’12 años de esclavitud’ ( Steve McQueen, 2013)

Dos décadas antes de la Guerra Civil estadounidense, Solomon Northup, un hombre libre que vivía en el estado de Nueva York, fue secuestrado y vendido como esclavo. En los años siguientes, en los que conoció la crueldad y también la amabilidad en momentos inesperados, Solomon luchó no sólo por conservar su vida, sino también su dignidad.

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Otra historia sobre esclavitud y desdichas humanas… No. Esta es la historia.

Esta es la historia que Steve Mcqueen (Shame, Hunger) se ha preocupado de ir desgranando poco a poco, sin ningún tipo de reparo, haciéndonos partícipes de una verdadera historia de esclavitud y atrocidad humana.

Con la baza de tener 3 Oscars a sus espaldas en la última gala celebrada, y probablemente hubiese podido rascar alguno más, de no haber sido por Gravity, 12 años de esclavitud nos cuenta la historia de un hombre libre, Solomon Northup, convertido a la esclavitud en contra de su voluntad. Una historia contada por su propio puño y letra, publicada en 1853, donde se recogen doce años devastadores (1841-1853) en los que le es robado incluso su dignidad como ser humano.

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A pesar de ser superada por Gravity, esta sobrecogedora historia ha logrado alzarse con el premio gordo y conseguir el Oscar a la ‘mejor película’, a parte de conseguir otros dos, ‘mejor guíon adaptado’ y ‘mejor actriz secundaria’.

Con un interesante y magnífico Chiwetel Ejiofor (Cinturón Rojo, American Ganster, Hijos de los hombres) como protagonista, acertadísima elección, por cierto, tanto por su actuación, como por el desencadenante que hubiese supuesto elegir a otro actor de raza negra con más tirón, es decir, convertir esta inquietante e interesante historia en otro Django desencadenado, lo cual, no hubiese conseguido crear este impacto social que ha tenido. Acompañando a Ejiofor tenemos a un increíble Benedict Cumberbatch (Serie Sherlock, Star Trek: En la oscuridad, War Horse) que suelta destellos de gran talento allá por donde pasa, Michael Fassbender (El consejero, Malditos Bastardos, 300) que hace una actuación impecable, de principio a fin, que hasta consigue dar con el odio que muestra en determinados momentos, y a Lupita Nyong’o que se estrena como actriz, y además lo hace por todo lo alto, ganando el Oscar a la ‘mejor actriz secundaria’ con un papel sobresaliente, sobrecogedor a la vez que adorable.

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Destacar también la brillante labor que realizan como secundarios Paul Dano (Prisioneros, Looper, Pozos de ambición) que está increíblemente bien realizando su actuación, Paul Giamatti (Los idus de marzo, El mundo según Barney, El ilusionista) genial y detestable como traficante de esclavos, o Brad Pitt (Moneyball, El curioso caso de Benjamin Button, 12 monos) que hace apariciones fugaces y determinantes para el desenlace de esta película.

Nos habla de un sistema que estaba en funcionamiento debido a que existía un mercado que ayudaba a seguir hacia delante a dicho sistema. Todos, siendo mejores o peores personas, viven de la esclavitud, y esto es un hecho que se muestra sin tapujos en 12 años de esclavitud.

Las secuencias de desgarradora violencia se muestran en tiempo real, sin omitir ningún detalle, haciendo que el espectador se estremezca viviendo todas estas situaciones que se van dando a lo largo de los 133 minutos que dura esta película.

Es imposible no sentir que se te quiebra el alma y que te llenas de rabia impotente, al presenciar el cruel e infame calvario por el que pasan seres tan inocentes y tan valiosos como Solomon, Patsey o Eliza, entre otras víctimas del racismo y el esclavismo que durante siglos han padecido los afrodescendientes.

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Con una enorme trama basada en hechos reales y un reparto muy selecto, no podía faltar a la cita nuestro querido Hans Zimmer, para poner la nota musical a esta película. Sus piezas alternadas con los cantos de los esclavos componen la excepcional banda sonora de una gran película.

DF-02128FD.psdEn resumen, estamos ante una intensa historia de esclavitud, en la que se muestra sin adornos la compra-venta de esclavos, la situación que se vivía en los campos de algodón y demás zonas de explotación de esclavos. Y sobre todo, se nos da una clara imagen de la voluntad de vivir del ser humano, que a pesar de vivir situaciones de extrema degradación y sufrimiento, la sola idea de vivir para ser libre y volver con su familia le hacía seguir adelante ante tan angustiosa vida.

Se pasa un rato duro viéndola, pero también se aprende.

Y para finalizar, dejo la gran frase de Salomon Northup, que le ayudó a seguir adelante:

“No quiero sobrevivir… ¡Quiero vivir!”

Nacho Vega

Diplomado en Educación Física del Deporte. Preparador deportivo. Analista de cine en @cinedosmil y @MagaZinema_.

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