Barfly (Barbet Schroeder, 1987)

No sé si a vosotros os pasa lo mismo, pero siempre he pensado que las historias de perdedores poseen un encanto difícil de explicar. Más allá de la crudeza de su narración o de lo patético que parezcan sus personajes, el trasfondo que esconden, por lo general construido sobre una melancólica y poética de forma de ver las dificultades de aquellas almas torturadas, terminan por atrapar.

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De borrachos y deseperanza

Pensad en algunas de las películas de ese tipo que habéis visto sin importar el género del que se trate, desde las adaptaciones que Howard Hawks y Robert Montgomery hicieron de las oscuras aventuras de Philip Marlowe, hasta el doloroso retrato de la autodestrucción realizado por Mike Figgs en Leaving Las Vegas. Cada uno de los protagonistas obtiene la empatía del espectador porque sus penas, sus conflictos, las dificultades que enfrentan y esa sensación de hallarse en caída libre, son las mismas que viven a diario millones de personas comunes.

Por lo mismo, una historia como la que nos plantea Barbet Schroeder en Barfly (1987) va mucho más allá del simple envoltorio. La película, que se construyó sobre un guión original de Charles Bukowski, relata la vida diaria de Hank Chinasky, un borracho perdido que transita de bar en bar, sin pasta ni trabajo, aunque posee un extraordinario talento como escritor. Un día, en una de las tantas barras que frecuenta, conoce a Wanda, una alcohólica que ha perdido todo a causa de su adicción y que vive gracias al crédito de sus amantes. Ambos comienzan una relación en la que el consumo de alcohol constituye el vínculo principal, ellos lo saben y lo aceptan. La verdad ante todo.

En la contraparte, tenemos a Tully Sorenson (Alice kridge), una joven, bella y acomodada devota de la literatura, a quien el azar le dio la oportunidad de leer uno de los escritos que el protagonista acostumbra a enviar a diversas revistas por si alguna los publica. Movida por la admiración que despierta en ella el estilo y la honestidad literaria de Chinaski, decide contratar a un detective privado -interpretado por el siempre magnífico Jack Nance (Twin Peaks, Erasehead)-, para que investigue todo acerca del sórdido escritor. De a poco establece contacto con él, lo que da lugar a una serie de circunstancias en las que se enfrentan el impulso del cambio y la inercia.

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Protagonizada por Mickey Rourke y por Faye Dunaway en el papel de Wanda, es en definitiva un relato autobiográfico de Bukowski quien, como en la mayoría de sus libros, utiliza a su alter ego (Chinasky) para darnos a conocer episodios de la dura vida que tuvo que soportar antes de obtener el merecido reconocimiento por su prosa. En este sentido, Barfly es el relato de años de miseria, abandono, hambre y vicio; la película podría ser un drama si no contase con las dosis de humor y sarcasmo que caracterizaron al trabajo del escritor estadounidense.

A pesar de sus méritos, no os confundáis. No se trata de una de esas películas en las que el espectador se encuentra frente a evidentes situaciones de clímax o a tortuosas escenas de pasión alcohólica. Tal como dijo Bukowski, Barflay es la narración de la vida de un borracho en un ambiente de borrachos, con toda su melancólica monotonía y fealdad. La realidad de un perdedor que podría ser cualquiera de nosotros.

 

 

 

 

Pablo Rodríguez Pinto

Periodista, Copywriter, redactor, fanático de la música y el cine. Rockdríguez

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