Crítica de ‘Premonición’ (2015, Afonso Poyart)

Premonicion - MagaZinemaTítulo original: Solace

Año: 2015 (Estados Unidos)

Duración: 101 min.

Director: Afonso Poyart

Reparto: Anthony Hopkins, Colin Farrell, Jeffrey Dean Morgan, Abbie Cornish, Xander Berkeley, Janine Turner, Marley Shelton, Kenny Johnson, Jose Pablo Cantillo,Angela Kerecz, Sharon Lawrence, Autumn Dial

Guión: Sean Bailey, Ted Griffin

Fotografía: Brendan Galvin

Música: BT

Género: Intriga

Sinopsis: Un psíquiatra se alía con el FBI para dar caza a un asesino en serie.

Crítica de ‘Premonición’

por Lourdes Lulu Lou

“Un piadoso dios, de fugaz suspense indagador”

Un martirizado mentalista, de poca conversación y simpatía justa, asfixiado por su experiencia previa, que se pasa al lado de Clarice pues, de Hannibal Lecter, bondadoso y misericordioso en la ejecución de la preparada muerte, ya se ocupa su compañero de reparto, un tétrico loco, de sensato raciocinio en su causa, Colin Farrell, que realiza un buen papel como contrincante, y posible heredero perverso del mejor Anthony Hopkins, co-protagonista, vidente paranormal cuya labia explicativa y excusa terapéutica no alcanzan altos grados de pasión o fervor, cuando por fin tiene la decencia de aparecer, para rematar una investigación y persecución cuya trama no logra seducir, inquietar ni atrapar con estima de interés incesante o atención constante.

Juega en exceso con las imágenes intuidas, futuras o pasadas, con la conversación intimista de quien comparte presagios, con la clarividencia perceptiva como pieza clave de un completado puzzle, poco astuto en su enrevesada argucia moralista, para dar explicación a todo el asunto; le falta corazón, impulso, adrenalina, angustia y turbación por ella, su correcto proceder, de querencia enigmática, reparte bien sus elementos/que no con devoción y misticismo, mirada neutra sin implicación es lo que te aporta.

El inicial planteamiento no despierta novedad entusiasta por ella, de hecho tarda mucho en arrancar expectativa mejorada, tras un caminar convencional y escaso en la suculencia de su misterio; y para cuando empieza la lógica temática de quién es, de su por qué y de su ética deductiva, de estratégicos pasos, mejora en curiosidad, con exclusivo punto álgido, pero poco más, pues tampoco es que caldee con contundencia el ambiente.

“A veces los mayores actos de amor son los más duros de cometer”, y ese benefactor pecado es compartido entre dos almas sugestionadas a percibir e inmiscuirse mutuamente, a través de vidas ajenas; la pareja, o terceto policial, según momento y preferencia, ofrece menudencias apropiadas de un avance acorde, aunque mínimo en su objetivo de motivación o involucración del espectador para no soltarle…, y para cuando se pasa al dueto artístico, de joven innovador en delito/maduro ya herido por tiempo, que aventuran lo aún por venir o cercioran lo ya ocurrido, se puede admitir que el conflicto sube en adrenalina, por el posible enfrentamiento de dos aventajados que hacen trampa por su divino don otorgado, tanto como bendición como castigo pero, también es cierto que pronto queda en insuficiencia, por un guión que promete expectativas de intriga y tormento que no sabe cumplir con persuasiva firmeza.

No hay congoja en el diablo, aunque se disfrace de angelical mandatario de un incompetente Yavhé, que equivoca sus tareas y erra en sus creaciones; no hay suspense ni maquinación estupefacta en su despliegue de urgencia policial; no hay sentimiento afín al dolor y sufrimiento de los personajes; no hay confabulación ni compenetración con sus pasos; no hay deferencia por sus reflexiones, ni excitación en su resolutivo camino…, hay adecuación de estructura, que apenas aviva conmoción o alteración por la misma.

Práctica una manifiesta superioridad, de escenografía y argumento, que repercute en su contra pues, ante tanto fotograma adivino, pose estática, mirada comunicativa y palabras filosóficas intercambiadas, queda un thriller de asesino en serie que se adjudica más importancia de la que en realidad tiene, haciendo gala de una suficiencia por su sinopsis y diálogos, por su enrevesada lógica que no sabe explotar con permanente talento, ni conducir con continua apetencia, pues nunca llega a poseerla con evidencia de éxito, sólo leve escaramuza en el instante de su descubrimiento.

“No podemos elegir lo que somos”, somos mandatarios de un destino cuyo deber llama y obliga, sólo que no fuerza sensación alguna en un vidente que reza, suplica por la elevación de su temperatura tormentosa, de su núcleo aflictivo, de su drama intimista, de su tensión ardiente, de su anónima incertidumbre pero, halla que hacer con adecuación un trabajo no basta, que con entrega y ganas no basta, que con la titularidad de los actores no basta, que con el intento de imitar a hermanas de filmografía -”Seven” ¡ni más ni menos!- no basta, que con unas cuantas ideas de mezcla al uso no basta…, que es una pena el desperdicio de actores tan buenos -a los que añadir Jeffrey Dean Morgan y Abbie Cornish-, donde Afonso Poyart maneja con habilidad los aspectos técnicos del género, pero se olvida de la entrecortada respiración, del asombro resolutivo, del alma impactante de estos antagónicos, que forman parte de la misma cara.

“El juego se detiene aquí y ahora”, y sin sobresalto ni gran expectación nos despedimos de una lúgubre premonición, obstruida y entorpecida por ella misma, que por momentos te sugestiona, para dejarte libre en otros tanto.

Lo siento pero no, no hay consuelo en este ‘Solace’, de sombría pretensión inteligente en su desenredada malla, que valga el presagio de toda la película.

Tráiler de ‘Premonición

Lourdes Lulu Lou

Lo importante sois vos y la película, yo mejor en segundo plano.

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