Crítica de ‘Aprendiendo a conducir’ (2014, Isabel Coixet)

Cartel de Aprendiendo a conducir

Título original: Learning to Drive

Año: 2014 (Estados Unidos)

Duración: 105 min.

Director: Isabel Coixet

Reparto: Ben Kingsley, Patricia Clarkson, Grace Gummer, Sarita Choudhury, Jake Weber, Samantha Bee, Daniela Lavender, Matt Salinger, Michael Mantell

Guion: Sarah Kernochan

Fotografía: Manel Ruiz

Música: –

Género: Comedia. Drama.

Sinopsis: Wendy es una escritora de Manhattan que decide sacarse el carné de conducir mientras su matrimonio se disuelve. Para ello toma clases con Darwan, un refugiado político hindú de la casta sij que se gana la vida como taxista e instructor en una autoescuela.

Crítica de ‘Aprendiendo a conducir

por Lourdes Lulu Lou

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““Eres un buen hombre”, sin intentos de dejar de serlo”

No parece Coixet, en todos los sentidos de la expresión, para bien de quien no sea fanática de la directora, para mal de quien espera su marca de la casa.
En esta ocasión las cosas son sencillas, evidentes y en línea recta, nada de complicaciones en los personajes ni de marear la perdiz para que encuentren su respuesta y camino, la carretera para aprender a conducir en la vida de esta escritora en plena crisis es diestra, llana y sin sobresaltos o accidentes, bueno, uno leve que altere un poco a este Gandhi, profesor de autoescuela que Ben Kingsley refleja con la calma, paciencia, control y la observación que se le pide a su personaje, poco más aparte de consejos sabios de filosofía casera.
Porque la estrella que deslumbra es Patricia Clarkson en su amargura y desconcierto, rabia y desamparo, en esa simple metáfora de ponerse en marcha y seguir hacia delante decorada con un sin número de símiles por parte de una guionista, Sarah Kernochan, que tiene la excesiva prevención de escribir como conduce la protagonista, con cautela, mimo, despacio, con ese miedo de acelerar, de arriesgar y tropezar, con esa seguridad de trasladarse a nuevo lugar sin osadía ni adversidad, con placidez, tiempo y paciencia.
Porque, este encargo que recibe para hacer suyo lo expresado por otra persona, Isabel Coixet lo logra hasta cierto punto de no retorno pues, obviamente no es ella ni el cine que la caracteriza, es una blanda historia de amor puro, sano y necesario para que dos adultos en plena transición de sus vidas aprendan y disfruten de su mutua compañía que, como las lecciones de conducir, tiene fecha de caducidad ya que, una vez en posesión de la licencia ya no es necesario el profesor, amigo querido, que por siempre se recordará.
“Conducir es libertad, respeta la de los demás y aprecia la tuya”, base de andanza de una relación suave, de acompasada ternura y bienestar que se aprecia por la calidez de lo intérpretes, el intercambio pueril y simpático de diálogos y esa interacción mutua de enamorarse en silencio pero no expresarlo por inconveniente, porque aquí se rechaza todo lo que pueda propiciar baches interesantes que eleven la temperatura más allá de los moderados 36,5 grados, calor medio y estándar de la población.
“¿Qué pasa?” “Nos movemos, esa es la finalidad” “No me gusta”, de modo que planicie conductual para una narración linda, grata, de fácil absorción y de destino adivinado, no permite ni un giro imprevisto, ni apretar gas y salirse del trazado, ni bandazos, ni adelantamientos ni nada no previsto; “el rojo no debería ser de stop-peligro, el peligro es moverse” y por ello este argumento no pone en riesgo nada, apuesta cero para una comedida cinta que busca contar una anécdota, en forma de breve historia, y gustar a quien le de su tiempo y espacio para escucharla.
No hay “vida secreta de las palabras” porque éstas no adquieren consistente consideración, es “su vida sin ella” porque al ser “elegida” para comandar este trabajo, nunca Isabel pareció tan “invisible” en “su otro yo”. “A los que aman” con respeto, con esas “cosas que nunca te dije” pues era innecesario, donde reina la bonanza, esperanza y delicadeza de la foto, no enturbiar este bonito, cordial y entrañable cuadro pintado a la luz del día de Nueva York -incluido Queens, pasado el puente, que también forma parte de ella-, de sus calles, gentes y contacto humano -pintado con fugaz escarceo que no estropee el resultado global de la obra- pues “nadie quiere la noche” no sea que inspire y de trama y carácter a lo que es amigable y acogedor.
Cautiva poco y con todo satisface, interesa a la baja pero, aún así, se sigue su recorrido con comodidad de satisfacción relajada, se priva de perforar con intensidad en sus creaciones, prefiere la ligereza de indagar con escasez, y con esa limitación la observas sin estímulo de gran demanda pues su oferta es exigua, apacible cuento de delicadas maneras.
Válida para ambientar la velada, contentar y pasar el rato con ese relax de acogida.
Si vas a divorciarte, si vas a casarte, si cambias de casa, si te falta coraje y atrevimiento para coger el coche y conducir por ti misma, ¡aprende a conducir!, literalmente es lo que se presenta aquí.

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Tráiler de ‘Aprendiendo a conducir

 

Lourdes Lulu Lou

Lo importante sois vos y la película, yo mejor en segundo plano.

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