Crítica de ‘Limonata’ (Ali Atay, 2015): La difícil tarea de una última voluntad

Título original: Limonata

Año: 2015 (Turquía)

Duración: 100 min.

Director: Ali Atay

Reparto: Ertan Saban, Serkan Keskin, Luran Ahmeti, Funda Eryigit, Bedija Begovska, Ciguli,Zekir Sipahi

Guión: Ali Atay, Ertan Saban

Fotografía: Ahmet Sesigurgil

Música: Ahmet Kenan Bilgic, Okan Kaya, Taner Yücel

Género: Comedia.

Sinopsis: Suat, un conductor de camiones que ha pasado sus últimos años en Macedonia, se encuentra en su lecho de muerte y pide un último deseo, ver a su hijo Selim, a quien abandonó cuando solo era un bebé. Para esta búsqueda envía a su hijo Sakip quién desconocía la historia de su hermano. Comienza su viaje con un nombre y una antigua dirección de Estambul. Road movie donde somos testigos de las diferencias culturales de estos dos hermanos, sus semejanzas y sus peleas.

Crítica de ‘Limonata

por Lourdes Lulu Lou

“La difícil tarea de una última voluntad”

“Mi padre se está muriendo y no puedo levantarme”, pero tienes que hacerlo pues tienes un inesperado hermano a quien, por mandato de última voluntad de un patriarca moribundo, debes rápidamente encontrar y llevar al lado de su solicitado lecho.
“¿Dónde está Selim?”, pregunta desesperado el endigado, y una vez hallado “¿qué he hecho yo para merecer esto?”, replicará el inocente ubicado cuya vida cambiará por culpa de un maniático, obsesivo, pero buen hombre, que sólo quiere cumplir con el deseo desfalleciente de quien fue, y por poco tiempo todavía es, su respetado progenitor.
Una acertada extraña pareja cuya unión funciona gracias a su naturalidad y armonía y a un guión agudo, chistoso y ácido que sabe construir, exponer y rematar esa burlesca tragedia que forzosamente les ha unido para siempre.
Una única pareja protagonista, interpretada con maestría, franqueza y humanidad por Ertan Saban y Serkan Keskin quienes exponen con garbo, talento, espontaneidad y chispa esa mezcla irreverente de fusionar dos piezas tan opuestas y diferentes y que acaban por parecer genialidad instintiva de formar parte de la misma moneda.
Ali Atay sabe exponer, a partir de un hecho dramático y de la urgencia de resolverlo, un tapiz de enredo gramatical, de bufonada intencional y de guasa en su caminar extremo hacia un centro envuelto de sarcasmo y desaire que esconde en su corazón el dolor de una vida y el coraje de salir adelante.
Es modesta pero muy acertada, humilde en sus armas y sincera en su espíritu, crea una representación teatral, pícara y cómica muy plena y convincente, ocurrente y divertida que se capta con la rapidez y cariño que tienen lugar todos los hechos y sus disparatadas situaciones pues, aunque la misión se realice por obligación -no por devoción ni entusiasmo-, aunque el solicitado sea raptado -pues no hay forma de que acuda libre y espontáneo-, y todo se rodee de chistosidad, alegría y despropósito hay mucha querencia, afecto y cordialidad, entendimiento devenido a cámara lenta de dos desconocidos hombres, gente de sano corazón en exceso golpeada, que se aceptan, a través del coste y sacrificio de una repentina y tortuosa aventura, como hermanos, para lo bueno y lo malo, ya nunca más negados.
La risa y el humor como excelente herramienta para mostrar las carencias, vicisitudes, males y penas que viven los personajes, el incesante delirio de un choque de trenes y personalidades como clave para vivir sus caracteres, sus sinsabores y martirios de quienes se desviven por hacer el bien y cumplir con sus queridos familiares, en esta ocasión válido acierto de efecto magnífico para una magnética producción turca que muestra lo mejor de su cine, esa sencillez de hacer, con confianza y seguridad, un óptimo retrato de una diversidad cultural que se desvanece ante la angustia y martirio de las personas.
La responsabilidad de ser hijo, la incompetencia de ser padre, la desazón de herencia dejada, la barbarie de llevarla a la práctica, locura y desmadre como secundarios efectos de un marcado objetivo, complacer a ese padre agonizante en su último deseo.
Progresa con esmero, con esa simplicidad de saber lo que se quiere y a dónde se llega, “la sangre no es limonata”, limonata es querida y apetecible limonada, aunque un poco amarga, que como el mejor cítrico agria y desentona pero, al tiempo, tiene un gran poder curativo de las enfermedades ocultas al son que refuerza las defensas y sanea y depura las toxinas.
Si puedes hazte con ella, es un gordo y flaco de rica esencia tradicional y humana.

Tráiler de ‘Limonata’

Lourdes Lulu Lou

Lo importante sois vos y la película, yo mejor en segundo plano.

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