Crítica de ‘La vida en una canción’
(2014, Kate Barker-Froyland)

Poster de La vida en una canción

Título original: Song One

Año: 2014 (EEUU)

Duración: 86 min.

Director: Kate Barker-Froyland

Reparto: Anne Hathaway, Johnny Flynn, Mary Steenburgen, Ben Rosenfield

Guión: Kate Barker-Froyland

Fotografía: John Guleserian

Música: Jenny Lewis, Johnathan Rice

Género: Drama. Romance

Sinopsis: La película narra la historia de una mujer que, tras conocer que su hermano está gravemente herido, regresa a casa para comenzar por casualidad una relación con el músico favorito de su hermano.

Crítica de ‘La vida en una canción’

por Lourdes Lulu Lou

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Incapaz

Y no supe amarte, para lamento mío no pude hallar la manera de quererte y apreciarte, sólo desinterés y tedio crecían en mi; los expertos alegan que fue fallo propio, que realmente valías la pena; de poco consuelo sirve dicho análisis pues aquí estoy, sentada, pensando en ti y sin sentir nada.
¡Qué desilusión!, ¡qué desencanto!, quería enamorarme con ella y he acabado ¡aburrida de ella!
Una oportunidad magnífica para Anne Hathaway de lucir sus mejores artes y habilidades como actriz protagonista -también la produce-, ocasión con la que cumple con creces y a lo grande, expandiendo toda su sensibilidad interpretativa y belleza física en una combinación espléndida pero, ¡que decepción de acogida!, ¡qué bajón de bienvenida!, ¡qué fracaso de recepción, consumo, y posterior digestión!
Una cinta sobre música que no seduce, que no posee carisma, un filme romántico que no encanta, que no fascina, y una unión de ambos que fatiga, cansa por su nula aportación de sentimiento alguno válido, desgana e indiferencia, distancia emocional y pasotismo melódico es lo que vas a sentir por ella, la pésima nota que obtiene este, nuevo intento, de recrear el espíritu, armonía, magia y hechizo -por no hablar de su inteligente guión y sabia calidad del contenido-, de una “Once” que, como irónicamente su propio nombre indica, sólo ocurre una vez, es única, y todas estas malogradas recreaciones de lo que allí fue tan sencillo y magistral, acaban dando pena por su fiasco sensitivo y su vacío rítmico.
“Cuando escribo una canción, trato de retener esos sentimientos que la motivaron para no perderlos jamás, para revivirlos cada vez que la canto”; estupendo, genial, frase que pasará a los anales del recuerdo, pero tu personaje transmite poco, insuficiente en conjunto a pesar de la buena voluntad intimista que se pone en ello y de la expresión delicada que se vierte en sus pasos, movimientos que entretienen y afligen tan mínimamente como las canciones que suenan, desfile de autores y estilos musicales que no inspiran ni atrapan ni conmueven, por no hablar de la desfalleciente hermana que trata de descubrir y conocer a su hermano en coma a través de sus privados escritos y de sus creaciones más recientes, que deambula por sus lugares favoritos, por su comida deleitosa, por su escogida forma de vida como penitencia por una falta de comunicación cuando aun ésta era posible, todo ello envuelto en selectivo ambiente de pubs y locales de música alterna y emotividad en las formas y el contacto humano que no te alcanza, que no da beneficio ni fruto.
Es lenta, pausada hasta la ignorancia pues debería crear respiración reflexiva, anímica subjetividad para con la desdicha y sufrimiento, alegría y gozo de la protagonista y, en su lugar, hay ausencia, lejanía, ojos que no se involucran, oídos que no vibran, corazón que no siente, alma que ni se perturba, sólo elegancia y suavidad en la puesta en escena, finura en la querencia, tenacidad en los detalles y clara intención de calidez simpática y exquisitez en el estilo pero, tan suntuosa recreación se queda únicamente en eso, en soberbio escaparate cuya esencia no te atrapa, cuyo espíritu no aporta calor y se devalúa conforme rueda y avanza, al comprobar que no tiende puente de diálogo y correspondencia grata y gustosa para con la audiencia.
Con la sorna de no pretenderlo pero conseguirlo, al igual que el referido que todo lo pone en marcha, permaneces en coma todo el relato, y toda la tentativa y empeño de Anne por despertarte y motivarte, caen en pérdida de interés y esfuerzo en vano; sin atracción no hay disfrute ni juego apasionado entre ambos, sólo atónita mirada de quien ni siente ni padece, que únicamente deja pasar los minutos con la tristeza de no participar de la contienda, resignación como estandarte, y no me digas ¡que era eso lo que se buscaba!
Pretensión…, toda; resultado…, nulo; su sutil circulación no compensa, no satisface, sencillamente ¡fría es como te quedas!
Sin capacidad de reducir tus pulsaciones y hacerte vivir su experiencia.

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Tráiler de La vida en una canción’

Lourdes Lulu Lou

Lo importante sois vos y la película, yo mejor en segundo plano.

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