‘Comprar, tirar, comprar’ (Cosima Dannoritzer, 2010)

Cosima Dannoritzer pretende, mediante cincuenta y dos minutos de documental, una apertura de ojos hacia el vínculo vital que se ha creado hacia el dinero, y la necesidad del movimiento del mismo. Los ricos tienen mucho más dinero que antes, y los pobres tienen mucho menos; por lo que este movimiento ha de ser más descarado que antaño. Ya no solo se trata del movimiento de éste; si no que el consumo ha de ser más continuado y aún más salvaje, con el fin de que la economía perdure.

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Cosima Dannoritzer explica por qué las corporaciones más grandes del planeta, crean los productos con una durabilidad concreta, finita; con el fin de incentivar la recaída y el nuevo consumo; donde la parte tratante de dichos consumidores empiezan a formalizarse como yonkis de esto, incapaces de preservar su status sin la última actualización del último modelo de la última batidora del mercado –algo que me recuerda cierta frase de El club de la lucha. Esto crea una generación de seres abstraídos ante las compras, y dedicadas cien por cien a las multinacionales que nos ceban con sus productos fabricados por equis cantidad, y vendidas por equis elevado a la dieciseisava potencia, con el fin de que nosotros, tengamos lo mejor y lo último.

Ahora bien, lo mejor radica en la calidad a razón del gasto, lo que vulgarmente llamamos todos relación calidad-precio. Ahí, los consumidores hemos de abrir bien los ojos, y Cosima intenta esto, puesto que las calidades finales de los productos están potenciadas hacia su destrucción y una vida con fecha de caducidad; con el fin de la auto regeneración de consumo una, y otra, y otra vez, entrando así en el círculo destinado al movimiento de capital hacía un camino muy concreto: el bolsillo de los mismos.

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En 2011, Comprar, tirar, comprar se llevo el Premio Ondas al mejor documental, gracias a su intachable crítica social y a la procesión de realidades que muestra mediante sus imágenes. Pone en su sitio las razones que impiden crear a estas corporaciones los productos que verdaderamente tienen el potencial de crear, con el fin de mejorar la vida social; y acerca la realidad al ciudadano medio, que, al fin y al cabo, es el gran consumidor de estos activos. Pero no es el obcecamiento concreto hacia el hecho del consumismo, y la regeneración del mismo; también entran en valor las lanzas de el coste por fabricación, y el hecho de que la basura; el desecho que genera un producto de calidad inferior y que la mayoría de los consumidores tiran antes de que sean verdaderamente desechables, adquiere posibilidades en otros ámbitos de mercado menos exigentes con la calidad de estos.

El hecho de que una lavadora no dure veinte años; un coche no puede pasar por dos generaciones y que una reparación de móvil cueste más que uno nuevo, coloca en un alto punto de la pirámide consumidora al cliente medio; incapaz de mantenerse mediante productos denominados de lujo, y cuya estimación de vida útil supere la media que se haya establecida.
Así pues, Cosima Dannoritzer mueve conciencias en torno a la fragilidad de la línea que separa lo ético. Dos caminos que bifurcan, pero que mantienen el mismo fin: más consumismo es igual a más beneficios, que a su vez asienta el capitalismo.

 

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Una mirada crítica, donde se entiende la fragilidad de algunos activos, desmitificando el concepto de durabilidad y fiabilidad; así como la verdadera vida finita de los recursos más utilizados para la creación de los mismos.

Aquí el documental; una invitación para abrir los ojos; y alzar la mirada.

Jaime Garzía Iglesias

Diseño Gráfico, Editorial & Web. Redactor: Escribo peor de lo que leo, pero mejor de lo que creo, desde que descubrí que la poesía me poseía; y ya no hubo vuelta atrás. Descubrí el cine con la razón, y meriendo películas desde entonces. Vivo entre el café, la lluvia en la ventana; las guitarras del rock y las rimas del rap.

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