Crítica de ‘Pistas para volver a casa’ (2014, Jazmín Stuart)

Cartel de Pistas para volver a casa

Título original: Pistas para volver a casa

Año: 2014 (Argentina)

Duración: 89 min.

Director: Jazmín Stuart

Reparto: Erica Rivas, Juan Minujín, Hugo Arana, Beatriz Spelzini

Guion: Jazmín Stuart

Fotografía: Daniel Ortega

Música: Guillermo Guareschi

Género: Drama. Comedia

Sinopsis: Dina trabaja en el turno noche de una lavandería; vive sola, es bastante devota y fuma sin parar. Pascual no trabaja. Tiene un hijo y una hija, y, desde que su mujer se fue de casa, una vecina veterana lo ayuda a criarlos a cambio de sexo. Dina y Pascual no tienen mucho en común, salvo que son hermanos, cuarentones y que fueron bautizados con nombres de cantantes italianos de los sesenta. Y también que no están muy emocionados con el viaje que deben emprender en el auto destartalado de Dina: papá salió a la búsqueda de mamá (que abandonó misteriosamente a la familia hace tres décadas), pero un accidente lo dejó postrado en un hospital de pueblo y hay que ayudarlo aunque parezca estar rematadamente gagá.

Crítica de ‘Pistas para volver a casa

por Lourdes Lulu Lou

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“Hermanos, en lo bueno y en lo malo

Hermanos en busca del tesoro, económico y sentimental, físico y emocional pues ¡por qué elegir si se puede tener un dos por uno!, desconexión de hace tiempo sufrida que se reduce a esa restablecida relación de quien se ve obligado a pasar tiempo juntos por circunstancias del momento.
Porque no hay otra, aunque no guste ni se quiera, un padre enfermo y necesitado solicita de sus moribundos hijos cuyas vidas, en paralelo, circulan con tristeza, desolación y un abatido agarrarse a lo que se pueda que no ofrece muchas alegrías y esperanzas sino soledad y desespero de quien trata de sobrevivir a su propio desorden, desgana y ansiedad.
Una dura historia familiar, abandono materno sin aviso ni explicación en una niñez que quedará por siempre marcada, un caótico relato paterno que no se sabe si procede de su novedosa alucinación, de una fantasía de viejo o es verídica la existencia de lo que cuenta, cuatro oídos que atentos escuchan mientras se miran atónitos y, a partir de ahí, a seguir los indicios que nadie, ni ellos mismos, tienen claro en que desembocarán o a dónde les llevarán.
Únicamente es obvio esa oportunidad de conversación sincera que les ofrece la vida para entenderse, de recuperar el tiempo y saber del otro, de unir lo distanciado, más una serie de destartalados pasos de una trágica pareja que lleva la comicidad apostada a su desgracia.
Un guión sencillo, que funciona en su dejadez de andadura, en su simpleza de requerimientos, en su franqueza de reproches, acudir a auxiliar a un padre impedido más ese camino de conducción por carretera, de parada imprevista, de estancia aburrida que da para intercambiar existencias, rememorar el pasado, intercalar anécdotas y volver a sentir que se tiene un hermano, incluso puede que el hallazgo de esa familia disuelta que resurge para aportar pistas de cómo volver a casa.
Porque están perdidos, solos y extraviados, porque tras una ingrata obligación se puede esconder un encanto de experiencia, esa precisa solicitud que parte del fastidio ingrato, irrepetible, entrañable, sólida y solicita por las carencias de años que cubre y resuelve con ese inesperado encuentro; Jazmín Stuart escribe y rueda una narración intimista e introvertida, con esparcidos toques de ridiculez humorística, que poco a poco se abre para no comunicar mucho pero sí lo mínimo y válido para volver a mirarse y realmente verse, eliminar la distancia de años y encontrar al ser querido, ese abrazo que tanto se echaba de menos.
Quiere ser tierna y lo consigue a su manera, quiere ser divertida y por tramos lo logra, quiere ser dramática y con esa carta se presenta, más gotas de cinismo, de culpa, de crítica y de olvido, Erica Rivas y Juan Minujín simpatía actoral que queda reflejada en su buen entendimiento ante la cámara más un espectador que conoce a los personajes con interés, sigue su trayectoria con curiosidad y es testigo de su devenir con grata apetencia, alguna sonrisa de por medias y una aptitud abierta y disponible a digerir con gusto lo que el argumento ose y desee construir.
Dos monedas antagónicas, él ateo, seco, deprimido y apático, ella religiosa, conformada y apaciguadora buscando la tregua y el consenso, uno afronta lo que el difícil destino le trae, con lamento, pasividad pero sin abandono, la otra se esconde temerosa de participar y perder en lo que ni siquiera le hace feliz, Buenos Aires queda atrás, presente hay un viejo hospital que se cae a pedazos y la cabeza poco lúcida de un patriarca que ya no es el que era, se mueven los dados, se apuesta a la ruleta y van surgiendo notas absurdas que facilitan la aventura de ir en busca de una fortuna y hallar a una madre.
Reconciliación de un clan perdido, unas veces con oferta espesa e inmóvil, otras con logradas escenas graciosas que mezclan lo inverosímil, lo afectivo, lo místico y la creencia y, en resumen, un conjunto ameno, apetecible, que se consume con facilidad y atrapa por lo ofrecido, que hace buscada mezcolanza de lo patético, lo dramático y lo irrisorio, que encuentra su punto sensible sin profundizar y crear un ambiente positivo, emocional, de bonanza que permite no te arrepientas de haber seguido sus pistas y llegada a casa; no es gran mansión, no es de lujo, ni tiene gran decorado, sus pisadas son pobres, austeras y surrealistas pero oferta acogedor afecto sin apenas darte cuenta.
Dos perdedores que saben ganar la victoria de su tiempo y estima.

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Tráiler de ‘Pistas para volver a casa

 

Lourdes Lulu Lou

Lo importante sois vos y la película, yo mejor en segundo plano.

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