Crítica de ‘Ride, al ritmo de las olas’ (2014, Helen Hunt)

Cartel de Ride

Título original: Ride

Año: 2014 (Estados Unidos)

Duración: 93 min.

Director: Helen Hunt

Reparto: Brenton Thwaites, Robert Knepper, Helen Hunt, Luke Wilson, Leonor Varela, Callum Keith Rennie, David Zayas, Richard Kind, Mike White, Renee Faia, Jessica Andres

Guion: Helen Hunt

Fotografía: Jas Shelton

Música: Julian Wass

Género: Comedia

Sinopsis: Una madre atraviesa los Estados Unidos para ir a ver a su hijo en California después de que éste decida dejar los estudios para dedicarse al surf.

Crítica de ‘Ride, al ritmo de las olas

por Lourdes Lulu Lou

[box type=”shadow” ]

¿Qué no harías por tu hijo? Todo. Empieza por dejarle vivir su vida

Madre no hay más que una, en ocasiones más que suficiente para llenar la cuota de lo que un hijo puede soportar de ella, ese desvivirse por su retoño, dar su vida por su bienestar, su dicha por la suya, ese agobio constante de quien no conoce límites de dónde empieza la intimidad de su criatura y ella debe retirarse.
Porque se quiere, necesita y urge su contacto, porque el trauma de la pérdida de un hermano recae sobre el superviviente que observa, aguanta y espera hasta que su impaciencia y desesperación toman puerta, por no tener identidad propia y personal espacio donde moverse, crecer y formarse.
Porque la presión de quien desea lo mejor para ti llega a ser enorme, porque el anhelo de dirigir la existencia de quien se ama es imparable, porque evitar los daños, aplanar el camino y guiar en la ruta correcta forma parte del materno instinto, ese furor, fuerza y resistencia por velar y cuidar de quien no se deja andar solo pues no se ve la invasión, no se percibe el daño, únicamente se sabe que está vivo, sano y conociendo sus habilidades que, por supuesto, con los consejos, guía y ayuda de la madre lograrán que se convierta en el mejor hombre; que ello le haga feliz es pregunta que ni se cuestiona.
Helen Hunt se pone a la dirección de un trabajo de su puño y letra, idea serena y madura llevada a la gran pantalla con gusto y acierto, sabe elegir las escenas y enfoques para informar de la peliaguda y tirante relación madre-hijo, de sus enfrentamientos, cavilaciones y competencia dialéctica de quien motiva y de quien se siente asfixiado, todo ello sin desganar ni aburrir, dos enfoques contrarios para quienes hablan sin parar, pero nunca logran comunicarse.
La idea es grata, atractiva y está formulada con inclinación de ofrecer sin exceder, evita el sentimentalismo profundo aunque éste siempre esté presente en forma de constancia, fuerza de voluntad y añoranza por estar sin molestar, rechaza la lágrima por la entereza de quien sobrevive -que no supera, pues no es lo mismo-, los malos tragos de la vida y crea la solidez de un caparazón que por dentro se resquebraja y disuelve en pedazos, sensatez de ojo tras la cámara de quien demuestra juicio reflexivo con la pluma y las letras.
Es ágil aunque no corre, ligera sin prisas para exponer esa persecución de a quien se le escapa su retoño para acabar encontrando ese sitio donde parar, respirar y ser, porque Jackie quiere ser mamá para su hijo, y no el ejemplo adulto de lo que hay que evitar a toda costa.
Con toques de humor plácido, de relajación divertida, de romance superfluo, de tensión ardua, de conflicto familiar que envuelve a testigos presenciales crea una historia comedida pero valerosa, de enteros personajes cuidados según su exigua aportación, para complementar ese químico dueto de quien es experta actriz y de quien sólo debe dejarse llevar por la conducción de ella.
Es cine de televisión de sobremesa, o sesión nocturna de máxima audiencia, carne de DVD para alquiler aunque ello no quita que se disfrute plenamente, aporta la sensibilidad de un trauma no reconocido ni expuesto, con esa pauta ascendente de quien deja sus fobias y termina por no necesitar nada pues, cuando se está en paz con uno mismo, se es capaz de dejar que el hijo dirija su propia crónica de tramos insospechados y final inesperado, ya que debe crearla mientras la vive, y la madre observarla al tiempo que saborea la suya.
Es simple en su esquema, de uniforme previsto patrón cosido a su recorrido, pero logra ser simpática, agradable, mantener su bonachón carisma y ese aire de comedia para todos los públicos que no asombra, pero tampoco decepciona.
La búsqueda del hijo desemboca en el encuentro de uno consigo mismo, de paso se sueltan amarras, se relaja y divierte; tú también si sabes aspirar el placer de lo sencillo de ese prototipo común de argumento que, siendo básico y de comodín en sus elementos y recorrido, te sabe a gustoso postre para una velada distendida pero gozada, que permite a la cognición descansar sin malgastar la noche.
No es novedosa, el relato es ejemplo dual de formas distintas de entender la vida, reflejadas entre la ciudad de Los Ángeles y Nueva York, trata de hacer feliz a la audiencia, de entretenerla con afable inocencia; el guión expone celeridad vocal para, poco a poco, silenciarse y que la imagen tome el mando, dejar pasado para exprimir el presente, dejar de contestar al teléfono para mirarse a la cara sin necesidad de texto; la sonrisa surge, la comprensión aparece, el cariño se lo ganan y la resolución no deja de ser el punto sobre la i que marca que todo está correcto en su sitio, que no hay lamento por haberla escogido y que ha sido nutritiva su compañía para amenizar el espaciado tiempo.
“¿Qué te dijo tu padre?” “Se feliz” “Es la cosa más estúpida que he oído”, de ahí el aprendizaje de no vivir para trabajar, sino para deleitar cada segundo del día lo máximo que se pueda.

[/box]

Tráiler de ‘Ride, al ritmo de las olas

 

Lourdes Lulu Lou

Lo importante sois vos y la película, yo mejor en segundo plano.

A %d blogueros les gusta esto:

Powered by themekiller.com watchanimeonline.co