‘Aguas tranquilas’ (Naomi Kawase, 2014)

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El estreno de cine japonés es inusual pero los avatares del destino han hecho que dos obras de misma nacionalidad pero diferente temática coincidan. Es el caso de ‘La casa del tejado rojo’ y de la cinta de la que se va a hablar ahora, ‘Aguas tranquilas’. Se trata del segundo largometraje de la cineasta japonesa Naomi Kawase en llegar a España tras ‘El bosque de luto’. Ganadora de la Cámara de Oro en Cannes en 1997 por ‘Suzaku’, esta coproducción entre Japón, Francia y España estuvo en la Selección Oficial del Festival de Cannes de 2014.

Los habitantes de la isla de Amami-Oshima viven en armonía con la naturaleza, están convencidos de que en cada árbol, cada piedra y cada planta vive un dios. Una tarde de verano, Kaito descubre el cuerpo de un hombre flotando en el mar. Su amiga Kyoko le ayudará a descifrar el misterio. Crecerán juntos, aprendiendo a ser adultos, descubriendo los ciclos de la vida, la muerte y el amor.

Acostumbrada a la coproducciones internacionales. Kawase filma un Japón diferente al que otros realizadores de su misma nacionalidad suelen hacer. La belleza en las obras de la directora reside en el crudo de la imagen, en la imperfección de lo grabado. Ya en ‘El bosque de luto’ se pudo apreciar este exuberante estilo de rodaje. Con ‘Aguas tranquilas’ da un paso más allá adentrándose en los ciclos de la vida a través de la mirada de la transición, la de la adolescencia.

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En la isla de Amami-Oshima, el animismo es una manera de seguir conectado a la naturaleza del espíritu. La muerte del inicio sirve como apertura para adentrarse una reflexión que tiene varios niveles de lectura. Sorprende esta producción por el realismo en el que está rodada, la belleza de las olas del mar, de la naturaleza del bosque, de las celebraciones religiosas, de la amenaza de la madre naturaleza ya sea en forma de tifón como de enfermedad.

Kawase firma una de sus obras más personales. Su madre biológica provenía de esta isla, sus padres se divorciaron cuando era muy pequeña y su tía (la mujer que la cuidó como si fuera su propia madre) murió durante el proceso de rodaje. Las emociones y sentimientos que sintió la realizadora los plasma sabiamente tanto en sus personajes como en la ambientación. Los adolescentes se enfrentan a la ausencia parental. Por un lado, el joven Kaito desaprueba el estilo de vida su madre divorciada pero también se siente a disgusto ante la imagen paterna; por el otro lado está Kyoko, que debe asumir que a su madre le queda poco tiempo de vida.

Esa aceptación de las fases de la vida se ve envuelta por el despertar de la adolescencia, el deseo de vivir y experimentar. Kawase sabe llevar a los dos protagonistas a estas sensaciones que están conectadas. También es verdad que la cineasta evita hacer un alegato a favor de la vida rural puesto que muestra que la espiritualidad y el vivir pueden estar en un agradable pueblo costero como en la ruidosa metrópolis. Se respira, se vive en cualquier sitio, lo importante es saber realizarlo.

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El ser coproducción le permite explorar a la directora otras formas de comunicación. Sus personajes sorprenden por su lenguaje no verbal; se abrazan, se dan muestras de cariño en público de manera espontánea. Contrasta con la imagen del Japón aséptico, asexuado y tradicional. También la poesía visual y la referencia de los ciclos de la vida a través del mar son gracias a la aportación francesa. En Japón, el océano está más cercano al significado de la muerte mientras que en Francia el mar está relacionado con la vida puesto que la palabra mar en francés se pronuncia igual que la palabra madre.

‘Aguas tranquilas’ es una profunda experiencia espiritual convertida en cine. Kawase le dota de sentimientos que penetran en el alma. Una lástima que para uno de sus productores, el español Lluís Miñarro, sepa a despedida porque lo que muestra la realizadora es que la muerte atrapa, por ello, hay que celebrar y cantar a la vida y exprimirla lo máximo posible. Una excelente reflexión y un bello lirismo que quedará grabado en la caricia del que se atreve a adentrarse en estas profundidades marinas.

Miguel Ángel Pizarro Da Costa

Periodista. Amante de la cultura y el arte en sus diversas áreas aunque el cine es una de mis grandes pasiones. El cine de animación es mi especialidad. Una buena película es como un buen vino, al principio gusta pero su calidad mejora con los años.

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