llegar a ofender, por su trivial retrato de tanta agonía sufrida en tales circunstancias.
El escrito ablanda y colorea un camino atroz, negro y espeluznante que nada tiene de cortés y risueño; no hay rechazo, se abraza con gusto de saber y estímulo de mantener la observación en ella, pero la percepción no es plena, se acoge con esa sorpresa del planteamiento y con esa apuntalada nota de no haber presenciado una hiriente y marcada tragedia, sino la anécdota de un periodista que tardó 118 días en volver a casa.
Confección tenue e insustancial para un asunto profundo e intolerable; se acepta pulpo como perro de compañía pero…, como que es historia de campamento, no portada de primera página del periódico.
Rosewater, agua de rosas, embriagadora esencia que destiñe y desfigura, endulza y minimiza el agrio olor de lo putrefacto; antiinflamatoria y relajante, alivia la producción de heridas y su posterior cicatrización…, tal vez demasiado para lo que hay en juego.

Tráiler de ‘Rosewater

Lourdes Lulu Lou

Lo importante sois vos y la película, yo mejor en segundo plano.

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