Crítica de ‘Desmontando a Harry’ (Woody Allen – Vol.II)

desmontando

«Las palabras más bonitas en nuestro idioma nos son “te quiero”, sino “es benigno».

Jacques Derrida (1930-2004), filósofo francés, considerado uno de los más influyentes pensadores contemporáneos, se ocupó de lo que popularmente se ha llamado “el pensamiento de la deconstrucción”. El título original de la película que comentamos es Deconstructing Harry, y esto no es casual, ya que Woody Allen se vale de este pensamiento, consistente en el análisis psicológico realizado mediante la división en pequeñas partes con el objetivo de conseguir un conocimiento más riguroso del conjunto, para realizar su película.

Así pues, observamos que en el desarrollo de la cinta se van intercalando dos planos muy distintos: la realidad y la ficción. De esta manera, Woody Allen nos presenta el análisis psicológico de  Harry Block, el protagonista, desmontando su vida con la utilización de esos dos planos que, incluso, llegan a fusionarse en algunos momentos de la trama, obteniendo así conversaciones entre personajes reales y ficticios que resultan muy atractivas para el espectador:

-¿Y tú cómo sabes tanto?

-Pues porque soy tú, un poco disimulado. Me diste un poco más de madurez y un nombre distinto.

aaaaaa

En Desmontando a Harry caben, y se complementan, la comedia más ácida, el humor más negro, la tragedia más profunda, la cruda realidad y la fantasía más cruel aún. Una película escrita y rodada con inteligencia por la que van desfilando estrellas de la talla de Billy Crystal,  Demi Moore o Robin Williams, y que se resuelve con un final repleto de poesía y que le otorga al protagonista una idea que resulta ser la que provoca la vuelta de la originalidad a su cabeza y a sus manos: «Un personaje demasiado neurótico que solo funciona en el arte.» Son muy claras, además, las referencias al mundo de la literatura clásica, teñida de gestos de las más pura comedia. Observamos un guiño evidente a La Divina Comedia de Dante Alighieri cuando, en uno de los relatos que conforman la parte de ficción de la película, el protagonista desciende al infierno en un ascensor en busca de su ex mujer, que se fue con uno de sus mejores amigos.

bbbb

En definitiva, tenemos ante nosotros una de las películas más originales y psicológicas de la filmografía de Woody Allen. Una sátira que va apuntando y disparando con su rifle de ironía a aspectos tan diferentes como el judaísmo más ortodoxo, la muerte, la falta de originalidad, el mundo las drogas y el alcohol, las relaciones extramatrimoniales, los sentimientos de inferioridad o el amor. Una dirección muy precisa e intencionada que introduce al espectador, con los nerviosos movimientos de cámara, en la cabeza del protagonista, provocándole ansiedad y muchas risas.

Salvador Díaz Gómez

Accitano de nacimiento, filólogo en paro de profesión. Amante de la literatura y del cine, escribiendo en MagaZinema con alegría.

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